Uruguay

Piriápolis y el inicio

Bajamos del Buquebus, y nos tomamos un micro que nos llevaría de Colonia a Piriápolis. Estaba incluido en la tarifa del boleto.

Otro capítulo es el viaje a bordo del Eladia Isabel… se pasó entre mates, charlas, y una mezcla hermosa y adolescente de nervios y felicidad! Ya habíamos empezado una lista…

Creo que en el micro dormimos un rato. Fueron un par de horas. El paisaje era puro campo; la ruta tranquila, el reloj del ómnibus marcaba ya una hora más que nuestros celulares.

Cuando bajamos del micro, estábamos en la Terminal de Ómnibus de Piriápolis. Como bien había averiguado G, Piriápolis se llama así en homenaje a Francisco Piria, su fundador. Las investigaciones previas de G, en un papel amarillo y viejo, eran todas de esta ciudad, y merecen mención aparte, ya que no hubo casi nada del resto de las ciudades, jaja. ¡Había anotado cosas que ni siquiera sabíamos que existían! Pero sí, con lo de don Piria no le pifió. Guardé esos papeles como souvenir de este viaje.

Ninguna se sintió extraña en ese momento, era un pueblo chico, tranquilo. Silencioso. No había mucha gente… se sintió familiar supongo, de Monte a esto no había mucha diferencia.

Terminal de micros de Piriápolis
             Terminal de micros de Piriápolis

Una vez con las mochilas al hombro, nos íbamos al camping… pero pusimos un pie en la calle para cruzar, y el auto frenó. Nos dejaba pasar. “Qué amables” pensamos las 3, pasarían unos días más hasta darnos cuenta que la gente es así de respetuosa en Uruguay.

Cruzando la calle, llegamos al camping. Enfrente, literal. Fuimos a la oficina de recepción, a registrarnos y pagar nuestra estadía, y luego de andar cargando los bártulos durante un buen rato, encontramos un lugar que nos gustó a las 3.

Fue difícil… “acá estamos lejos del baño”; “que acá hay muchas ramas, por la carpa se nos va a complicar”; “acá está lejos la entrada”; “ahí estamos pegadas a esa carpa”… chicas, la espalda, dejemos la mochila acá y busquen ustedes! 🙂

Pero encontramos. Lindo espacio, abierto y grande, bajo la sombra de un árbol.

Armamos la carpa por primera vez. Creo que nos emocionamos un poquito. Tardamos un rato, ¡bajaríamos la marca con el correr de los días! Esa noche cenamos fideos con queso y salsa, sobre la lona a rayas multiuso que compramos para este viaje. Habíamos ido equipadas, yo llevé una conservadora de tela (funcionaba como heladerita, pero todos los días había que comprar hielo). Esa noche decidimos cómo íbamos a dormir y obviamente G durmió en el medio, y C y yo una de cada lado… por ser más altas (?).

Primera cena
                           Primera cena 

Al día siguiente, conocimos la playa… había gente, pero era tranquilo. Nos sentíamos medio desubicadas, mucha familia, muy lindo todo, pero poca gente de nuestra edad. Después nos daríamos cuenta dónde tendría que haber arrancado nuestro viaje…

El mar era agradable, no había olas, y tampoco tanta gente metida. El sol pegaba fuerte. Ni una sombra. Ni un árbol. La pasamos lindo igual.

Fuimos al supermercado Devoto. ¡Cómo me gusta ir al supermercado! En la verdulería había muchas frutas. Me acuerdo de las galletitas también. El cerebro retiene lo que quiere…. Me acuerdo que faltaba Fernet (pero nosotras habíamos llevado).

Fueron pocos días en Piriápolis, pero alcanzó para desenchufarnos y empezar a disfrutar las vacaciones.

– Enero 2013 –

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