Australia·Viajes

Sydney: días 34 y 35

Lunes 30/05/16:

Salió el sol y me niego a pasar el día encerrada en el departamento.

Ben, el chico canadiense que conocí en el hostel, volvió a Sydney así que quedamos en hacer algo. ¿Y qué se puede hacer cuando sale el sol después de tantos días nublados?

¡Ir a la playa!

Nos encontramos en la playa de Coogee, cada uno llegó por su lado y hacemos juntos el camino que bordea el mar (el famoso Coastal Walk que va de Coogee a Bronte, que yo ya hice hace unas semanas) y nos charlamos la vida.

Ben está viajando hace dos años aproximadamente, estuvo en Argentina, en Chile, en Perú, en Colombia. También vivió en Europa y paseó por el Sudeste asiático. Ahora está en Australia, pero piensa seguir recorriendo lo que le queda de Asia. Tiene 25 años pero parece más grande. Nos ponemos a hablar de lo difícil que será volver a casa después de haber estado tanto tiempo viviendo en otro lado… de su familia, de religión, de la vida de hostel y de los australianos.

Me traje mi uniforme encima. A las 3 de la tarde me despido y me voy para la cervecería, ya que a las 4 arranca mi turno hoy. Ya más canchera, me divierto bastante con las otras chicas y puedo repartir algunas bebidas sin tener que espiar el número de mesa en el mapa. Por suerte salgo a un horario normal hoy, a las 10. Puedo llegar a casa, cocinar algo, ver un capítulo de Game of Thrones. Y comer helado.

Como noticia laboral del día, el jefe de Alba me confirmó que este jueves tengo un trial… repartiendo volantes. Sí, otra vez volantes, pero esta vez hay que dárselos a la gente en la estación de tren, nada de caminar horas al rayo del sol y dejarlos en los buzones (nunca más haré eso). Esto es más sencillo, son turnos de dos horas, y es el trabajo que viene haciendo Alba hace un tiempo ya. Pagan bien, no es cansador y la verdad que me vendría bien para hacer algo por las mañanas. Así sea un par de veces por semana. Veremos qué pasa el jueves.

Yo, por las dudas, sigo diciendo que sí a todas las propuestas que aparecen, jaja.

Martes 31/05/16:

Hoy me quería levantar temprano, pero terminé despertándome cerca de las 11 al final. Pensar que en mis primeros días acá arrancaba a las 8 am, con todas las pilas. Ya estoy vaga y tengo los horarios trasnochados. Llego a la noche y no tengo sueño, estoy cansada físicamente pero la cabeza sigue despierta. Así que me veo uno, dos capítulos, escribo un poco, charlo por Whatsapp… y se me hacen como si nada las 3 de la mañana.

Después de un desayuno potente como viene siendo los últimos días (sin dudas, es la mejor comida de mi día) con Alba decidimos ir al supermercado. Yo ya llegué al nivel de heladera casi vacía (léase, tengo medio frasco de mermelada y un poco de queso). El día amaneció gris, pero bastó que pusiéramos un pie en la calle para que se largue el chaparrón.

La verdad que podríamos haber salido más tarde, pero que va, fuimos igual y nos empapamos tanto para ir como para volver. Hoy me gasté 47 dólares, es la compra de supermercado más cara que hice hasta ahora. Pero… si compré menos cosas que Alba…

Cuando empezamos a comparar las bolsas, me río demasiado. Mientras ella trae verduras, avena, especias, leche, queso, yo me traje 20 chocolates Tim Tam, muffins, helado y otras boludeces que no debería haber comprado como queso camembert empanado con mermelada y café con chocolate, jajaja, pero bueno, a la mierda. De verdad que tengo la mitad de cosas que ella. Y no tengo comida, tengo pavadas.

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Pack familiar de Tim Tam, café con chocolate y queso Camembert

A las 5 de la tarde sigue lloviendo pero un poco menos… me voy para el restaurante. No anda ni el loro hoy, está demasiado tranquilo, así que alrededor de las 9 me mandan a casa. La semana pasada cuando estuvo igual que hoy, se fue otra de las chicas así que me corresponde a mí hoy dejar el turno antes.

En parte mejor, porque zafo de limpiar todo, jeje.

Salgo de ahí con sobre en mano, es mi segundo pago semanal y voy al banco para depositar la plata. Una maravilla esto, los cajeros en la calle, sin vidrios, sin guardias. Así de simple.

Esa noche me intento hacer una tortilla por primera vez en mi vida y se me pega obviamente, termina siendo un revuelto de papa, huevo y cebolla. Está rico igual, pero no puedo ser tan inútil. Ya lo intentaré de nuevo (o le pediré a Alba que me cocine).

 

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