Australia·Viajes

Sydney: día 32

Sábado 28/5/16:

Almuerzo de hoy: milanesas con papas al horno con cebolla caramelizada. Lo escribo y le saco foto porque no lo puedo creer, jaja. Hace tiempo que no comía tan rico. Ni en Buenos Aires comía así.
<Tengo que cocinar más seguido>

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Segundo día en la cervecería. Me hacen ir a las 16 hoy. Llego con mi uniforme en una bolsa: blusa, vestido y delantal. La campera la llevo puesta. Me cambio y estoy lista para un nuevo día. Sospecho que hoy va a ser un día de locos. La gente acá toma cervezas desde muuuy temprano, y es sábado. La gente sale los sábados.

Hoy empiezan a trabajar dos chilenas, las dos muy copadas. Viven en la playa, en Bondi y comparten departamento. Está bueno tener a alguien para poder hablar en español. Somos tantos dando vueltas, entre los que están hace tiempo y los nuevos, que me resulta difícil aprenderme los nombres de todos.

Uno de los manager nos llama a todos los nuevos a una reunión. ¿Es australiano? No le entiendo nada de lo que dice. Estoy a un metro de él y no puedo entenderle dos frases seguidas, jaja. Pero en general lo que dijo es que esperaba la colaboración de todos en las próximas semanas, que iba a haber mucho trabajo y necesitaba de nuestro mayor esfuerzo. Y al final de su discurso dijo que iba a haber pizza para todos al terminar la noche. ¡Iupiii!

La tarde arranca tranquila, al punto que dudamos de por qué contrataron tanta gente. Pero alrededor de las 19 se descontrola todo. Y por las próximas tres horas no paramos ni a mirar el reloj. Se sirve una cerveza atrás de otra, una, dos, tres bandejas. Y llevo un pedido a una mesa y vuelvo al bar con vasos sucios. Y repito mis pasos, una y otra vez durante esa tarde/noche.

En la parte central de la cervecería está la cocina y donde sería el restaurant digamos hay un pequeño escenario donde tres músicos vestidos de alemanes tocan típicas canciones alemanas, invitan a la gente a jugar, hacen cantar y aplaudir a todos, le cantan a los que cumplen años. Suena la canción de la película Esperando la Carroza y me empiezo a reír. Tocan el saxo, el acordeón, la guitarra. Son unos genios.
<Tengo que sacarles una foto>

Me dan ganas de estar sentada en el restaurant comiéndome un buen plato de salchichas alemanas con piel, de esas que le gustan a papá, con un vaso de cerveza tirada. Porque aunque yo esté trabajando en la parte de bebidas, oh por dios lo que son los platos de comida. La comida estrella son las milanesas, que acá se llaman schnitzels (bueno, acá y en otras partes del mundo también existen con ese nombre) y son enormes. Pero también hay carne al horno, hamburguesas, panchos, papas fritas, rabas. Y los postres. No puedo seguir hablando de comida, ya me se me cae la baba sobre el teclado, jaja.
<También debería sacarles una foto a los platos para que vean lo que son>

Una buena cosa que tiene este lugar es la música. Aparte del show de los alemanes siempre hay música de fondo y a un volumen bastante fuerte. Suena música actual, música vieja, Queen, The Beatles, Dire Straits, Rihanna, cualquier cosa… pasan tandas de canciones para bailar, la gente está como loca, se arma una improvisada pista de baile. Me gustan todas las canciones que escucho, me ponen de buen humor, hacen que trabajar no sea tan tedioso. Voy a las mesas a dejar vasos y botellas cantando en voz alta, sonriendo a todos los que pasan por al lado mío.

Pasa una manager y me pregunta si está todo bien.
Si supiera lo bien que estoy…

En algún momento la gente se empieza a ir, y algunos de nosotros los empiezan a mandar a sus casas… yo sigo sin saber a qué hora terminaré pero no me quejo. Algún manager vendrá a decirme cuando sea el momento.

Y el momento llega: a las 0.45 ficho mi salida de la cervecería. Estuve trabajando casi 9 horas de corrido, sin recreo, sin pausa, sin comer. Cuando salgo, hace un frío tremendo y como tengo un hambre terrible, me voy a comprar una hamburguesa a Hungry Jack’s. Estoy sola caminando y ya son casi la 1.30 de la mañana. El local cierra después que yo salgo con mi combo de hamburguesa con papas. Me siento en unas escaleras por ahí a comer, una imagen bastante triste, jaja. Pero disfruto mi comida como si fuese la última gota de agua del desierto.

Alba y los chicos salieron a bailar. Le escribo pero no me contesta. Antes me había pasado la dirección del lugar, pero hace frío, es tarde, no estoy vestida como para ir a bailar y me duelen los pies. Ojalá hubiera salido más temprano, tengo muchas ganas de bailar… pero a esta hora ya no puedo.

Son más de las 2 am cuando estoy llegando a casa. Parada obligada en el kiosco: me compro dos chocolates (uno relleno de mantequilla de maní y un Tootsie Roll, una golosina que nombran una vez en un capítulo de Friends, y cuando la vi en el estante la tuve que comprar, jaja). Cuando me voy a dormir, son casi las 3 de la mañana. Tengo frío, pero me da fiaca darme una ducha caliente ahora… y además mañana entro a trabajar a la una. Debería descansar.

Ah, y no hubo pizza al final. Bah, al menos yo no las vi. ¿Se las habrán comido a escondidas o brillaron por su ausencia?

 

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