Europa·Francia

La caótica llegada a París

Solamente la llegada a París merece un post aparte. Pasaron todas las cosas que uno no quiere que pasen, todas juntas.

Para mí, ir a Francia era el verdadero desafío del viaje. No por darles menos importancia a los otros países del recorrido, pero en cuanto a la comunicación, en España no íbamos a tener dificultad (sólo sufrimos un poco con el catalán en Barcelona), y en Italia nos hicimos entender sin mayor problema, en un italiano rústico, pero mayormente hablamos en español. ¿Será que todos somos tanos en el fondo? Pero en Francia, aaahh, ahí sí que iba a ser diferente la cosa!

Hay muchos rumores acerca de los franceses: que odian hablar en inglés, que son cerrados y poco amables. Que español nadie entiende. Con todo eso a cuestas, para mí pasar unos días en París realmente era un desafío. Y la oportunidad de ver cómo me iba a defender con lo poco que sé…

París, allá vamos!
París, allá vamos!

Pero este post está dedicado a las primeras horas en París. Nuestro vuelo (AF 1227) salió de Venecia a las 18 hs y llegó al Aeropuerto Charles de Gaulle alrededor de las 19.30 hs. Hermosa la primera impresión. Aeropuerto enorme, limpio, impecable. El piso brillante, parecía espejado. Además como es todo vidriado, pude ver una cantidad de aviones que era imposible de contar… Todo lindo. Todo bien indicado en el aeropuerto, muchos carteles en francés y en inglés.

Fuimos a buscar nuestro equipaje, que llegó en pocos minutos. Recuerdo que el vuelo en verdad decía que llegaba a las 20, pero 19.35 aterrizó, y a esa hora ya contábamos con nuestro equipaje en mano. Todo calculado estos frenchos! La pantalla avisaba que en tantos minutos el equipaje de nuestro vuelo iba a estar en la cinta tal, et voilà!

parís

Un poco antes de las 20 hs estábamos listas para salir a la civilización. Sophie, nuestra anfitriona de airbnb, me había explicado cómo llegar al departamento.

Tomarse el RER B hasta estación Luxemburgo”.

No era difícil, era tomarse un tren, bajarse ahí en Luxemburgo, caminar 4 cuadras.
Listo.

Para salir del aeropuerto, los carteles te guían para poder conectar con la estación de donde salen los trenes. Después de caminar unos cuantos minutos, trayendo el equipaje a la rastra, llegamos al andén. Y vemos que se va uno. Pucha, qué justo. Y el próximo? Ah, el cartel dice en 20 minutos. Pero, y cómo pagamos? Ah, claro, hay que comprar los boletos!

La abuela y su valija más bolso de mano, yo con mi mochila grande de 80 litros y mi mochila pequeña. Ya estaba haciéndose de noche, no había mucha gente, ciudad desconocida, donde no hablás el idioma… Very nice.

Dejo a la abuela con todas las cosas, y voy a preguntar a informes. El señor no habla inglés. Intento preguntarle en francés, pero no nos entendemos. Voy a otro lugar, cerrado. No andaba mucha gente por la estación. Que desesperación. La abuela mientras tanto me esperaba con todos los bártulos. En eso me aproximo a unas máquinas expendedoras de boletos, como cajeros que hemos visto en otros lados, en el subte… Oui! La solution! pensé. Pero no los pude comprar allí tampoco. Finalmente terminé yendo a un pequeño punto de venta, donde obtuve los preciados tickets (bastante caros además). Habré tardado 20 minutos, pero me pareció una eternidad.

Vuelvo al encuentro con la abuela. Nos subimos al tren. Casi vacío. Esperamos un rato y no arranca. En ese veo una chica rubia, concentrada escuchando música en su ipod. Ligeramente despeinada, venía con una valija grande, vestía jeans y una campera negra. Miraba por la ventana. Muy silenciosamente, me acerco y le pregunto: Do you speak English?. “YES”. Fue mágica para mí su respuesta en ese momento.

Le comenté que teníamos que ir a Luxemburgo, si estábamos yendo en el tren correcto, en la dirección correcta… me dijo que sí, que ella iba un par de estaciones después que la nuestra, así que estaba todo bien.

Por primera vez desde que habíamos bajado del avión, más o menos me relajé.

