Australia·Viajes

Sydney: días 43 y 44

Miércoles 08/06/16:

Si no venía Alba a despertarme, seguía de largo.
Otro día que no escucho el despertador.

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Desayunando

Supuestamente hoy tenemos otra sesión de training en este bar nuevo que abre dentro de poco, The Dolphin. Yo nunca recibí el mail, Alba sí. Entonces le mandé varios mensajes al manager para preguntarle si tenía que ir… pero nunca me contestó.

Dudé bastante si aparecer o no por el lugar, pero al final decido que mejor ir y que ellos me digan si es un error que no esté en la lista de mails o si no quieren que siga yendo. Aunque no sé qué hice como para que me dejen de avisar de las capacitaciones, jaja.

La cosa es que caemos las dos, yo recién despierta, sin desayunar y sintiéndome medio mal. Me parece que entre que vengo durmiendo mal y los días fríos me estoy por enfermar. En la capacitación de hoy somos casi 20 personas y nos explican cosas como donde están los utensilios en la barra, cómo se usa la juguera y cómo hacer extracto de salvia, por ejemplo. O dónde está el hielo, cómo se ordenan las bebidas, etc. También nos explican un rato acerca de las distintas cervezas que venden, y hablan durante 20 minutos de la diferencia entre la cerveza lager y la pale ale.

Yo hace rato que no lo puedo escuchar.
Quiero llegar a casa y tirarme a dormir.

Nos enteramos también que, como en el lugar hay mesas de pool, los que trabajamos allí tenemos que tener una licencia que se llama RSG, y es para todos los bares que tienen “juego”. Ya sea una mesa de pool, el casino, un tragamonedas. Así como cuando hice el curso de RSA para poder manipular bebidas alcohólicas en el restaurante, me piden que saque el RSG para poder estar en este lugar.

Otro curso/curro que me llevará un día entero y andá a saber cuánto me sale.

A las dos de la tarde estamos de vuelta en el departamento, como un poco de arroz con verduritas que tengo en la heladera y me acuesto. Una hora es una hora. Cuando Marlous llega al departamento y terminó su jornada de trabajo, yo me tengo que ir para el restaurante. La cagada de trabajar en horarios nocturnos, ir a contramano de todos.

Lo bueno es que cuando llego al trabajo, se me pasa un poco el malestar. Una vez que empiezo a moverme, me siento mejor.

Me tomo un café y compartimos un muffin entre todas. La chica que hizo ayer el trial hoy arranca a trabajar y vaya día le toca. Tremenda la cantidad de gente que viene hoy. No paramos casi desde las 18 hasta las 21. Una reserva atrás de otra, no damos abasto armando y limpiando mesas, tomando pedidos.

La alegría de la noche es que cuando cierra el restaurante, la manager nos dice que hubo muy buenas propinas hoy, así que será más plata la semana que viene. Las propinas acá se reparten entre todas las mozas. No sé bien con qué criterio, pero todas las semanas yo recibo el dinero de mis horas trabajadas más un plus.

Llego a casa y me doy un mimo: me como el queso camembert con salsita de frambuesa que compré en el supermercado. Estaba genial. Ya por suerte me siento mejor. Me voy a dormir temprano, mañana me toca entrar a trabajar a las 11 am. La manager está casi sin voz desde ayer y nos pidió a mí y a otra chica que vayamos durante el día a reemplazarla.

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Jueves 09/06/16: 

Nunca estuve ni tanto tiempo ni tan temprano trabajando en el restaurante. Está el sobrino del dueño, Peter Junior, que es el que hace los cafés. Como a las 17 la máquina de café se apaga, casi nunca tengo chance de interactuar con él, porque cuando yo llego, él se va. Su tío es el dueño, que tiene un carácter podrido, mientras él me parece bastante más amable. Pero como los dos se llama igual, a él le toca Little Peter.

Acá en Sydney veo que la gente compra mucho café, son todos medio fanáticos. Me enseñan un código para escribir en la tapa del vaso el café que la gente pide: F es Flat White, C es Cappuccino, E es para el espresso… pero bueno, son varios tipos y tamaños, y me mareo un toque. La gente pide mucho con leche de soja, y en ese caso es la Y (por soy, soja en inglés). Ahí me la complicaron.

Después de trabajar bastante durante el almuerzo, me dan un break de 16 a 17. Aprovecho y me voy a sentar cerca del agua, mirando el puente, con un rico cappuccino y unas galletitas.
Mientras tanto, le mando mail a la manager de la cervecería, ya que me pagaron la mitad de las horas que me corresponden. Me dice que va a revisar todo y que después me confirma.

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En media hora, el paisaje cambió

Vuelvo al restaurant y me dice Peter que le sirva un vaso de Coca con hielo a un señor sentado en una mesa de afuera. Además me pide que le diga al señor que “ese es el vaso más grande que tenemos”. Agarro el vaso, salgo, le digo y el señor me contesta: “bueno, pediré otro en cinco minutos”, a lo cual yo me río, y le digo que no hay problema.

A los dos minutos salgo y veo todo el hielo tirado en el piso y el sorbete también. El tipo se tomó la Coca y tiró a la mierda lo que quedaba en el vaso. Me agacho, junto el sorbete del piso, y me llevo su vaso para adentro para reponerle su bebida.

Pasa media hora y veo que sigue afuera, pero charla con otras personas, está con el celular. Su vaso está ahí sobre la mesa, habrá tomado la mitad.

En un momento se levanta y se va… Lo veo doblar en la esquina. Y me preocupo, porque a mí no me pagó los dos vasos de Coca que se tomó y en el sistema no figura como pago tampoco.

Le cuento la situación a una de las chicas y cagándose de risa me dice:

“ES EL DUEÑO”

Jajajaja.

¡Era el famoso Peter!

La piba le estaba sirviendo Coca al dueño y ya le quería ir a cobrar. ¡Qué papelón! Y menos mal que no se me ocurrió seguirlo para cobrarle los 7 dólares que me debía. Yo creo que si le llegaba a decir algo, me echaba directo por estúpida, jaja.

(Lo vi una o dos veces a Peter, tampoco es que me lo presentaron, pero claramente no recuerdo las caras de todas las personas que conozco).

Por otro lado, ya soy experta en comer a escondidas. En el restaurant sólo podemos comer cuando el chef se fue y en un rincón de la cocina, no en cualquier parte, ya que hay cámaras. Con todas esas trabas, así y todo hoy rompí el record y me comí un sándwich de chorizo, un poco de waffle de banana que alguien dejó y medio churro. Además como todo estos días vienen sobrando muffins, me agarré uno para mí.

Esto de tener que comer en el baño no me divierte tanto.. ¡pero es la única manera de picotear algo en horario de trabajo!

Cuando llego a casa esa noche, son más de las 11… y la cocina es un asco. Como todas las últimas noches, los platos los lavan pero nadie pasa un trapo por la cocina. Las hornallas están sucias, la mesada también. Hay vasos y tazas en la mesa. Y no es que tenemos 20 vasos, tenemos 3.

Me pongo a limpiar… y después de pensarlo unos minutos, dejo la rejilla, me voy al cuadernito y arranco una hoja. Escribo un mensaje para mis compañeros de piso. Estoy cansada de limpiar siempre yo.

No sé si seré una rompebolas o si me odiarán, pero la verdad es que no veo que nadie se preocupe mucho por la limpieza del departamento…

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