Australia·Viajes

Sydney: día 17

Viernes 13/05/16

Hoy a la mañana me fui a un restaurante en The Rocks, el barrio que está cerca del Harbour Bridge, y donde anduve paseando hace unas semanas. Vi en Facebook en uno de los tantos grupos de argentinos en Sydney, que este restaurante estaba buscando mucha gente, porque tenían que abrir un local y había un gran evento, algo así. Así que me fui con mi carpeta y mis CV truchos.

Cuando llegué, había mucha gente afuera. Yo me mandé adentro del local. Había un par vestidos con el uniforme de chef que separaban a la gente que había ido a buscar laburo de asistente de cocina de los que buscaban ser mozos. Reconozco las voces y las caras de la mayoría: somos todos latinoamericanos. Colombianos, chilenos, argentinos. Somos una plaga realmente, estamos por todos lados.

Me encuentro con un amigo de Camilo, arquitecto que está también en Sydney como yo con la visa Working Holiday. Me dice “qué bien hiciste en mandarte, no están dejando entrar a nadie más” y cuando miro veo que quedaron afuera unas 20 o 30 personas. Más culo que cabeza.

Me entrevistan, le digo que trabajé de moza y que tengo la visa para trabajar. No le importa mucho mi experiencia, pero sí que tenga visa y que tenga el RSA. Que no lo tengo todavía, pero ya me decidí que lo voy a sacar cuanto antes.

*

¿Qué es el RSA?
Si querés trabajar en algún lugar donde venden o sirven alcohol, tenés que tener un permiso que se llama RSA: Responsible Service of Alcohol. Esto es necesario en todo Australia y el curso de unas seis horas cuesta 110 dólares. Un montón de plata. Pero me lo piden en todos lados, así que después de escuchar varias veces lo necesario que era, me decido a invertir ese dinero.

*

Le digo a la moza que voy a sacar el RSA mañana, y enseguida me dice que vaya el martes a la tarde a un trial en un bar a la vuelta del lugar donde estoy. Listo. Cinco minutos hablando y ya tengo una prueba en un bar la semana que viene.

Salgo de ahí y aprovecho a hacer videollamada con mamá y papá: estoy enfrente de la Opera House, el mejor lugar para llamarlos. Volviendo a casa paso por un café que se llama Barrafina, y leo que venden “chorizo, pinchos” y veo que tienen en la pared pintada esta frase: “una comida sin vino es un desayuno“. Genial, un restaurante español. Esta es la mía, entro y pido hablar con el manager. No está, pero me piden que deje mi CV. La chica que me atiende ve que soy argentina y creo que le interesa porque me pregunta cuándo podría empezar a trabajar. Le digo que cuanto antes. Me pregunta por el RSA también. Le digo que mañana lo saco. Salgo de ahí bastante entusiasmada y ya me pongo a averiguar dónde mierda hacer el curso.

Vuelvo al departamento, almuerzo y salgo enseguida otra vez: a las 14 hay una inducción para una empresa que reparte volantes. Un trabajo bastante común acá y que es muy flexible con los horarios. Y que no requiere mayor esfuerzo. Me tomo el tren y me voy para el curso.

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Escucho una hora cómo explican algunas reglas, el tema del pago y acerca del control del trabajo. Muy sencillo todo. Cuando quiera empezar tengo que mandar un mensaje y listo. Ellos te dan un mapa con la zona donde tenés que repartir los volantes, y por cada zona completa son 60 dólares. Nada mal para un día de trabajo. También te dan un GPS para ir registrando tus pasos (cosa que ninguno se haga el vivo y tire los folletos a la basura y cobre igual). Parece bastante fácil todo y lo mejor, es que no hay un compromiso de cierta cantidad de días ni nada. Cuando yo quiera, mando mensaje y a la mañana siguiente empiezo.

Esa noche cenamos las milanesas que hicimos unos días antes. Vino Maru, una amiga de Camilo, y estamos Alba y yo. Se nos ocurre que podríamos vestirnos mejor para salir una vez, siempre terminamos yendo en jean y zapatillas a todos lados. Así que nos pusimos lindas y salimos. Camilo dice que se pone una camisa por segunda vez desde que llegó a Australia, jaja. Nos sumamos con otros amigos suyos, todos argentinos.

Fuimos a un bar primero. Y siendo Sydney una ciudad enorme, caemos en el bar que fui con la gente del hostel la primer semana. ¡El mismo! Después terminamos yendo adonde realmente queríamos ir: Eau the vie, supuestamente el segundo mejor bar de Sydney. Los chicos tienen ganas de ir sólo a los lugares más famosos, y me parece bien, son lugares a los que no sé si iría por mi cuenta a conocer.

Al igual que The Baxter Inn (el bar al que fuimos hace un par de días), al entrar se percibe todo un misterio alrededor porque desde la calle no se sabe que ahí está el bar, ya que está adentro de un hotel. El lugar es muy pequeño, con pocas mesas y algunos sillones. Y otra vez la carta de tragos es tremenda, con unos nombres muy creativos. Queremos probar todos pero son caros. Así que uno para cada uno está bien. La música es genial, la iluminación, todo es tan lindo y distinto que estás ahí y no querés ir nunca más a otro lugar. Otra linda noche en Sydney.

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2 comentarios sobre “Sydney: día 17

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