Australia·Viajes

Sydney: día 55

Lunes 20/06/16:

Es el cumple de Maru hoy.
Se juntaron todos sus amigos a festejar con ella esa noche. Y yo acá; por primera vez en diez años me pierdo su cumpleaños.
Desde acá sólo puedo mandarle un beso grande y…  ¡decirle cuánto me gustaría darte un beso y un abrazo hoy!

El día amanece gris otra vez, pero al menos no llueve.

Me iba a levantar temprano, puse la alarma a las 8 am para poder hablar con toda mi familia, ya que están reunidos en la casa de mis abuelos por el día del padre. Y así poder charlar con todos.

Les había dicho que cerca de las 19 hora Argentina iba a estar conectada (a las 8 am acá en Sydney).

No pude. Evidentemente tengo un problema con levantarme temprano. (Ya sé, no es novedad, jajaja). No me pude levantar. Anoche me acosté temprano y todo, pero obvio que no me pude dormir rápido, después de haber estado todo el día en el departamento haciendo nada. Me levanté tarde y no trabajé, no estaba cansada, así que dormir tanto no tiene explicación, jaja.

Me terminé despertando de casualidad a las 9.30 am y cuando veo la hora en el teléfono, salté de la cama a prender la computadora. ¡Puse la camarita y qué alegría fue ver a toda mi familia reunida! Ya estaban preocupados que no había aparecido.

Pude hablar un poco con todos, estaban reunidos comiendo, se los veía a todos muy bien. Mi abuela le sacó una foto a la computadora, para tener una foto mía, y la sacó con flash ¡Lo que nos hemos reído! Casi me deja ciega, jaja. También pude hablar por primera vez con mi abuelo, que dicen por ahí, que se emocionó un poquito al poder hablar con su nieta mayor.

Entiendo que para todos es muy fuerte tenerme tan lejos, pero a la vez ¡es tan sencillo hoy poder comunicarse! Habrá sido media hora que estuvimos hablando, pero fue muy divertido, me hizo muy bien verlos a todos y reírme con ellos. Se los veía a todos bien.

Hoy parece que tampoco trabajo. Mandaron el cronograma para esta semana, y hoy estaba en blanco. Tres días seguidos sin trabajar es algo que hace mucho no me pasa. ¿Será castigo por hacerme la enferma el sábado?

Tengo que decidir hacer algo de mi vida hoy, ya que dejó de llover y tanto frío no hace. Podría hacer la caminata de 10 km en Manly, que va bordeando el agua, dicen que es muy linda y que tiene unas vistas increíbles.

Pero cuando estoy por salir llega un mensaje del dueño del departamento. Mensaje que nos llega a todos al mismo tiempo.

El sábado habrá una inspección y tenemos que dejar el piso entre las 11 y las 14. 

¿Inspección de qué?

El mensaje dice que habrá una inspección en el edificio este sábado: “Por favor limpiar todo el departamento el viernes para dejarlo en condiciones. Y por favor estar fuera del mismo entre las horas indicadas”. Nada más. No entendemos nada.

Empezamos a hablar entre todos. No sólo no queremos dejar el departamento durante ese tiempo, sino que no nos aclara si es una inspección de los bomberos, si vienen a ver el gas, el agua, nada. Si vendrá el verdadero dueño del departamento. O si nos saca para robarnos nuestras cosas.

La persona que nos alquila es un oriental (le decimos “el chino“) que se hace llamar de una manera en la página web donde está publicado el aviso de este departamento… pero en su cuenta bancaria aparece otro nombre. Y los chicos también lo conocen con otro tercer nombre. Ah, y encima todos los meses cambia su número de teléfono.

Un personaje muy raro.

Así que bueno, después de recibir su mensaje de texto, terminamos todos discutiendo. Que yo no quiero que venga, que no quiero dejar el departamento vacío, que tenemos que esconder todas nuestras cosas, que él no vive acá y no puede pedirnos que nos vayamos…

Se me hizo tarde para salir a hacer la caminata que quería. De repente son casi las dos de la tarde y yo sigo adentro del departamento. Así que salgo, sin rumbo, a caminar.

Y se me ocurre que hoy podría ser un buen día para cruzar caminando el puente, el Harbour Bridge, al que tantas fotos le he sacado. No hace tanto frío y por lo menos todavía tengo un par de horas de sol.

Caminando por lugares de esta ciudad por los que nunca anduve…

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Y llego sin querer al lugar donde está la subida al puente.

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Subo esos escalones y aparecen otros. Y hay como un pequeño balcón donde asomarse y empiezo a ver desde arriba algunos edificios. El cielo ayuda también a tener estas fotos tan lindas.

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Ya cuando llego arriba de todo, estoy caminando al lado de la calle. Los autos pasan por la autopista, el tren va por las vías, y nosotros los peatones vamos por un camino enrejado… tengo delante mío las enormes columnas y la gran estructura de hierro.

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Y empiezo a cruzar el puente… las vistas desde acá arriba son increíbles.
Cuando hice el Walking Tour en mi primera semana acá en Sydney (hace ya dos meses, guau), me dijeron que sólo fuera hasta la mitad del puente. Que el resto no valía la pena. No recuerdo quién me dijo eso, pero menos mal que no le hice caso.

Pensé que era mucho más largo el cruce, pero tardé un poco más de media hora. Y fue genial.

Lo único que tuve cuidado es de no mirar mucho para abajo… por suerte no sufro de vértigo, pero igual traté de mirar siempre para adelante, jaja.

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Ahora estoy del otro lado del Harbour Bridge, nunca anduve por acá. Esta zona es la que se conoce como North Sydney, y está comunicada por el puente con el centro de la ciudad, adonde se puede llegar tanto en tren como en colectivo.

Por acá está el barrio de Kirribili, un lugar lleno de casas hermosas y autos caros. Por acá vive el primer ministro. De hecho, según Google, le pasé muy cerca de su casa pero no la vi. Seguro estuve al lado y me colgué sacando fotos de alguna casa enfrente, jaja. Me la paso sacando fotos hoy, una casa más linda que la otra.

Cuando empieza a caer el sol, pego la vuelta hacia el departamento. Volviendo a la estación de tren por una calle que bordea el agua, puedo espiar la Opera House entre los edificios. Lo que debe ser vivir en alguno de estos departamentos…

Y por último paso por el parque de diversiones, que tantas veces lo vi desde el otro lado del puente: el famoso Luna Park. Tendría que venir algún día.

Por último, el cielo me regala este atardecer antes de volver a casa, donde un café calentito y un muffin me esperaban. Al final estoy contenta porque aproveché muy bien mi día libre y pude salir a pasear, a pesar del frío. Mañana hay que volver a trabajar.

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