Australia·Viajes

Sydney: día 45

Viernes 10/06/16:

Me despierto con la voz de Alba. Varios están hablando, diciendo que “sí, tiene razón” y “está todo muy sucio, xxx no limpia nunca nada, tendríamos que decirle a xxx que se ponga las pilas“.

El ruido de los chicos limpiando el departamento me levanta de la cama. Cuando aparezco en el living, los chicos están desarmando el tender de ropa para sacarlo a la calle (está roto hace meses y no sirve ni de perchero), otro limpia la cocina, el extractor, la mesada, otro barre. Después pasan el trapo, repasan los baños. Me pongo a ayudarlos, limpio el lavadero, lavamos las fundas de los sillones y llevamos a donar ropa que está hace semanas dando vueltas por acá y que no es de nadie. También cambiamos las trampas de cucarachas y limpiamos el microondas (era un asco también).

No estuvimos todos, pero los que sí limpiamos tardamos tres horas en dejar el departamento limpio. Todo limpio. Esperemos que dure, ahora será más fácil mantener todo más o menos acomodado.

Cuando yo llegué, el primer día me puse a limpiar la heladera. Y no fue por maniática de la limpieza (tal vez un poquito sí), es que si no limpiaba, no tenía lugar para poner mis cosas. Y más o menos lo mismo pasaba con todo en el departamento. Las mesas siempre están llenas de cosas, hay tazas y vasos sucios por todos lados… y somos ocho, no es fácil convivir entre tantos.

Me contaron una anécdota que pasó en este mismo departamento hace unos meses. Una chica le dice a uno de los chicos que tenía que empezar a ser más ordenando, que dejaba todo sucio y que al resto le molestaba. Él le contestó que era mochilero y que como estaba de paso, no se iba a poner a limpiar.

Pasan este tipo de cosas. Todos estamos de paso en este lugar… en este departamento, en esta ciudad, en este país incluso. La mayoría de mis compañeros de piso se van a ir en las próximas semanas, o a recorrer la costa este, o se vuelven a sus países, o se van a Tailandia. Como me a va a tocar a mí también en un tiempo. Pero una cosa no quita la otra, nadie quiere vivir en un lugar que esté sucio.

..

En fin, como premio nos vamos todos a comer afuera. Nos unimos a Marlous, que acaba de salir de trabajar. Fuimos a un restaurante muy lindo acá cerca del departamento y comemos en una mesa en el patio. Yo me pido un vaso de Lemon Lime Bitter (un trago que se toma acá que lleva limonada, jugo de lima y angostura) y una tostada con huevos, espinaca y salmón. El día está soleado, hermoso para estar afuera y distraerse un poco.

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Lo único malo que podía pasarle a este día era tener que trabajar, je. No tengo ganas de ir. A las 7 de la tarde recién estoy citada hoy. Y no voy al restaurante ni a la cervecería. Este fin de semana me toca trabajar en el puestito de la calle…

Somos unas diez personas dando vueltas por la carpa. Dos personas atienden a los clientes y les cobran sus pedidos, dos personas arman los panchos, dos están a cargo de las papas fritas y el resto vamos y venimos acercando la comida a la gente que espera afuera del stand. Además también vendemos bebidas: sidra, chocolate caliente, sopa de zapallo y gaseosas.

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Y yo que al principio no quería saber nada con venir acá…

Primero, me dejan comer. Lo que quiera.
Después, que la gente espera afuera como máximo dos minutos. Repartir panchos y papas fritas no es como andar llevando vasos y copas en una bandeja por un restaurante quince veces más grande que este stand.
Y por último, a las 11 el stand cierra. ¡Así que de entrada sé cuando me voy a ir a mi casa!

Estuvo bastante bien este primer día acá, lo único que mañana me traigo más abrigo porque me he congelado. Al estar abierto y al lado del agua, entra mucho viento. Los compañeros que trabajan acá todos muy amables también así que genial.

Ellos estresados porque hubo mucha gente hoy y se hacía fila de espera para repartir cinco panchos… estos no saben lo que es tener gente esperando, en la cervecería la fila llega hasta la esquina y dobla. Hay personas que esperan media hora o cuarenta minutos para una mesa. Y yo los veo y lloro, porque significa que no sé cuando terminaré de trabajar.

Cuando salgo de acá, me voy a ver con las mozas del restaurante español. Hoy es el último día de Diana, la chica colombiana. Están tomando algo en un bar, pero cuando llego ya casi cierra. Por lo menos llego a verla un ratito y a saludarla. Seguiremos en contacto seguramente porque me cae muy bien pero bueno, es así… acá la gente está de paso.

 

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