Australia·Viajes

Sydney: día 36

Miércoles 01/06/16:

Ya estamos en Junio.

Y hoy no me hago planteos acerca qué rápido pasó el tiempo, ni de hace cuánto que estoy acá.

Hoy es el cumple de mi hermano menor y me gustaría estar en casa para saludarlo, soplar las velitas con él y darle un abrazo grande y apretujarlo como cuando era chiquito.

Pero está grande ya, así que el abrazo sería muy cortito.
Y hace unos años ya que no estoy para su cumpleaños por estar viviendo en Buenos Aires.
Y la torta la comemos el fin de semana.
Así que a las doce, como todos los años, lo llamo.

Este año no fue la excepción… pero la llamada fue a la una de la tarde. Y no fue al fijo de casa, sino que fue una llamada de Whatsapp.

¡FELIZ CUMPLE ENANO!
(Aunque ya seas más alto que yo)

Hoy a la mañana tuvimos con Alba un training… para otro trabajo.
Sí, otro más, jaja.

Hace unas semanas mandamos el CV a un bar que está por abrir. Y nos avisaron que hoy vayamos a una capacitación. Aplicamos para trabajar en el bar, pero este lugar es enorme y también tiene un restaurante y un bar exclusivamente de vinos. Ya veremos dónde terminamos en todo esto. Por lo pronto, la capacitación arranca 8.30 am y nos enseñan a preparar todos los tragos de la carta. Los tragos son bastante sencillos, nada de mezclar y agitar en la coctelera. Pero son varios y llevan varias cosas.

Nos pasamos toda la mañana viendo al barman hacer los tragos, y luego probándolos, claro.

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Tragos de colores
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Volviendo a casa

Salimos de ahí al mediodía y creo que estamos medio en pedo, jaja.
No sé qué va a pasar con este trabajo, si nos van a contratar, si nos pedirán que nos vayamos, ni idea. Pero como todavía no abrió, es una buena oportunidad. Lo mejor de todo es que este lugar queda a 10 minutos del departamento. Vamos caminando,  un placer.

Almuerzo rápido, ducha y me voy a trabajar.

Tengo que estar a las 16 hoy… pero estoy llegando, estoy a dos cuadras y me avisan que vaya 16.30.
En vez de protestar, me voy a pasear al shopping que está cerca.

En este lugar están todas las marcas de lujo como Gucci, Prada o Miu Miu. Negocios donde nunca me podré comprar nada. Pero paso igual a ver todas las vidrieras. Y la verdad que si tuviera la plata creo que tampoco me compraría nada acá.

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Yendo a trabajar

Después voy a otro local de ropa un poco más accesible, y me pruebo un par de remeras pero ninguna me queda bien. A todo esto, las remeras están 10 dólares. Hay algunas en oferta a 5 dólares también. Hay sweaters, camperas, vestidos. Y cuando empiezo a sacar cuentas, me avivo que todo está bastante barato. ¡Mejor salir de acá antes que empiece a gastar plata!

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Esa tarde en el restaurante arranca bastante tranquila… cuando llego, están limpiando la barra y me pregunta la manager si quiero un muffin. La comida que sobra y no se vende, se reparte y nos la comemos. Así que el laburo ya empieza perfecto para mí, jaja. Creo que ella no sabe que siempre le voy a decir que sí cuando haya comida. Vivo con hambre desde que llegué a Australia, no sé si es la ansiedad, la felicidad o qué, pero me la paso comiendo.

Estoy atendiendo una mesa y de repente alguien me dice: “a vos te conozco” (en inglés, obviamente).

Me lleva unos minutos darme cuenta quien es. Era un chico que trabajó conmigo en lo de fundraising, lo de juntar donaciones, el trabajo que hice sólo por un día (clic). Me cuenta que él tampoco trabaja más ahí. Que renunció porque el chico que estaba como líder nuestro era un irrespetuoso y se cansó del maltrato. Estaba un poco loco, pero no pensé que tanto. Este chico me cuenta que se enteró que le gritaba a las personas, haciéndolas sentir muy mal, que había chicas que no renunciaban por temor a enfrentarse con él.

Menos mal que me echaron, ¿no?
Por algo pasan las cosas.

Esa noche vienen a comer al restaurante Alba y la chica holandesa, Marlous. Las atiendo yo, piden de todo, le hago a Alba una sangría bien potente y a Marlous le sirvo más vino del que debería. Me convidan un poco de lo que tienen en la mesa pero no puedo agarrar, hay cámaras en el restaurante y tengo miedo que me digan algo. Pero al final algunas cosas sí les saco a escondidas.

Al final, cuando todos se van, en la cocina hay un montón de sobras. Y termino con la panza llena. Y qué alegría cuando llego a casa, no tener que cocinarme nada.

 

 

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