Buenos Aires·Viajes

La costa argentina de mi infancia

Para mí, ir a la playa siempre fue sinónimo de ir a Mar de Ajó. Durante años fue la ciudad elegida por mis viejos para nuestras vacaciones, adonde primero se fueron en carpa. Hoy prácticamente es una opción para muy pocos, pero en 1987, cuando yo nací, mis viejos se ponían al hombro vacaciones en la playa y en carpa. Como muchos otros seguramente, pero no mucha gente que conozco veraneaba con tanto nivel de organización…

Muelle de Mar de Ajó
Muelle de Mar de Ajó

La rutina era siempre la misma: la noche anterior a salir, papá cargaba el baúl del auto y ordenaba todo para aprovechar el espacio al máximo, y se salía a la madrugada siguiente, con el sol asomándose en el horizonte. Y en los primeros veranos que viví en la costa, nuestro hogar era la vieja carpa marca Camping, que era enorme y color naranja: me acuerdo que tenía como dos “habitaciones” (en una dormíamos los 3 hermanos, y en la otra mis viejos), y un pasillo que las conectaba adelante, donde se guardaba la conservadora, los juguetes, la mesita plegable y todo lo demás: cochecito, pelela, pañales, ollas… yo no puedo creer a veces como salían a la ruta con tantas cosas en el auto. Mi recuerdo de chica era que la carpa era gigante. A veces siento que tendría que armarla un día en el patio de casa y ver qué tan grande realmente es, jaja…

Lo cierto es que tengo fotos de bebé gateando sobre la arena (año 1988) y al año siguiente, hay fotos donde es mi hermana la que está gateando en la arena, y así sucesivamente 🙂

De camping en 1990
De camping en 1990

A ellos les resultaba un ambiente muy familiar: el camping de Mar de Ajó estaba cerca del centro, y a dos cuadras de la playa, y no les resultaba en absoluto una odisea como uno podría pensar… realmente lo disfrutaban. Mar de Ajó siempre fue una pequeña ciudad balnearia, que en su momento era tranquila, tenía una peatonal de pocas cuadras, unos cuantos restaurantes y sobre todo, muchas familias. Mis viejos se sentían locales allí, y les permitía descansar y disfrutar de la playa.

Ya de más grandes, cuando yo tenía diez años o por ahí, empezamos a ir para el lado de San Bernardo. La oferta de lugares para comer era mayor, había locales de jueguitos electrónicos, estaba el cine… era ideal para pasear un poco, y ver otras cosas y disfrutar una peatonal “un poco más larga”. Pero más allá de eso, casi nunca nos alejábamos de ahí. Y ya no nos íbamos en carpa: empezaron a alquilar pequeños departamentos, siempre a dos, tres cuadras de la playa.

Un par de veranos incluso logramos movilizar a una mayor parte de la familia, y alquilamos una casa con patio enorme. Ese verano llegamos a ser 12 personas. Y muchas veces también nos íbamos con mi tío, porque mi primo y mi hermano menor tienen casi la misma edad, así que alquilábamos juntos.

Papá, como buen “bicho de costumbre” que es, veraneaba en Mar de Ajó cuando era adolescente, cuando todavía no era una ciudad, y Mar de Ajó y San Bernardo en ese entonces estaban separadas por cuadras y cuadras de médanos… muy distinto a cómo es ahora. Y así fue que allí fue toda la familia cada verano que se podía.

Y es tan así que en veinte años fuimos una vez a Villa Gesell, el verano que falleció mi abuelo. Y yo fui un verano, unos días con amigas y mamá de amiga, a Mar del Plata. Ahora me acuerdo que un verano cuando tenía seis años fuimos a Córdoba, a Villa Carlos Paz y alrededores… qué raro.

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No volví a ir a Mar de Ajó de vacaciones. Sólo vuelvo unos días cuando mis viejos alquilan algo y están allá. Y ahí me quedo un par de días visitándolos, volviendo a caminar la peatonal, volviendo a comer en los mismos restaurantes de siempre… Viendo tristemente cómo crece la ciudad y cada vez es más ruidosa y menos familiar. También nosotros hemos crecido y ya no disfrutamos la playa como cuando éramos chicos.  Hoy en cierta forma lo recuerdo con nostalgia: ya no nos vamos todos juntos de vacaciones, cada uno de nosotros ha crecido y encara sus días de descanso con otros rumbos.

Aunque ya no vayan al camping, y alquilen un departamento, la verdad que volver a Mar de Ajó siempre se siente como estar en casa. Por más que reniegue un poco, la playa es sinónimo de mi infancia. Cómo volvería a tener cinco años para vivir unas últimas vacaciones así, con la ingenuidad y la alegría de una niña, disfrutando de un lugar que hoy ya no existe, y de una tranquilidad que se ha perdido…

– Junio 2015 –

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3 comentarios sobre “La costa argentina de mi infancia

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