Uruguay

Llegada y desencuentro

Una vez desarmada la carpa y habiéndonos despedido del camping de Piriápolis (ya con las primeras anécdotas de este viaje), nos tomamos un colectivo que nos llevó a la ciudad más famosa de Maldonado: Punta del Este.

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Nos bajamos en la terminal, y era un mundo de gente. Mucho contraste! Ahí nos tuvimos que tomar un colectivo para que nos lleve hacia la zona de La Barra, donde estaba nuestro hostel. Ninguna tenía la más pálida idea de dónde estábamos… ¡ni de qué tan lejos quedaba!

Pero llegamos. Siempre llegamos, con la lengua afuera, y la espalda doblada a la mitad; con calor, con frío, con sueño, pero llegamos.

Esta vez, el colectivo nos dejó sobre la ruta, caminamos unas 4-5 cuadras por calle de tierra (bah, de arena), y subimos unas escaleras después para entrar al hostel.

Se llamaba El Viajero. Y como estábamos en plena temporada de verano en Punta, estaba lleno.

Toda la emoción de llegar a esta ciudad, fue borrada de un plumazo cuando nos dijeron que nos tocaba dormir en cuartos separados: “Tengo dos camas en esta habitación acá, y otra cama libre en el cuarto de afuera, en el edificio de enfrente. Perdón chicas, pero estamos llenos…“.

¿Para qué una hace reserva? Terminamos G. y yo en una habitación de 4, con otras dos desconocidas, y a C. le tocó en el cuarto de los pibes. ¡Tremendo! Obvio que ella se sacrificó por el grupo, y le estaré eternamente agradecida. Hubiera preferido dormir en una reposera en el patio antes que en esa habitación. Fue malísimo dormir separadas.

Sumado a este problema, por esas cosas de la vida, había un grupo de pibes que se habían ganado unas vacaciones pagas por Pepsi, y estaban ahí disfrutando 12 muchachitos haciendo de las suyas. Al principio nos pareció copado cuando nos contaron, después terminó siendo un fastidio. No podíamos dormir, ya que había joda hasta cualquier hora, los baños eran un asco, y andaban todas las minas alzadas…

Hoy mirando para atrás veo que PDE es el lugar donde peor la pasé. Tuve contradicciones con esta ciudad. Quizás fue porque no descansaba bien… o porque no estaba cómoda, porque estábamos separadas…

La vida del camping es dura, pero es tu mundo, la carpa es tu hogar, y tenés ahí todo lo que necesitas. Y estamos juntas. Nosotras. Compartiendo ese pequeño hogar portátil durante las vacaciones. Que se levanta, se pliega y se lleva al próximo destino. Supongo que no quería compartir mis vacaciones con ellas con nadie más. Y por más que la pasamos bien al final, sé que lo disfruté porque estaban ellas, y hoy es una anécdota más.

(*) Para ver todos los posts de aquel viaje con amigas por la costa uruguaya , entren acá: https://palomitaporelmundo.wordpress.com/tag/uruguay-2013/

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