Australia·Viajes

Sydney: día 21

Martes 16/05/16

El sábado hice el curso de RSA (el de manejo de alcohol) y ayer a la tarde me llegó por mail el certificado del curso aprobado. Pero ese papel es válido sólo por 3 meses. Una vez que tenés el certificado, hay que ir a una dependencia del gobierno y hacerse el carnet, que tenés que llevar con vos cuando estás trabajando. Ah, y el carnet es gratuito: menos mal, con lo caro que salió el curso…

Tengo tanta suerte que la oficina está a cinco cuadras del departamento. Me voy con la carpeta con todos mis papeles, allí mismo imprimo el certificado, sacan una copia de mi pasaporte e imprimo un extracto bancario. En cinco minutos me toman una foto y salgo. En 15 días me llegará el carnet a casa por correo.

Estoy un poco nerviosa… pero llegó el momento de arrancar a trabajar.

A las 11.45 estoy en el restaurante. Llego, me hacen dejar la mochila en un cuartito y me empiezan a explicar…

+ Por acá se dejan los platos sucios, acá los restos de comida y acá los cubiertos.
+ Cuando suena el timbre, dejás lo que estás haciendo y vas a buscar la comida a la cocina para servirla al cliente.
+ Acá se guardan los cubiertos limpios.
+ Así se usa la máquina para lavar los vasos.
+ Este mostrador tiene que estar siempre ordenado, es lo primero que ven los clientes al entrar al local.
+ Siempre ir a la mesa con el menú y agua para ofrecer.

No llego a estar ni dos horas ahí, pero a mí el tiempo no se me pasa más. Pero creo que hice las cosas bien porque ¡me dice que vuelva mañana a las 5 de la tarde! 🙂

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Llego a casa feliz y contenta. Como algo rápido y me tiro a dormir una siesta. A las 17.30 tengo la prueba en el otro lugar y quiero estar descansada.

Llego a la cervecería, me acerco al mostrador de recepción y me presento. La chica no tiene idea de quién soy ni de qué hago ahí.

Me lleva hacia la manager, que me mira sorprendida, claramente no me esperaban. Le muestro el papelito que me dieron el viernes, dice “Martes 17.30” y tiene el nombre y el celular de la chica que me entrevistó. La manager me mira como si hubiera visto a un extraterrestre. Me hace esperar en un costado. Agarra el teléfono, llama a alguien que no le atiende… Llama a otra persona y la escucho que empieza a preguntar “si estaba al tanto del trial de una tal Paloma hoy…“.

Yo me río nerviosa y le digo que puedo volver otro día, que no hay problema. Mientras tanto espío el lugar: es enorme. Hay una cocina inmensa, una barra larga. Muchas (demasiadas) mesas, tanto adentro como afuera. Ya son las 6 de la tarde y cada vez hay más movimiento de gente. Hasta que me percato de un pequeño detalle… las mozas. Están todas vestidas con la misma ropa. Y no de negro como estoy yo, están vestidas de alemanas.

El horror. Tienen puesta una camisita blanca con puntillas y un short marrón como de cuero. Bien ropa típica. Algunas tienen unas medias caladas a la rodilla. Todas con el pelo recogido. Parecen salidas de la película de Heidi. ¡Pienso que me muero de la vergüenza si me tengo que vestir así y que no quiero que me vea nadie conocido!

Después de que nadie le da bola a la manager por teléfono, me pide que la acompañe a un cuartito. Busca ropa para mí. Yo sonrío, sólo para no deschavarme de lo colorada que me puse. El problema es que no encuentra más blusas, parece que no quedan camisas ni pantaloncitos.

– Probate este vestido, me dice.

