Australia·Viajes

Sydney: día 12

Domingo 08/05/16

A las 9 de la mañana suena la alarma… no me quiero levantar. Estoy cansada después de haber dormido 5 horas pero lo que me pasa es que no quiero dejar el hostel. Estoy muy bien acá, muy cómoda y la verdad que la pasé muy bien.

Pero me llegó la hora de volar de aquí.

A las 10 bajo mis sábanas y almohada al lavadero y dejo las llaves en recepción. Check-out. Me quedo desayunando un rato, charlo con los que van pasando y con mucha mucha fiaca, me cargo todo mi equipaje al hombro y me voy a tomar el colectivo.

En la parada hay un cartel donde se indican los horarios a los que pasará cada línea… el mío vendrá 11.14 y son 11.06.

Cuando llego al departamento, Alba está en pijama cocinando. Sólo están ella y la chica danesa en el departamento, el resto duerme o han salido. Mientras acomodo mis cosas en el living, porque todavía no puedo entrar a la pieza, me entero que tengo que comprarme sábanas, porque acá sólo hay colchones y almohadas.

Se levanta Camilo, el chico argentino. Me dice que vayamos a K-Mart, una tienda donde se venden sábanas, toallas, cosas de cocina, juguetes, ollas, de todo a muy buen precio. Vamos caminando y en el camino ya me cuenta los chismes de la casa:

+ que el holandés se va pasado mañana, que está de novio con una chica entonces duerme muy poco en el departamento;
+ que el canadiense es medio pelotudo y que tiene siempre mucha mala onda, escucha música todo el día con sus auriculares y no le da bola a nadie;
+ el iraní (el del cuchillo) que es un copado;
+ la chica danesa se llama Eva y es buena onda.

En el K-Mart me compro una toalla violeta a 4 dólares y unas sábanas en la sección de niños a 20 dólares. Compro de niños porque viene con estrellitas, las de adultos son todas sábanas lisas y no me gustan los colores que hay.

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Dejamos todo en el departamento, me hago un sandwich de jamón y queso rápido, y nos vamos a tomar el ferry para ir a Manly. Alba está allá con unos amigos y nos dice de ir a pasar la tarde con ellos.

Manly es la otra playa más famosa de Sydney, junto con Bondi. Para llegar, nos tomamos un ferry ahí al lado de la Opera House, que es el lugar de donde salen. Es un viaje de media hora más o menos y cuesta unos 6 dólares, pero los domingos es gratis. Viajar en transporte público los domingos es gratis. Y en la semana es gratis cuando ya gastaste 15 dólares en el día. 

Está nublado, no es un día de playa pero siempre es lindo salir a pasear.

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Manly Wharf

Se llega a Manly Wharf con el ferry y al salir de la estación, se atraviesa la calle peatonal de unas cinco cuadras y se llega a la playa.

La peatonal se llama Corso, y la verdad me parece que estoy caminando en Mar de Ajó. Y pensar que Camilo me dice que acá vienen todos los argentinos… que es un lugar que explota. Tal vez en verano esté mejor. No me parece feo, pero seguro el día no ayuda. Hay negocios de comida, supermercados, tiendas de ropa y souvenirs.

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Llegamos a la playa y la verdad que me quedo con las otras que vi estos días…

.

Nos vamos a encontrar con Alba y sus amigos.
Camilo tiene una despedida a la noche así que por ahí tomamos algo y nos volvemos. Yo estoy medio cansada y quisiera dormir un rato. Llegamos al café y está ella con cinco personas más, todos españoles que conoció acá. Y veo lo que están comiendo… y me tiento… afuera hace frío y el día está gris… y sé que no debo gastar plata… pero ya fue:

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Capuccino y waffle con salsa de chocolate (ya me comí un pedacito)

Después de esta merienda llenadora, finalmente no me voy para el departamento con Camilo, sino que me quedo con Alba y sus amigos. Ellos están en auto y después podrán acercarme a casa.

Nos vamos de nuevo a la playa y ahora que ya atardeció, me parece mucho más lindo todo. Los edificios se reflejan en el agua, hay muy pocas olas y está empezando a lloviznar. Vamos caminando por la pasarela que bordea el agua, vemos la ciudad desde lejos y sí que es linda. Se ve todo tan diferente a la noche. Los chicos son buena onda todos, pero Elvira me cuenta que ella trabaja de niñera ahí en Manly para una familia que la trata muy bien y que le dan comida y alojamiento, me dice que lo tenga en cuenta. Son todos muy amables conmigo. Vemos pasar por la playa a uno con el detector de metales y otros chicos están haciendo malabares con esos palos con fuego. Se empieza a hacer tarde y ya anocheció, así que pegamos la vuelta.

Llego al departamento y me quiero dar una ducha y meterme en la cama. Tengo sueño y un poco de frío. Estuve todo el día en pantalón corto. Y en eso me llama Camilo. Me cuenta que “la despedida en la que está se tiene que mudar de lugar… y que está viniendo al departamento con 10 personas, si no le puedo preguntar al resto si le jode”.

Me asomo al living y sólo está el canadiense, en malla tirado en el sillón. No le puedo preguntar eso, ni siquiera lo conozco. Entro al baño y escucho que Camilo llegó y le está diciendo que es “sólo una hora, que un rato y se van, que no joden a nadie“. Me meto en la ducha. Estoy tratando de relajarme cuando escucho que me llaman a los gritos. La puerta de la pieza está trabada y no pueden entrar. Pero yo sólo trabé la del baño. Salgo con la toalla en la cabeza y escucho LA FIESTA en el departamento.

Efectivamente Camilo lo convenció o no le importó su opinión, jaja.

La gente es buena onda, hay algunos argentinos y gente que ni idea quienes son y de dónde salieron, pero yo me quedo hablando con una francesa casi toda la noche. No tengo ganas de salir con ellos, pero tampoco me voy a quedar encerrada en la pieza. Compran pizza, me convidan de tomar algo. Yo me peino en la cama y la gente entra a la habitación para ir al baño, no me molestan ni se instalan. Son las 21.30 y están (estamos) haciendo mucho ruido, porque algún vecino se quejó y viene la policía.

No pasa nada, sólo nos piden que bajemos la voz. Igual al rato se termina todo y se van a bailar a algún lado.

Silencio. Me quedé sola en el departamento, qué paz. Algunos duermen en la otra habitación.

Me pongo a limpiar la cocina. Camilo lavó todo, sacó la basura y barrió antes de salir, pero yo veo la cocina y está tan sucia que es más fuerte que yo.
Cuando termino me doy cuenta que estoy cansada… Me quiero ir a dormir…

La puerta trabada.

No puedo entrar a la habitación.

¿Pero si nadie estuvo en la pieza? Yo no salí última. ¿Quién la trabó de adentro? ¿Adónde se fueron todos?

Trato de abrirla, no puedo, hago fuerza, busco un cuchillo, no hay una puta herramienta, nada. La llave de la puerta de entrada no sirve en esta cerradura. Tuve que llamar a Camilo y tuvo que tirar abajo la puerta porque no hubo forma de abrir. Así que primer día, primer cagada. Aunque yo no lo haya hecho, de repente ahora tenemos una puerta rota.

Al final, me acuesto en mi cama con mis sábanas nuevas con estrellitas… y obvio que no las lavé. Me da un ataque de tos que me dura dos horas. No sé si es el apresto que le ponen o polvillo o qué, pero no puedo parar de toser y tengo la nariz tapada. En algún momento me dormí.

Un buen primer día, creo, no?

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