Australia·Viajes

Sydney: día 46

Sábado 11/06/16:

Después de unas cervezas anoche, hoy me costó levantarme a la mañana. Pero a las 12 juega Argentina contra Panamá y la verdad es que tengo ganas de ver el partido.

Como Camilo está en Melbourne, le escribo a Ben, mi amigo canadiense del hostel. Me dijo que es fanático de los deportes y creo que le puede llegar a divertir el plan. Y sí, se copa. Nos encontramos en el mismo bar donde fui a ver el partido anterior.

Cuando llegamos, veo que no hay muchos argentinos… me intriga saber en qué parte de la ciudad la gente se está juntando. No es que hay miles de lugares para ir. Y encima acá hay bastantes chilenos, que se han quedado en el bar después de ver jugar a su selección.

El partido arranca bastante tranquilo… y como que no me entusiasma demasiado. De hecho, me pierdo los dos primeros goles por estar mirando otra cosa. Es que esta vez no están pasando el partido en todas las pantallas como la vez pasada, sino que en algunos televisores se está transmitiendo una final de la NBA. Mis oídos escuchan el partido por un lado y los festejos por los triples que meten los Cavaliers por el otro.

Compartimos la mesa con unos chilenos, dos chinos que están almorzando (y no entienden nada) y un australiano que tiene puesta la camiseta argentina.

Ben me pregunta por qué no juega Messi. No sé como explicarle lo histéricos que son los jugadores y los entrenadores argentinos. Después se ríe cuando le explico algunos apodos de los jugadores, como porque a Higuaín le decimos Pipita o a Agüero lo llamamos Kun. Me quedo sin explicaciones cuando me pregunta por qué a Lavezzi le decimos Pocho.

Pero finalmente Martino sí lo pone a Messi, e inspirado como pocas veces, mete 3 goles en media hora y el bar de repente es una fiesta. Todos miran el partido, todos festejamos sus goles, todos lo queremos a Messi, todos lo idolatran.

Después de compartir unas papas fritas y con el 5 a 0 como resultado final, nos vamos para el departamento. Yo aprovecho y hago videollamada con mis amigos, que se juntaron a ver el partido en Buenos Aires. Me hacen reír demasiado, los extraño. Ben mientras tanto charla con mis compañeros de piso. Me voy a bañar, pongo el lavarropas y ordeno mi ropa, y Ben sigue ahí sentado en el sillón. En cualquier momento se queda dormido, pobre.

Esa tarde tengo plan de chicas.

Quedé con Marlous que la iba a acompañar a comprarse ropa… así que a las 16.30 salimos de casa y por primera vez desde que llegué a Australia piso el local de Zara. Qué difícil entrar a un local de ropa y no tentarse. Marlous necesita un pantalón y zapatos para arrancar a trabajar el lunes, así que la ayudo a elegir qué podría quedarle bien… y obvio que me tiento y me termino comprando una remera.

Salimos de Zara felices y compartimos un café con una porción de torta de manzana calentita, y luego yo me voy a trabajar y ella se vuelve al departamento. Son las siete de la tarde cuando llego al puestito de panchos. Odio trabajar tan tarde. Me molesta venir a trabajar tan pocas horas.

Me ponen a servir las bebidas. Me cago de frío, menos mal que Marlous me prestó su bufanda. Mis pashminas son de todos colores y tengo que usar ropa negra para venir acá. No tengo bufanda negra y no me pienso comprar ropa para este trabajo.

Después de una tarde/noche un tanto movidita, a las 11 cerramos el local y 11.30 estoy libre después de limpiar y ordenar todo. Me maquillo y me acomodo un poco en el baño de la estación. Me encuentro con Ben por segunda vez en el día, trae en la mochila un vino y unas cervezas, y nos tomamos el tren para Newtown

Hoy es la despedida de los amigos de Alba y organizaron una fiesta en su casa. Sí, la misma casa a la que fui la semana pasada y era un embole. Bueno, esta vez la fiesta estuvo genial. Tremenda fiesta. Lamentablemente Alba se va al ratito que yo llego, porque mañana temprano tiene el vuelo a Fiji. Pero yo me quedo, la música es divertida, la gente es divertida, la estoy pasando bien.

Después de tomarme un par de cervezas, me tomo un vaso de vino. Bailamos reggaetón y charlo con gente de todos lados del mundo. Lo busco a Ben, y veo que está entretenido charlando con todo el mundo lo más bien…

Hasta que bueno… en algún momento me dan ganas de ir al baño…

Y me quedo dormida. Sentada. Trabo la puerta y me quedo profundamente dormida.

Dos horas pasan hasta que me despierto, abro la puerta, y pido acostarme en algún lado porque tengo sueño. Los amigos de Alba me dicen que golpearon la puerta varias veces.

Yo no escuché nada.

Cuando me despierto, me duele mucho la panza y el sol entra por la ventana. La casa está en silencio. Bajo la escalera, agarro mi campera y me voy. Cuando miro el teléfono, me entero que son las 7 de la mañana y tengo 20 llamadas perdidas, 15 mensajes de texto y dos llamadas de Whatsapp.

No puedo creer haberme quedado dormida en el baño, jajaja.

 …

Cuando llego al departamento son casi las 8 de la mañana y Camilo está en el sillón. Llegó de Melbourne hace un rato. Me mira, se ríe y me dice:

-Qué carucha, eh.

Y bueno, ¡cosas que pasan!

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