Iguazú

Corriendo en Aeroparque (crónica del vuelo a Iguazú)

Viernes 12/06/15:

Mamá se retiró del colegio a las 11 de la mañana. Había avisado con tiempo que ese viernes se tenía que ir antes del mediodía. El bolso lo había armado la noche anterior, no sin antes haber hablado conmigo para ponernos de acuerdo qué íbamos a llevar (¿más abrigo?, yo llevo otras zapatillas por las dudas, ¿vos llevás Off?).

Papá saco el auto del garage, y previa pasada por la panadería a comprar unos sandwiches de miga (salía almuerzo en la ruta para ellos), emprendieron viaje para Capital. El enano, mi hermano menor, también vino con ellos, ya que iba a hacer de copiloto a la tarde…

Mientras tanto, yo estaba en la oficina, tratando de trabajar y queriendo dejar varias cosas resueltas antes de irme. Me vine con la valija y los esperaba ansiosa. Hacía tres meses del viaje a Ushuaia, y no podía creer que ahora nos íbamos con mamá a Cataratas…

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Habíamos hablado con papá ese fin de semana acerca de la mejor manera de llegar a mi trabajo, para evitar el tráfico y llegar con tiempo a Aeroparque. Cuando me llamaron que estaban cerca, me entero que habían bajado por Entre Ríos en vez de por la 9 de Julio. Suspiré, y por un momento temí… Pero ese viernes al mediodía milagrosamente no hubo tráfico en Capital, y llegaron lo más bien hasta la puerta de mi trabajo. Por segunda vez en lo que va del año, me iba de la oficina impunemente con mi valija a cuestas al mediodía, dejando a algunos sorprendidos.

Al final llegamos con tiempo al aeropuerto. Conseguimos lugar para estacionar en el estacionamiento Norte, el descubierto, y nos fuimos todos a hacer el check-in. Pero antes de eso, me acordé (horrorizada) que tenía solo $15 en la billetera. ¡Me había olvidado de sacar plata!

Por suerte hay un cajero en Aeroparque: está pasando la terminal B donde está LAN. Es un cajero del Banco Nación. De hecho, lo vimos porque entramos a Aeroparque desde el estacionamiento Norte y no por las entradas principales de la Costanera. Y gran sorpresa fue también ver que enfrente del cajero, ¡hay un bar con Precios Cuidados! Un cartel en la puerta nos avisaba los precios: café con leche + dos medialunas por $35. No había tanta gente, y es una pena. Está en un lugar tan alejado, y con tan poca promoción, que seguramente pocos sepan que está ahí… No llegué a ver si adentro había pantallas informando los vuelos. ¡Pero es una opción para tener en cuenta!

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Llegamos a los mostradores de Aerolíneas, y por suerte la fila para el check-in era corta. Como el pasaje de mamá lo había sacado con mis millas, no habíamos podido hacer el check-in por internet, y por lo tanto, no habíamos podido reservar los asientos.

Cuando nos atendieron, pesamos los bolsos… para dos días, estábamos pasadas de peso la verdad! Distribuimos mejor el peso, y terminamos despachando mi valija (pesaba un poco más de 6 kg) pero no así el bolso de mamá. El chico que nos atiende nos pide los documentos, y a los pocos segundos, nos da los boarding pass. Asientos 10 B y 10 C. Por hablar con mamá me distraje, o no sé que pasó, ¡pero no le pregunté si podíamos elegir los asientos!

Lo miro y le suplico casi: “¿No queda nada en ventanilla?” y a lo cual me responde que no, que el vuelo estaba muy lleno. Ufa. Iba a tener que ir en el medio -no la iba a dejar a mamá que fuera toda incómoda ahí- ya que obviamente le dejaba mi asiento en el pasillo (el cual también detesto pero menos, jaja).

Nos despedimos de papá y de mi hermano, y subimos al primer piso, a tomamos un café en Havanna y perder un poco de tiempo… todavía faltaba una hora y media para despegar. Mamá se pintó las uñas y yo me dormía arriba de la mesa. Vimos desde ahí arriba como salía el auto del estacionamiento y se iba por la costanera, y justito ellos también nos vieron y nos saludamos. Ya a la hora señalada en la tarjeta de embarque, nos dirigimos hacia seguridad… para seguir pasando el tiempo, pero ya adentro del free shop.