Ay nooo, por favor, no me hagas esto. Es un vestido escocés con flores y con una pollera roja. Me lo pruebo arriba de mi ropa y gracias a dios no me sube el cierre. Pero enseguida encuentra otro un talle más grande, que me queda mejor pero un poco grande de arriba. Así que la acompaño al depósito a buscar un top para ponerme abajo. Todo esto sucede mientras ella sigue hablando por teléfono eh, y yo voy atrás de ella como su sombra. El vestido que me dio es rojo, tiene flores bordadas en el escote y un delantal verde por encima de la pollera. Quiero reírme fuerte y que mi hermana esté ahí para reírse de mí.

Finalmente aparece la blusa blanca en el depósito (donde había un millón de cachivaches) y me voy al baño a vestirme. Y bueno, esto es lo que hay.

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Empìeza el show: a trabajar ahora. Me pide que mantenga limpias todas las mesas, me muestran cómo se colocan los platos, el mantel, los cubiertos. Me indica dónde se guarda cada cosa. Y también me enseña la numeración de las mesas. Un quilombo. Son tantos salones que cada uno tiene su numeración: adentro siguen un orden pero afuera otro, y afuera a la derecha son unos números y a la izquierda otros. Y ni hablar de que somos 10 mozas dando vueltas y nos vamos chocando unas con otras.

Me dice que nunca me quede quieta y que esté todo el tiempo moviéndome. Pero no hay mesas para limpiar. A todo esto, yo soy la única de vestido, todas las otras mozas están de blusa y short. Los hombres usan jean y camisa (malditos afortunados).

Como veo que se empiezan a acumular bebidas en la barra, empiezo a entregar pedidos yo también. Y que locura: hay un montón de cervezas, un montón de tragos y un montón de mesas. Y las bandejas llevan uno, dos, tres, cinco vasos. Veo bandejas con hasta ocho vasos de cerveza. Intento pero ni siquiera puedo levantarla. Me disculpo y sólo agarro las más livianas.

No tengo reloj pero ya voy más de dos horas ahí. Es martes y es un mundo de gente. Una bandeja atrás de otra, se sirve bebida a una velocidad tremenda. Y la gente sigue pidiendo cerveza tirada, vino, champagne, gaseosas. Me duelen los pies, se me salieron las curitas pero no tengo tiempo para parar. Cada vez que agarro una bandeja, miro el ticket y veo a qué mesa corresponde. Y repaso el mapa porque no me quiero confundir. Y la gente se cambia de lugar y no te dice. Y entrego bebidas en la mesa equivocada, con tanta mala suerte que justo la manager está tomando el pedido de la comida. Me disculpo y sigo hacia la otra mesa, cuando escucho que ella les aclara que este es mi primer día.

En un momento la cosa se calma. Son las 9 de la noche y pareciera que aflojó la presión. Viene la manager y me llama, a mí y a otro chico. Los dos tuvimos el trial hoy. Nos dice que estuvimos bien, y que mañana volvamos a firmar contrato con la cervecería. Nos pregunta que nos pareció, le digo que me había parecido muy intenso todo, mucha gente  y muchos pedidos. “Esto no es nada” me dice y creo que quiero salir corriendo.

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La cervecería

Cuando salgo y miro la hora, son casi las 22. Es tarde, pero no hace nada de frío. Me acerco al agua y veo cómo se refleja la Opera House en el agua. Los llamo a mis viejos y les cuento el día que tuve, incluyendo el tema del vestuario, jaja. Alba me espera en el departamento, habíamos dicho de ir a bailar pero no puedo más del dolor de pies. Igual ella también está cansada.

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Esa noche terminamos jugando al Tutti Frutti en el departamento con el chileno (Rafael), Camilo, Alba y un amigo de ella, Dani. Como era probable que iba a suceder, les gané a todos. ¡Es que son muchos años de experiencia jugando! La próxima mejor jugar a las cartas, así no me odian jaja. Esa noche me termino yendo a dormir como a las 2 am, con los pies muy lastimados por los zapatos nuevos.

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4 comentarios sobre “Sydney: día 21

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