Australia·Viajes

Un fin de semana en Byron Bay

Del sábado 20/8 al lunes 22/8
Días 116 a 118

“Cumpleaños #29”

Se aproximaba mi cumpleaños y lo primero que pensé fue en hacer una fiesta.
Invitar a la gente del trabajo, hacer algo en el departamento con mis compañeros de piso, comprar una torta, decorar con globos. Hacer de mi cumpleaños un festejo grande, con mucha gente.

Pero después me di cuenta que no tenía la energía ni las ganas para hacer eso. No es que no estaba de ánimo para organizar una fiesta. Y mucho menos que no quisiera festejar.

Fue tan simple como darme cuenta que, por más que le ponga todo el cotillón y papelitos de colores, mi gente no iba a estar. Me iba a faltar el abrazo con mi familia, la juntada con mis amigos. Y la gente que conocí ahora en Sydney, ellos tienen sus trabajos, sus vidas. Algunos no pueden salir, porque trabajan o porque no tienen ganas, o no tienen plata. Y temí que me pusiera sensible. Lo último que quería era ponerme sensible en esta fecha.

Entonces surgió la idea de hacer otra cosa.
Pasar mi cumpleaños en otro lado. VIAJAR. 
¿A la playa? No importa, ir a algún lugar lindo pero cerca, conocer alguna ciudad diferente, lo que sea.

¡Y fue lo mejor que pude haber hecho!

Una hora de vuelo y caímos con Alba en Byron Bay, una pequeña ciudad a unos 800 km de Sydney. Byron Bay es famosa por sus playas, con lindas olas para surfear. Y por sus atardeceres, por el faro, por la naturaleza, por las ballenas que se ven a simple vista. No fue una elección al azar: Byron Bay es una parada obligatoria en el recorrido por la costa este de Australia. Saliendo desde Sydney, es la primera ciudad de esa lista.

Paramos en un hostel por dos noches y elegimos habitación privada. Por dos días, nos pareció que estaba bueno darse un gusto y aprovechar la comodidad de un cuarto para nosotras dos solas. (Un pequeño lujo, ya que vivimos prácticamente en un hostel en nuestro departamento, jaja.)

En el hostel tenían bicicletas a disposición. Así que cada una se puso el casco y salimos a recorrer la ciudad. Ahh, sí, porque el casco es obligatorio. Nos dijeron que si no lo estás usando, te pueden hacer una multa de 150 dólares. No me quise arriesgar.

Fue un lindo paseo recorrer la ciudad en bicicleta. No me acuerdo la última vez que anduve en bici cuando fue, seguro hace bastante…

Otra de las cosas que hicimos fue subir caminando al faro. Dejamos las bicicletas atadas y emprendimos la marcha cuesta arriba, por un sendero marcado entre medio de los árboles y bordeando el mar. En el medio, se nos cruzaron lagartos y todo tipo de pájaros. Y cada vez que podíamos, tratábamos de mirar al mar, y divisar alguna ballena en el horizonte.

Otra cosa famosa de Byron Bay es que… ¡acá está el punto más al este de toda Australia! Y nos sacamos la foto de rigor, obviamente. Llegamos lo más al este que se puede. Ahora tengo que ir a los otros tres puntos extremos del país.

Byron Bay también es lindo por sus ballenas y delfines, que están ahí, nadando al alcance de todos, a la vista de cualquiera. Tan así es que hicimos kayak por unas tres horas para poder verlas de cerca. No tuvimos suerte con las ballenas, pero sí vimos algunos delfines. Después de remar tanto (y de que ya nos dolieran los brazos), haber visto a un delfín tan cerca nuestro fue un gran regalo: nos habíamos alejado un poco del grupo justo en ese momento, casi que el animal estaba esperando que estuviéramos solas para aparecerse.

Comimos afuera todos los días. Y nos dimos todos los gustos que pudimos.

Pero lo mejor fue la cena de mi cumpleaños: salimos del hostel con la idea de cenar en un restaurant que habíamos visto por internet… pero nunca lo encontramos. Y como era domingo a la noche, no había muchos locales abiertos. ¡Y eso que no eran ni las nueve! Terminamos entrando a restaurant muy lindo, en una esquina, el único que nos dejó entrar sin apurarnos, porque no cerraban pronto… No sólo comimos muy bien, sino que también me mimaron: le pusieron una estrellita de navidad al trago que me pedí, pusieron las velitas que Alba trajo en el brownie que pedimos de postre, y me cantaron varias veces el happy birthday. ¡Todo esto, siempre con esa banda de cumpleañera que tuve puesta toda la noche!

Y no puedo dejar de hablar del atardecer… del que tanto había leído, que tanto decía todo el mundo que era increíble. Y lo fue, realmente. Después de haber estado en el agua durante la tarde con los kayak, nos quedamos con Alba esperando a que el sol se esconda para poder apreciar ese momento. Y fue realmente una cosa hermosa. Los colores del cielo, con las nubes de fondo, el color del mar… todo fue tan perfecto que parecía una pintura… aunque sólo hayan sido unos 15 minutos.

Y todavía faltaba algo más, la frutilla de este fin de semana.

En mi lista de cosas para hacer este año, tenía que hacer alguna actividad nueva. Algo que nunca hubiera hecho en mi vida. Y buscando por internet, encontré que en Byron Bay podía intentar volar en aladelta.

Y contra todo pronóstico, lo hice. Sin miedos, sin dudar. ¡Lo pude disfrutar y todo! Primero pensé que no iba a poder hacerlo, pero una vez que el instructor me dijo que corriera y que levantara las piernas, realmente se sintió como si volara. Tuve la suerte también que me tocara un instructor espectacular, que me transmitió la confianza suficiente para que no temiera en ningún momento. Ni siquiera a la hora de firmar el deslinde de responsabilidad, donde te aclaran que podés morir o quedar paralítico (posta).

Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Pude ver ballenas a lo lejos y hasta una manta raya nadando, que pudimos divisar gracias a la claridad del agua. Estábamos volando con los pájaros, que se posaban sobre el aladelta, y el instructor me hacía voltear la cabeza para que los viera. Sobrevolamos una pequeña ciudad cercana, hicimos un par de giros de 360 grados… todo fue genial. Los 30 minutos se me pasaron volando (literalmente, jajaja). Y cuando tocamos el piso nuevamente, tenía una adrenalina en el cuerpo difícil de explicar.

Para alguien como yo, que nunca esquió, ni hizo surf, ni se tiró en parapente, ni nada… esto fue el primer escalón. Siempre tuve miedo de este tipo de actividades. Y estoy feliz, porque realmente lo pude disfrutar. Ya veremos con qué actividad seguiré.

Y así pasó mi cumpleaños. Ahora tengo 29, estoy a un año de cumplir 30, pero no me asusta. Pensé que iba a ser difícil pasarlo lejos de mi familia, pero me sentí bien. Me faltó la compañía física obviamente, pero el poder hablar con ellos, hace que los tenga acá conmigo.

Y ahora que se vienen los 30, tienen que venir con todo. Si así fueron los 29, para los 30 ya estoy armando una lista de cosas que podría hacer. ¿Se les ocurre algo?

Anuncios

6 comentarios sobre “Un fin de semana en Byron Bay

  1. es tan increible lo q vivis y disfrutas q seguramente para los 30 vas a tener mil ideas para hacer, lo mejor de todo es no quedarse con las ganas y solo disfrutar y ser feliz,,, te quiero y sigo viajando con vos

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s