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Hacía tanto calor ahí adentro que empezamos a sacarnos las camperas y pañuelos. Además del abrigo, cargaba la mochila con la cámara de fotos, que no parece pero pesa. Y como no me iba a comprar nada, después de dar una vueltita directamente me senté y mamá me dejó sus cosas para ir a recorrer tranquila. Pasaron unos minutos, jugando con el celular, y hablando con amigas, que se me ocurre ver la hora… faltaban 15 minutos para que salga el avión… la voy a buscar a mamá mejor.

Caminábamos muy tranquilas hacia nuestra puerta (la 1), y mamá me dice que quiere ir al baño. Y mientras lo buscamos, recorriendo los carteles con la mirada, escuchamos por altoparlante, fuerte y claro…

Pasajeras… último llamado para embarcar!

Ah, noooo, ¡qué papelón! No escuchamos nada desde el free shop, y ya nos habían llamado por nuestro apellido!!! Nos acercamos corriendo casi los últimos metros!

Le entregamos los boarding pass a la chica y yo no tuve mejor idea que decir: “¿Llega a ir a al baño?“, señalándola a mamá. El baño estaba justo enfrente nuestro. La cara que me puso la chica no me la olvido más. “Bueno ma, vas en el avión” le dije, mientras nos íbamos riendo por el pasillo, descostilladas por la situación vergonzosa que acabábamos de pasar…

Y todo esto para subir recién al micro que nos estaba esperando abajo. Las miradas de los pasajeros también fue tremenda, una de “por-culpa-de-ustedes-que-llegan-tarde-estamos-acá“. Lo que no sabían todos ellos era que faltaban dos pasajeros más todavía, y que llegaron casi 5 minutos después que nosotras. Recién ahí, el micro arrancó y nos acercó al avión. Cuando subimos, sentí por tercera vez en 15 minutos la mirada penetrante de “por-culpa-de-ustedes-el-avión-no-despega“. Pero bueno, ahora sí que no me importaba, ya estábamos en el avión, y no nos perdíamos el vuelo.

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Voy adelante de mamá, buscando la fila 10. Llegamos… y un chico sentado en el pasillo, y los asientos ventana y medio vacíos. ¡Pero la pucha!

Hey, ese creo que es mi asiento” le digo al chico, que tendría 30 años. Me pide disculpas, y me explica que como vio que estaba vacío, la azafata lo había dejado cambiarse de lugar. Era español por cómo hablaba. El tenía el asiento en ventana, pero en la fila de adelante.

Y ahí recién me doy cuenta: nos habían dado medio y pasillo en fila de emergencia!!! Por eso estaba el chico ahí.

Después de unos minutos donde dudamos si cambiarnos o no (de repente sentí como mucha presión por ir en fila de emergencia)… donde hablábamos con este chico, que nos decía que no tenía problema en cambiarnos… iríamos en la mejor fila del avión… aunque sentadas en el medio y en el pasillo… y encima sin ventana (con lo que me gusta mirar)… ya fue, nos quedamos acá. Al fin y al cabo, eran los que nos habían tocado.

Vemos los cartelitos: “usted está sentado en fila de emergencia” y “usted debe ayudar a los pasajeros a evacuar en caso de un incidente” y no sé qué más. Se acerca la azafata, nos pide que leamos la cartilla especial. Le digo que nos disculpe por las vueltas que habíamos dado para elegir si quedarnos o no en esos asientos, que en verdad yo quería ver por la ventana, y que el muchacho se había ofrecido a cambiarme el asiento… pero yo no quería dejar a mamá sola en la fila de emergencia, y a la vez, me gustaba ir ahí también… en fin, hablando mucho como siempre. “Pero si podés ver por la ventana” me dice la azafata, y yo toda tonta, le digo que no, que no había podido bajarla. En eso la azafata se ríe, y tuc, la baja. ¡Me sentí la más inútil!

El vuelo AR1734 con destino Iguazú finalmente despegó. Y fuimos en la fila de emergencia. Y obvio que no pasó nada. Bueno, sí, algo pasó: me dormí una gran siesta.

– Junio 2015 –

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