Australia·Viajes

Sydney: día 27

Lunes 23/05/16

Después del paseo de ayer, las piernas definitivamente no me dan más. Trabajar en el restaurante me tiene con los pies a la miseria y los zapatos que compré no se la están bancando… ya hoy amanecí con los gemelos entumecidos, al punto que camino como un pato. Me duele cuando piso, me duele cuando camino. Me parece que hoy va a ser un día de planta, tirada en el sillón sin hacer nada.

El día está nublado cuando me despierto cerca de las 9, así que sigo durmiendo. Pero ya a las 11 no puedo estar más en la cama. Me levanto, no puedo con mi genio y algo tengo que hacer. Después de desayunar bien potente, me pongo a revisar cuentas: pago la tarjeta de crédito de Argentina, la cual no uso hace dos semanas, y veo cuánta plata me queda en el banco. Si todo sale bien y me confirman de la cervecería, ya voy a empezar a dejar de preocuparme…

En la cervecería supuestamente iba a empezar hoy… pero anoche me han escrito diciendo que arranco el viernes. Pero no me dicen a qué hora. Yo entiendo que tienen el festival ahora y que va a haber mucho trabajo, pero tengo que avisar en el restaurante porque se me superponen los trabajos, jaja. Paso de estar desempleada a tener dos trabajos, soy una genia yo.

El sol sale después del mediodía, Camilo se va a ver el nuevo capítulo de Game of Thrones a la casa de unos amigos en Bondi beach y me dice de ir con él… pero me da tanta fiaca moverme que le digo que no.

Alba tiene que entregar hoy a la noche un trabajo de marketing en la universidad, es acerca del mercado de los untables y del Vegemite, el producto estrella de Australia. La ayudamos entre todos un poco, pero como la veo un poco colapsada con algunas preguntas y encima se tiene que ir a trabajar, le ofrezco ayudarla con el trabajo. Ella feliz de la vida, y yo encuentro otra excusa para quedarme sentada en el sillón, jaja. Además, siendo sincera, soy medio ñoña, estos trabajos me gustan y no me cuesta nada darle una mano. A las dos horas se lo mando por mail para que lo pueda presentar y lo llamo a Camilo para decirle que ahora sí voy para la playa.

Me tomo el colectivo y en media hora estoy. ¡Es genial tener la playa tan cerca! Pero con tanta suerte que casi está anocheciendo cuando llego. Refrescó bastante y yo me fui en ojotas… Los chicos están tomando mate, yo traje yerba de repuesto. Así el frío casi no se siente y somos los únicos locos en la playa un lunes a las 6 de la tarde.

Nos vamos para el supermercado: se suspende el plan asado, pero Camilo va a hacer tortilla para todos. Terminamos la noche comiendo todos en el departamento de Maru, donde vive con otras cuatro personas: a todos estos chicos los conocí el día que vine a ver el departamento por primera vez, que después salí con ellos… Veo que tienen Playstation y me da la sensación de que algunos no se levantan del sillón en todo el día. Por otra parte, está todo muy limpio, veo que tienen una pizarra donde anotan las tareas de limpieza y los responsables día por día. Algo imposible de implementar en el departamento mío…

Creo que Camilo peló y cortó 4 kilos de papa. Yo me aburro así que empiezo a picar más finita la cebolla y lo ayudo a freír las papas. Todo un revuelo de aceite y comida que iba a ser para 5 personas en principio… pero luego se suman 3 más. Así que sacamos unas pechugas, las cortamos en tiritas, un poquito de aceite y sartén y listo, cena para todos.

Se ve que si hay algo que nos gusta a todos es comer.

Esa tarde me agregan en el grupo de Facebook de todos los empleados de la cervecería. ¡Espero enterarme por ahí las novedades!

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