Como ya era de noche, no andaba mucha gente en la calle, ni mucha gente subía y bajaba en las estaciones. El tren viaja la mayor parte al principio por arriba de la calle, y más adentrándose en la ciudad, empieza a viajar subterráneo, como el métro. Es muy silencioso, y la verdad bastante limpio. Yo iba siguiendo los carteles que indicaban las estaciones del recorrido, veníamos bien, cada vez faltaban menos…

Habrá pasado media hora cuando el tren llega a la estación Gare du Nord.  Y se detiene. Se escucha algo por altoparlante. Uy, no entiendo qué dicen. La gente se empieza a parar y a bajarse del tren. ¿Qué está pasando?

Una parte del complejo mapa de trenes/subterráneos de París
Una parte del complejo mapa de trenes/subterráneos de París

Parece que ese día, en París, a 10 mil kilómetros de Buenos Aires, y contra todo pronóstico hubo PARO DE SUBTES.

Me acerco a la chica rubia. “What´s going on?“. Me explica que debemos bajarnos del tren, ya que anunciaron que Gare du Nord es la estación final de ese recorrido. ¿Qué? Y que tenemos que combinar con otro tren para seguir nuestro viaje. Le pregunto si podemos seguirla, ya que no somos de la ciudad, no hablamos el idioma y no tenemos idea, jaja. “Por supuesto, síganme” fue su respuesta. Qué divina.

Cuestión que bajamos en la estación Gare du Nord, y era un gentío. Luego me enteraría viendo el mapa, que allí se combinan ocho líneas de tren/subte. Ocho. Luego de subir y bajar escaleras y tomarnos un ascensor con las valijas, debíamos buscar el andén correspondiente al tren que hacía el mismo recorrido que el anterior. La rubia estaba confundida, evidentemente no estaba muy segura de hacia dónde ir, ya que iba de un lado a otro, miraba los carteles, pero no estaba encontrando el andén correspondiente.

(En París notaría luego que son un un mundo todas las estaciones, ya que la cantidad de escaleras, de salidas, de bocas de acceso… la cantidad de carteles, pantallas, es abrumadora. Lleva unos días realmente acostumbrarse a esto!)

Pasaron unos cuantos minutos, y cuando ya me empezaba a desesperar, finalmente terminado encontrando yo el andén correcto! “Es por acá!” empecé a gritar, y cuando llegamos… se estaba yendo el tren. Así que otra vez, tuvimos que esperar 20 minutos para luego sí, poder tomarnos el próximo.

Ya subidas al tren, y más relajada por saber que estábamos llegando a destino, me puse a hablar con esta chica, y a agradecerle enormemente su gentileza y amabilidad. Le expliqué que veníamos de Venecia, pero que éramos de Argentina, que éramos abuela y nieta, que la abuela no hablaba el idioma, que yo apenas me defendía en francés. Ella escuchaba atenta…

Después de dialogar unos minutos, me dice:

Rubia: “Me pasa mucho por mi trabajo, que viajo a todos lados. Y suelo ser yo la que está perdida y necesita ayuda para orientarse o encontrar una dirección, así que obviamente cuando me pediste ayuda, les iba a dar una mano“.

Yo: “Ah, sí, viajás mucho por tu trabajo? A qué te dedicas?

Rubia: “Soy modelo, publicitaria principalmente, pero también desfilo.

En ese momento la miré. Venía tan estresada que no la había mirado atentamente. Su valija tenía etiqueta de Malaysia Airlines / Business. Su campera era de cuero, su cartera Chanel.  Estaba despeinada, sí, pero tenía el pelo perfecto. Tenía la piel de su cara impecable, las manos perfectas. Una diosa!

En ese momento, me reí fuerte, me puse colorada, y hasta me dio un poco de vergüenza. Yo estaba hecha un espanto, venía con las zapatillas todas sucias, jean viejo, despeinada (pero con menos onda que ella), transpirada. Qué horror! La abuela al lado mío no entendía nada, claro, la última media hora habíamos venido hablando en inglés. Le explico que esta chica que nos ayudó era modelo, se ríe, y me dice “es un ángel, decile que es nuestro ángel que nos ayudó“.

Algo de razón tenía la abuela.

Bajamos en Luxemburgo, llovía en París. Salimos a la calle, y alrededor de las 22.30 hs le tocamos el timbre a Sophie. Pobre, ya tenía el pijama puesto.

(*) Si quieren ver todas las entradas del viaje por Europa con mi abuela, están acá: https://palomitaporelmundo.wordpress.com/tag/europa-2014/

Torre Eiffel
Torre Eiffel
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2 comentarios sobre “La caótica llegada a París

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