Australia·Viajes

Sydney: día 38

Viernes 03/06/16:

Me levanto cerca de las 10. El departamento está extrañamente lleno de gente. A esta hora solemos ser pocos pero hoy estamos todos. No puedo sentarme a escribir, ni puedo ver un capítulo de Game of Thrones. Y la verdad que me hincha un poco tener que ponerme a socializar con 7 personas a esta hora.

Así que me inspiro y salgo al parque a correr.

Hace unos días había venido a este parque con Camilo, tiene varios paradas para hacer ejercicios de brazos y piernas, está toda la vuelta al parque asfaltada para poder correr… es un lugar muy lindo. Me pongo los auriculares, me aíslo del mundo, vengo cantando algunas canciones de reggaeton y me dan ganas de bailar. ¡Cómo extraño las clases de zumba! En algún momento casi freno para ponerme a hacer alguna coreografía, jaja, pero me controlo. Doy un par de vueltas, mitad caminando, mitad corriendo, y hasta hago algunos abdominales. Estoy inspirada, esto es raro en mí, aviso que es probable que mañana llueva, jaja.

Cuando vuelvo, Camilo está cocinando con las últimas cosas que tiene en la heladera: mañana se va a Melbourne y vendrá un chico alemán a reemplazarlo. Alba y él preparan el almuerzo y me guardan un plato, así que cuando salgo de la ducha me esperan unos fideos con una salsa buenísima y un poco de ensalada.

Después de comer, Alba se pone a limpiar. Está todo bastante sucio por acá, y lo malo que es que limpiamos siempre los mismos al final. Ella le dice al iraní que la ayude y como el otro no reacciona, el chileno lo manda a limpiar el baño. Entonces ya que estamos, él se pone a limpiar nuestro baño también. Yo barro y lavo los platos, los chicos me cocinaron, es el trato 🙂

Esa tarde hablo un rato con mi amigo Dami. Ya falta poco para su viaje a Japón. Me empieza a motivar que entro a ver pasajes y salen un poco más de 600 dólares. Un precio muy bajo. ¿Pero qué hago? ¿Voy, no voy? Tengo que dejar mis dos trabajos. Y no tengo tanta plata como me gustaría. Me encantaría poder ir sin tener que preocuparme por la plata, pero la verdad es que no tengo tantos ahorros… y cuando vuelva, los gastos siguen. Obviamente para ir a Japón necesito tocar la plata que tengo guardada. Trabajando acá en Sydney sólo he juntado como para pagarme el pasaje.

Igual me da un poco de risa la situación, no hace ni un mes que trabajo y ya he ahorrado 700 dólares. Es increíble la plata que se puede juntar trabajando… ¡y siendo moza! Pago mi alquiler, pago las compras al supermercado, el celular… y aún así estoy ahorrando. Vivir acá es caro pero a la vez se gana acorde a ese costo de vida.

Si tan sólo hubiera sabido cómo se iban a dar las cosas, lo fácil y rápido que todo se iba a acomodar, ya hubiera sacado el pasaje hace rato…

Estoy en la cervecería a las 5 de la tarde. Esa noche se larga a llover bastante, pero el local está lleno de gente. Una de las chicas chilenas hoy renuncia. Se cansó de estar con este vestido ridículo y de trabajar siempre por la noche. La verdad que la entiendo, a mí también se me hace difícil a veces…

Trabajamos dos, tres, cuatro, cinco horas. Y cada vez tengo más hambre. Son casi las 11 cuando creo que está por terminar mi turno, y le digo al manager que tengo hambre, y que quisiera comer algo cuando finalice. Me señala la barra de la cocina, pero no me explica nada y se va corriendo. Viven apurados los encargados acá. Pero hace un rato había visto a un montón de empleados comiendo en el fondo del restaurante: algunas mozas, los chicos de la barra, el de seguridad. Entonces voy y le pregunto a un mozo que anda por ahí, y él sí me explica bien: detrás de la cocina están todas las sobras. Puedo pasar, elegir lo que quiera comer, poner todo en un platito y luego ir a comer al fondo.

-¿En serio podemos hacer eso?
-Sí, claro, mientras comas atrás y no te vean los clientes, no hay problema.

Qué felicidad. ¿Cómo nunca nadie me dijo eso? Me armo la vianda con salchichas, un pedazo de milanesa, puré, salsas, un poco de todo y la dejo en un costado. Vuelvo a trabajar con una sonrisa enorme pintada en la cara, y luego de unos quince minutos, termina mi turno, me sirvo un vaso de pomelo y me voy a comer feliz al fondo!!!

Llego a casa con la panza llena y contenta. Es viernes y tengo ganas de salir. Pero nadie está listo. Alba duerme, algunos trabajan, el resto está en pijama. Pero tengo tantas ganas de ir a tomar una cerveza que convenzo a Marlous (la holandesa) y a Camilo y nos vamos a un bar acá cerca que se llama Hotel Harry, donde justo dejé mi CV hace un par se semanas. Me tomo una cerveza artesanal y bailamos al ritmo de música de los 70. Llegamos justo, a la 1.30 no se puede entrar a ningún lado, y son la 1.15. De hecho, en otro bar no nos dejaron entrar y por eso terminamos en este. Una buena forma de terminar la semana.

Volvemos al departamento después de la segunda cerveza… y obvio que no tengo sueño, así que me veo el final de la segunda temporada de Game of Thrones…. y un par de capítulos más también.

Esa noche me acuesto muy tarde, como a las 4 am. Más feliz todavía de lo que estaba porque tuve la oportunidad de hablar con mis hermanos un rato…. ¡y me enteré que mi sobrino se largó a caminar!

 

Anuncios

2 comentarios sobre “Sydney: día 38

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s