Australia·Viajes

Sydney: día 2

28/04/16

Hoy me desperté a las 6 am, maldito jetlag. Estuve en la cama un rato, pero no pude volverme a dormir.

Agarro el teléfono, que se cargó toda la noche, y empiezo a ver los mensajes de whatsapp que entraron. De repente me salta un cartel que dice que “se han excedido los datos de mi plan“. WHAT? ¿Me vendieron un super plan de 5 GB para que no esté incomunicada nunca, y en un día me quedé sin crédito? Voy a tener que ir de nuevo para el local de Telstra. Por las dudas, apago el celular.

Bajo a desayunar, me hago un té y pido prestado un poco de leche de un chico que desayuna mientras hace videollamada con alguien. Me como mi yogur (esta vez me tocó de frutilla… nota: es más rico el de vainilla) y también una porción del pan de banana que compré en el supermercado. Qué rico es, ¿por qué no lo venderán en el Coto en Buenos Aires? Me agrego queso y pancito, y estoy diez puntos.

desayuno[1]

Salgo al patio, está un poco fresco pero no hay nadie. La gente acá duerme hasta tarde. Aprovecho y charlo con papá por Facebook. Pudimos hablar un montón, le cuento de mis días acá, creo que nadie entiende muy bien cómo es la dinámica del hostel… de hecho, papá me vio conectada 8 am y me llamó, y yo todavía estaba acostada en la habitación, ¡donde sí dormía el resto de la gente! Superados unos problemitas de conexión pudimos charlar lo más bien, y me pudo ver y asegurarse que estoy bien y que no le miento, jaja. Mamá estaba en pilates, así que aprovecho y hablo con mi abuela y mi hermana, esperando que ella vuelva a casa.

Ya hablé con todos, aprovecho y reviso los mails, la cuenta del banco, mis gastos a la fecha y chusmeo algunas páginas de laburo y de búsqueda de departamentos… ya son casi las 12 del mediodía cuando salgo del hostel.

Me voy al banco de nuevo, tengo que informar mi número de teléfono. Aprovecho y me  descargo la aplicación ahí mismo para preguntar si algo no entiendo. Con tanta mala suerte que justo se descarga una actualización del sistema en mi celular… Estuve sentada en el banco casi 15 minutos. Algo muy loco: en el banco podés usar el celular sin ser considerado un terrorista y hay WiFi LIBRE. También hay revistas para leer mientras esperas que te atiendan y caramelos. Casi como un consultorio médico.

De ahí me voy al local de Telstra, donde me atiende otra vez la misma chica. Arreglamos el temit del alerta de consumos de mi teléfono (era una boludez ) y ya que estamos me hacen bajar la aplicación de Telstra. Como cargaron mal mi fecha de cumpleaños, no me podía registrar bien… cosas que pasan. Después de estar media hora ahí, me doy cuenta que tengo toda la tarde para mí: decido partir para Circular Quay, el lugar de donde salen los ferry.

Atravieso el distrito financiero, o CBD, y reconozco algunos lugares por donde pasé ayer con el Free Walking Tour. Es tan tranquilo todo, tan limpio. Me llaman la atención las mujeres que van super producidas a trabajar, impecables su ropa, maquillaje. Todos van pendientes de su celular y varios van teniendo conversaciones con los auriculares puestos. Caminar por este lugar no es como andar por el microcentro porteño. No hay ruido, no hay smog, no hay motos. Trabajar acá no debe ser tan estresante como estar en Florida y Córdoba…

Llego a la terminal de ferries, y me voy a Hungry Jack’s, el Burger King australiano. Me compro un combo por 6,25 AUD. Me siento a comer mi hamburguesa mirando la gente pasar. Hace un poco de calor, me siento en un banco al lado de un señor, en el único pedacito que está a la sombra. Le pregunto si puedo sentarme al lado suyo, me dice “no worries” (no hay problema, frase que repiten todo el tiempo los australianos). Y cuando se va me dice “have a nice day“. Cuanta gente amable que hay por acá.

Empiezo a caminar y me aproximo a ella, la joya de este lugar, seguramente el edificio más fotografiado de Sydney. Voy bordeando el agua y cada vez la tengo más cerca, y no lo puedo creer. Creo que mi cara lo dice todo: estoy increíblemente feliz. Allá tengo a lo lejos a la Sydney Opera House.

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Estoy en las escalinatas de la entrada y trato de sacarme una selfie, pero hay tanto viento que sale esto:

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Pegado a la Sydney Opera House, están los jardines botánicos (Royal Botanic Gardens)… empiezo a caminar, me siento a ver el agua, los carteles de las plantas, la gente está de picnic, las familias juegan con los niños, muchas parejas descansan y varios están leyendo tirados en el pasto… ¡Se puede pisar el pasto! Y es tan mullido, tan verde. Los colores al atardecer por acá son hermosos, me dan ganas de sacar mil fotos.

Hay un montón de sectores, plantas exóticas y nativas, flores de colores. Un estanque con patos y muchos pero muchos pájaros que nunca vi en mi vida. Este año, los jardines cumplen 200 años y hay un arreglo con flores en la entrada. Justo como Argentina.

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Mi vista desde Bennelong Lawn
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Edificios y naturaleza
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Harbour Bridge y la Opera House entre los árboles
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Los colores del atardecer

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