Australia·Personal

… y con un pie en el otro lado del mundo

Este espacio surgió como un lugar donde yo pudiera hablar de algo que me gusta mucho: viajar. En principio, la idea fue que funcione como un registro virtual y personal de mis viajes.

No sólo quería hablar de viajes pasados y dejar por escrito mis recuerdos, anécdotas, sensaciones y algunas imágenes para recordarlos con claridad. También de viajes futuros, de viajes imaginarios, de viajes soñados. De lugares increíbles, de volar en avión, de pasear por mi ciudad. De todo lo que me hace bien y me gusta tanto.

Volando sobre Africa y el Mediterráneo
Volando sobre África y el Mediterráneo

Y así como hace unos meses me dieron unas ganas desesperadas de irme de la oficina y salir a cualquier lado, también en algún momento decidí irme el año que viene… también tuve muchas dudas que me asaltaban la cabeza y tuve mucho miedo de afrontar semejante decisión.

Pasó el tiempo, pasaron algunas cosas y volví a reafirmar las ganas de irme… la rutina ya se me estaba volviendo insoportable. Empecé a sentirme mal con mi vida, con mis cosas, cansada también de ciertas cosas en mi vida actual y sobre todo de mis miedos, mientras más cosas seguían indicando que tenía que moverme para encarar esa decisión.

Pero así como soy de organizada y de metódica con algunas cosas, también lo tengo de miedosa. Y dejé pasar el tiempo, se me fueron los días y yo seguía sin tomar ninguna decisión.

Atardecer en Buenos Aires
Atardecer en Buenos Aires

Los meses pasaron rápido (o a mí se me pasaron volando), y llegó Septiembre, y el jueves 24 a las 19 hs me senté en la computadora. ¿La cita? La página de la Embajada de Nueva Zelanda. A esa hora, en ese día, se abrían los 1000 cupos para la visa Working Holiday. No sé por qué me senté, creo que quise tirarme un lance a ver qué pasaba.

Nunca pude abrir la aplicación. El sitio estaba colapsado, con gente entrando de todas partes del país y del mundo. Facebook se llenaba de comentarios, de gente que contaba que estaba tratando de loguearse sin éxito -en la misma situación que yo-, y gente que gritaba con alegría que habían podido sacar su visa.

Esa noche estuve pegada cinco horas al monitor. Actualizando la página, cambiando de navegador, cerrar y abrir. F5, F5, F5. Nada. Me fui a dormir pensando que ya no tenía más excusas: al día siguiente sí o sí tenía que arrancar los trámites para la visa de Australia.

Y así fue.

Ese viernes 25 de Septiembre llegué a la oficina sin ganas, un poco tarde como siempre. Me aburría pensar lo que tenía que hacer durante el resto del día, pero sabía que tenía por delante mil cosas para hacer contra reloj, y eso me daba una energía especial… con un plus de adrenalina de no saber si se iban a acabar las visas en cualquier momento, me llené de una energía que hace rato no sentía. “Claro, cuando las papas queman, te ponés las pilas.” Y sí, toda la vida funcioné bajo presión. Era tan obvio que tenía que llegar al límite para empezar a activar.

En 15 días me iba de viaje a Perú, y yo sentía que tenía que tenía que hacer todo antes de irme. Y apurarme, porque sabía que había perdido mucho tiempo y que la Embajada no iba a estar esperándome con mi visa… de hecho, ya podrían haberse acabado, y yo ni enterada. Tal vez era hora de recuperar el tiempo perdido.

Mediodía de invierno en Buenos Aires
Mediodía de invierno en Buenos Aires

Finalmente, logré hacer todo lo que tenía que hacer… una aventura conseguir los documentos necesarios. Corrí con todo, para poder terminar a tiempo, pero no llegué. No pude tener todo antes de irme a Perú. Y como tenía una corazonada fuerte (presentía que se iban a acabar los cupos a mi regreso), le pedí a mi hermana que por favor fuera a llevar el sobre a la embajada en mi ausencia. Sólo me iba una semana, pero no quería esperar, no podía.

En esa semana que yo no estuve, mi hermana fue a buscar el papel que faltaba a la Cancillería, y luego de meter todo en el sobre como le indiqué, se fue a la Embajada y dejó el sobre en la urna. Miércoles. Yo estaba en Aguas Calientes, recién llegada al hotel, conecto el WiFi y me entra su mensaje: “LISTO PALS. Sobre en buzón. Incluido papel de cancillería, agregué todo lo que me dejaste“.

¡Quise llamarla para agradecerle y poder compartir la alegría que sentía! No lo podía creer. Ahora era sólo esperar, dependía de ellos. Y rezar, que haya lugares todavía. Al día siguiente fui a Machu Picchu con la alegría y ansiedad de quien espera una buena noticia. Pensaba cosas positivas, estaba en un lugar donde la buena energía tenía que fluir.

Las redes sociales aumentaron las dudas. Ese viernes, una chica publicó que fue a dejar su sobre y quedó en lista de espera. El lunes siguiente, se corrió el rumor que no había más visas. El martes, apareció el cartel en la puerta de la embajada. Y yo, carcomida por la ansiedad, seguía sin noticias. Había vuelto de mis breves vacaciones y ya me había reincorporado a la oficina.

Tuvo que pasar toda la semana cuando la ansiedad pudo más. Hice un breve llamado, y luego de explicar que no había tenido novedades y que me estaba preocupando, recibí un mail… y ahora sí, ¡¡ahí pude compartir la feliz noticia de contar con un Visa Grant Number!! Fui una de las últimas. Si esperaba a volver de Perú para llevar el sobre en persona, seguramente la historia sería otra.

.

A veces las cosas pasan porque tienen que ser. Por algo, el destino quiso que me tocara a mí irme a Australia, y no a Nueva Zelanda. Esta vez no tengo que ir a despedir a nadie a Ezeiza, en unos meses seré yo la que esté con su mochila al hombro, ilusionada de lo que vendrá, expectante por lo que me espera, ansiosa por las nuevas experiencias, y feliz. Feliz de la vida. De haberme animado, de haber dado el paso, de no haberme quedado con la duda, de haber decidido que tenía que hacerlo.

Estoy muy contenta de lo que viene, y no tengo palabras para expresar lo que siento. Soy una persona que quiere encontrarle sentido a muchas cosas, que quiere vivir algo diferente, que quiere viajar sobre todas las cosas. Quiero ponerle todo lo mejor de mí. Espero que sea así.

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