Australia·Viajes

Sydney: día 56

Martes 21/06/16:

Después del lindo día de ayer, paseando por la ciudad, hoy en el departamento seguimos discutiendo entre todos el tema de la inspección.

No sabemos qué hacer.

Todos tenemos motivos para sospechar, pero hay una razón para tantas dudas: el problema es que ninguno de nosotros está acá con contrato de alquiler. De hecho, en este lugar no pueden vivir ocho personas. Pero el chino nos tiene a ocho durmiendo en dos habitaciones. Obviamente que yo acepté eso cuando vine a ver el departamento (vi varios lugares además que ofrecían las mismas condiciones) pero lo que no sabía es que era ilegal vivir así..

La cosa es que después de varias llamadas de teléfono y mensajes, el chino vino al departamento. Estamos casi todos acá esperándolo. Sentados en el sillón, lo escuchamos hablar. Alba lo invita a sentarse y él se niega, se queda parado.

Alba toma la posta y le dice que “somos como una familia ahora” y que no nos gusta lo que está pasando… que no entendemos por qué tenemos que irnos. Todos estamos de acuerdo: somos más fuertes si lo enfrentamos entre todos.

Y nos terminó confesando la verdad: el sábado hay una inspección municipal y tiene que sacar las camas cuchetas de las habitaciones, para que parezca que viven dos personas acá y no ocho. Es decir, sólo dejará una cama en cada pieza. El resto, afuera. Y luego al finalizar, volverá a poner las camas en su lugar.

Nos dijo además que el departamento tiene que estar limpio, pero eso no es problema, desde la última vez que hablamos el tema limpieza con los chicos, se mantiene muy bien todo. De hecho, el chino está sorprendido, no puede creer lo bien que está. Se ve que antes era un desastre.

Ya veremos como resolvemos esta situación. Pero ahora al menos se sinceró con nosotros.

Por lo pronto, el chino se pone a arreglar la puerta de la habitación. ¿Se acuerdan que en mi primera noche acá me quedé encerrada y tuvieron que romper la puerta para que pueda irme a dormir? Bueno, desde ese momento que está rota. Por suerte, el chino la ve y parece que es fácil de reparar. O al menos es fácil hacer que parezca que está arreglada, je. Estuvo a punto de cobrarme 500 dólares por cambiar la puerta, dinero que no pensaba pagarle ni loca.

Lo dejamos en el departamento con uno de los chicos, y con Alba y Ludovic, mi compañero de piso canadiense, nos vamos a almorzar afuera. No tenemos más ganas de estar ahí.

Le había dicho a Alba de ir a este lugar a comer algún día. Está soleado, tenemos tiempo y hambre. Hoy nos vamos entonces al Fish Market.

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Este lugar queda a media hora caminando y hay un montón de locales donde podemos comprar cualquier tipo de pescado y mariscos. Pero de todo. Incluso cosas que nunca había visto en mi vida. El olor que hay es imposible de reproducir.

También hay un patio de comidas donde podemos comer cosas como estas:

Tardamos tanto en decidir qué comer, que terminamos comprando un poco de todo para compartir entre los tres. Gran decisión: tuvimos ostras, rabas, pescado frito, pulpitos, cola de langosta rellena con queso, vieiras (scallops en inglés)… y papas fritas, obvio. Todo eso por menos de 20 dólares cada uno.

Y después hubo sushi. Pero un sushi especial, vean.

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Estamos disfrutando el almuerzo cuando nos llega un mensaje de uno de los chicos del departamento, Mohsen, que se quedó con el chino.

El chino nos regala a todos una semana de alquiler“.

¡Vamooo!
Sólo nos pide a cambio que lo ayudemos a que la inspección salga bien el sábado.

Después de este almuerzo matador (y de un brownie de postre), volvemos a casa con la panza llena de tanto comer. Y yo me muero que me tengo que ir a trabajar ahora… qué ganas de dormir una siesta. Comimos demasiado.

Llego al restaurant, está tranquilo por suerte. Las chicas me dejaron un muffin para que coma, pero será el desayuno de mañana, no puedo comer nada ahora, jaja. La tarde pasa un poco lenta cuando hay poca gente, pero mejor en el fondo, tengo sueño y estoy con mucha pachorra.

Esa noche en el restaurant sobra mucha comida. Cuando llega la hora del cierre, a las diez de la noche, tengo hambre de nuevo, jaja, y como si no hubiera almorzado, me como de todo. Y cuando llego a casa, cerca de las 11 de la noche, veo que los chicos me dejaron un poco de tortilla que ha sobrado de la cena. Tortilla que preparó Alba. ¡Así que ceno de vuelta!

Paloma, basta de comer.

Se nota que la estoy pasando mal, no? Jajaja.

 

 

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