Australia·Viajes

Sydney: días 72, 73 y 74

Jueves 07/07/16:

Arranco el día repartiendo flyers… llueve bastante y la gente tiene las manos ocupadas. Llevan el paraguas y el café, o el paraguas y la cartera, o el paraguas y la mochila, jaja. A pesar de estar en la estación de tren, se complica entregar todos los flyers que tenemos…

También hoy cubro el almuerzo en un restaurant y la cena en el otro. Un día agotador de nuevo.

En el medio de todas estas cosas, me vuelvo a casa para dormir un ratito, pero no puedo. Vengo mal con la siesta hace varios días, jaja. A la tarde tengo una hora y media nada más, así que aprovecho y voy al supermercado… compro pocas cosas que necesito y varias pavadas: cajas de muffins y chocolates Tim Tam sabor banana y chocolate amargo.

¿Les conté que hay como diez variedades de Tim Tam? Y yo que venía comiendo siempre los mismos.

  • Esta foto la saqué sentada en la barra del restaurant, cuando me mandaron de break por 15 minutos porque estaba muy tranquilo… no andaba nadie hoy. Cuando estoy aburrida, bajo todas esas botellas, las limpio y las vuelvo a subir. Y también aprovecho a rellenar la heladera de la izquierda con cervezas. Algunas de mis tareas.

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  • Y esta foto la saqué hoy volviendo a casa. En una cuadra escondida en pleno centro, hay un montón de jaulas vacías colgando arriba nuestro. Son parte de una exhibición que recuerda la cantidad de especies que vivían en Sydney hace no se cuántos años, antes de que llegaran los europeos y empezaron a construir en la ciudad, y que hoy no existen más por estos lados. Además de las jaulas, también se escuchan sonidos de pájaros, durante el día y durante la noche se pasan unas grabaciones que te hacen sentir que tenés los pájaros arriba tuyo.

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Viernes 08/07/16:

Me levanto un poco jugada con el tiempo… ducha, desayuno rápido y a trabajar. Hoy me toca cubrir el almuerzo en el restaurant. Hay varias reservas. Estuvo bastante lleno y anduvimos de acá para allá, lo bueno es que cuando estamos ocupados, se pasa más rápido el tiempo…

Me traje una ensalada para comer, venía empezando con la idea de comer un poco más sano (falta poco para Fiji así que hay que empezar con el #PlanBikini). Pero obvio que la ensalada no me llena, jaja. Así que me pido unos palitos de polenta que hacen acá y ya estoy un poco más feliz.

De acá me voy corriendo para la cervecería… otro viernes que casi se me superponen los trabajos. Trabajo desde las cinco hasta las diez de la noche de host, en la puerta, chupando todo el frío de la calle y saludando a la gente. Yo sé que es mejor estar en la puerta que llevando bandejas, pero igual, ya estoy cansada de este trabajo.

Cuando llego al departamento los chicos todavía están despiertos. Es viernes pero ninguno sale. La mayoría trabajamos mañana otra vez.

Sábado 09/07/16:

En Argentina hoy se festeja el día de la independencia. Seguro acá hubo algún festejo organizado por la Embajada, pero yo no me enteré.

A las 8 de la mañana estoy en la cervecería.
8 de la mañana, un frío y un sueño que no puedo explicar.
Hoy me desperté primera y anoche fui la última en irse a dormir.

Llego y estoy sola parece. Me impresiona ver este lugar vacío.
Pensar que siempre está repleto de gente comiendo, de gente a los gritos, la banda tocando, todos los mozos a las corridas, mucho olor a comida, nenes que te pasan entre las piernas, chinos que te tocan cuando pasás porque quieren hacer un pedido, más chinos que te levantan los brazos para que los veas que te quieren pedir la cuenta, entre tantas otras cosas…

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En el medio, el pequeño escenario donde todas las noches tocan música alemana
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Allá al fondo, está la cocina

¿Viendo las fotos se dan una idea el tamaño de este lugar?
Adentro hay cuatro filas laaaargas de muchas mesas… afuera hay 20 mesas más. Hay un salón aparte con más mesas. Y están las mesas del bar. No sé exactamente cuánta gente entra pero haciendo cuentas rápido, unas 500 personas pueden sentarse.

En fin, hoy me tocó venir temprano porque me toca trabajar en el puesto que la cervecería tiene en el mercado. Por este lado de la ciudad, los fines de semana hay un mercado donde se vende comida de varios países, o de varios restaurantes que ponen su puestito. También se venden productos artesanales, ropa, tejidos, postales, chocolates, frutos secos, de todo. Yo ya vine a pasear por acá en mis primeros días en Sydney (ver acá), qué loco ahora tener que trabajar en ese mismo lugar.

Me toca trabajar con un tipo que parece bastante amigable. Hay que armar el stand afuera. Traen las mesas, pongo arriba los manteles, él me va indicando todo, hay otro chico de la cervecería que nos ayuda.

Hay que traer las cajas con panes de pancho, servilletas, bandejas de cartón. Muchos frascos de ketchup y de mostaza. Una canasta para poner los panes, cuchillos, repasadores, las bandejas con pretzels, el frasco con pickles, las botellas de agua. Y la caja con la plata.

Después de instalar más o menos todo, me pongo a cortar los panes. El primero lo corto mal, lo empecé a cortar por el costado, como comemos los panchos nosotros. El chef me para en seco “no, no así no“, como si estuviera matando una ballena. Se cortan por el medio, desde arriba. Más incómodo, pero bueno, si los quiere así, se los corto así…

Mientras tanto, él trajo la parrilla. La prende, espera que se caliente y empieza a tirar las salchichas arriba. Ay por favor, el olor a salchicha. Y los olores de los puestos vecinos. Ya me imagino lo que va a ser en un rato cuando empiece a pegar el sol.

Trabajamos sin parar hasta las 3 de la tarde. En este tiempo vendimos casi 200 panchos. No puedo creer que cobremos 10 dólares cada pancho… ¡y que la gente los compre! El día se puso lindo, y hay mucha gente paseando… debo haber repetido unas 300 veces la diferencia entre cada salchicha que vendemos y aún así todavía no puedo pronunciar bien los nombres en alemán.

A las 3 me reemplaza un chico y a mí me mandan de break por una hora. No puedo hacer mucho en una hora, para ir a casa no llego y tampoco puedo ir a pasear con este vestido ridículo. Me agarro un pancho para mí y me lo como sentadita adentro del restaurant. Un embole.

Después vuelvo a trabajar a la cervecería… pero de host. No puedo creer que me pongan en la puerta a recibir a la gente con el olor a salchicha que tengo. Pero necesitan que esté ahí, tienen muchas reservas parece y faltaron varios hoy. Y como todos los sábados, este lugar es un quilombo.

Cuando llego a casa esa noche, son las once casi. Estoy agotada del cansancio y no me soporto el olor. Pero la verdad es que no me puedo quejar, prefiero toda la vida estar afuera de la cervecería.

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