Australia·Viajes

Sydney: día 51

Jueves 16/06/16: 

A las 6.30 am suena la alarma. Cómo me cuesta levantarme temprano, está el sol empezando a iluminar el departamento… un silencio en la casa, pero ya hubo gente que pasó por la cocina. Marlous arranca a las 6 am, el iraní también entra muy temprano a trabajar. Eso es lo bueno de que todos trabajamos, nunca estamos los ocho juntos acá en el departamento. Yo creo que nos mataríamos si estuviéramos todos todo el tiempo dando vueltas por acá.

Hoy no hace tanto frío por suerte, pero igual salgo caminando con mi campera. Me encuentro con el chico francés, Jordane, en la estación Wynyard. Hoy es mi primer día repartiendo flyers. Me hace poner el delantal y la remera de la marca, y nos sacamos una foto para mandarle al jefe. Es la constancia de que vinimos a trabajar. Y son las 7.30 am, la cara de dormida la tengo tatuada.

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Nos paramos uno de cada lado de la entrada a la estación. Y estiramos el brazo, sonreímos y repartimos los volantes. No todo el mundo los agarra, algunos revolean los ojos, otros nos esquivan, muchos tienen las manos ocupadas con el celular o con un café. Pero aún así logramos repartir los 600 en una hora y media. Lo cual es muy bueno, porque acá se paga por turno de dos oras, así tarde una hora o tres en repartirlos todos.

A las 9 nos despedimos y caminando de vuelta a casa paso por un McDonald’s y me tiento. Aprovecho y saco varias fotos para Mati. Hay varias opciones de desayuno, que acá le dicen brekkie (por “breakfast” pero reducido, los australianos achican las palabras). Me compro un café, un tostado de jamón y queso y un apple pie, que está calentito también. Creo que acá me gasté lo que acabo de ganar trabajando… ¡pero qué rico todo!

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Con la panza llena, aprovecho y me voy al edificio de la reina, el Queen Victoria Building (QVB) a sacar algunas fotos. Me encanta la cúpula de este edificio. Los negocios acá son todos muy paquetes, no creo que me pueda comprar algo acá nunca… salvo en la chocolatería que está en la esquina.

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Cúpula del QVB
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Chocolatería premium

Y para seguir paseando y gastando plata, me metí en una panadería y me compré unos pancitos rellenos con queso y uno con chocolate. Por mí me compraría todos…

Y de ahí me voy al supermercado Coles. A pesar de que me controlo, igual gasto bastante. Y saco varias fotos para mostrarles. ¿O son para mí en verdad? Ya estoy gastando más de lo que gané hoy, jaja.

La venta de alcohol es siempre por afuera del supermercado. Hay varios locales que se llaman Liquor Store, que están muy cerca, pegados o a pocos metros. Una vez adentro de este supermercado tengo panadería, verdulería, venta de pescado fresco, carnes, productos importados. Y muchas pavadas para comer al paso, por ejemplo, te venden una caja con rodajas de queso y galletitas, o los palitos de apio ya cortados con un dip para untar… Otra cosa fantástica es que cuando los panificados están cerca del vencimiento les rebajan el precio, y podés conseguirlos con mucho descuento. Lo mismo con productos envasados como ensaladas o sandwiches. Entonces muchas veces vamos a hacer las compras a las 10 u 11 de la noche.

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Cuando llego a casa, son recién las 10 y media de la mañana, y ya hice un montón de cosas. Así que me tiro a dormir una siesta, jaja. Me tengo que dar una ducha pero nos avisaron que el agua caliente estará cortada hasta las 14.

Me levanto de mi siesta fresca como una lechuga. Ducha y a trabajar. La tarde pasa bastante rápido por suerte y estamos bastante tranquilas hoy. La chica nueva ya se maneja bastante sola así que todas vamos a la par.

Hoy me toca trabajar del lado de la barra primero, así que me la paso sirviendo cerveza tirada y vasos de vino. Mucha gente viene después de la oficina a tomar algo, entre las seis y las siete de la tarde. Ya después empieza a venir la gente a cenar, y me voy para el salón a ayudar a mis compañeras.

Venía todo muy bien hasta que la manager me pide que vaya a ayudar al restaurant de al lado.

-Pero nunca fui, no tengo idea.
-No importa, te necesitan. Mucha suerte.

Y yo que estaba tan tranquila…

El restaurant de al lado es de comida mexicana y es del mismo dueño. Cuando nos quedamos sin vinos o gaseosas, solemos ir y les sacamos a ellos. También de su heladera reponemos el hielo que usamos. Pero nunca había tenido que trabajar ahí: esta noche hay dos grupos de 20 personas comiendo, están con ocupación 100% y las mozas no dan abasto, así que vinieron a buscar refuerzos… y me tocó a mí.

En dos segundos me explican la numeración de las mesas, imposible aprenderlas tan rápido. Suena la campana en la cocina, el dueño está con un delantal cocinando, y llama a una moza atrás de otra. Me enchufan una tabla con tacos para llevar a la mesa 20. “La primera, está ahí nomás” me dice una de las chicas. Están todas corriendo de acá para allá.

Después se dan cuenta que seré más útil si retiro los platos sucios y si voy armando las mesas a medida que la gente se va. Así que me pongo a hacer eso. Levanto platos y cubiertos, pongo a lavar las servilletas de tela, tiro una cantidad enorme de comida (¿por qué la gente pide tanto si después no se lo come?) y finalmente me pongo a armar los platos limpios con su servilleta y cuchillo y tenedor para poner en las mesas de nuevo.

Habré estado una hora pero parece que ayudé bastante. El dueño me agradece, y ya cuando todo se calma un poco, vuelvo a mi restaurant. Son las diez y hay que limpiar todo para cerrar e irse a casa.

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