Viajes

Probando Assist Card por primera vez

Hace unas semanas, cuando estuve en Byron Bay para mi cumpleaños, estaba emocionada como una criatura mirando el mar tratando de divisar alguna ballena a lo lejos.

Estaba con mi compañera de piso mirando hacia cada lado, queriendo distinguir las colas de las ballenas de las piedras que se veían en el horizonte… riéndonos porque ninguna había visto nada y los chicos que nos encontramos no paraban de verlas, una atrás de otra… cuando de repente siento algo en el ojo.

Había mucho viento, estábamos paradas cerca del faro y a pesar de que tenia mis anteojos de sol puestos, el viento del mar se sentía fuerte. Y sentí como si algo soplara con mucha intensidad sobre mi ojo, como mucha presión. ¡Ese día estaba tan ventoso que tenía que sujetar los anteojos de sol con la mano para que no se vuelen!

La mañana siguiente me desperté y tenía una mancha roja en el ojo izquierdo. Como un punto, debajo de la pupila. No le di importancia, al fin y al cabo, no tenía dolor ni picazón y no tenía problemas para leer ni para mirar a lo lejos.

El problema fue que al cabo de unos días la mancha empezó a crecer… y a cambiar de color: ya no era toda roja, sino que ahora tenía algunas pinceladas marrones. Como seguía sin dolerme, no le prestaba atención, pero ya después de que cada dos horas alguien me preguntara “qué me había pasado en el ojo” y que mis compañeras de piso me preocuparan contándome historias macabras de gente que había perdido la visión, decidí llamar al seguro médico.

Para venirme a Australia, contraté Assist Card por un año. No me resultó económico pero era algo que no se podía negociar. La frase “si te llega a pasar algo….” , me venía todo el tiempo a la cabeza. No es divertido después estar corriendo buscando un médico o teniendo que pagar fortunas por una consulta. Las cosas funcionan distinto de este lado del mundo.

Llamé al teléfono de contacto para emergencias. Hablé con un operador en español. Me tomaron mis datos, me gestionaron un número de caso… la llamada duró unos 20 minutos. Se cortó, me volvieron a llamar. Hablé con dos personas diferentes. Pero ambos resolvieron todo muy rápido. Yo aclaraba todo el tiempo que no era urgente, que no tenía dolor, pero ellos igualmente procedieron rápido.

Cuando me pidieron la dirección donde me estaba quedando en Sydney, no entendía para qué. Pero después me llamaron para decirme que tenía turno en un centro médico a escasos 500 metros de mi departamento… Como en el horario que me indicaron no podía ir (tenía que trabajar), llamé y reprogramé el turno para más tarde. No hubo ningún problema.

Fui al centro médico, firmé unos papeles que tenían ya impresos allí. Assist Card había enviado mis datos y yo sólo tuve que presentar mi pasaporte para acreditar mi identidad. Me vio una doctora, una médica generalista (después me enteré que acá te ve primero un clínico general y si es grave, luego te derivan con el especialista, en mi caso, hubiera sido con un oftalmólogo).

Me revisó el ojo y vio que estaba todo bien. No había herida, no había lastimadura, no había arena. Me dijo que podía haber explotado alguna vena del ojo por la presión del viento, pero que no me preocupara que ella no veía nada mal.

Me tranquilizó además diciendo que en dos semanas debería irse la mancha.

Salí de la consulta, mucho más aliviada… y sin pagar nada.

La doctora me recetó unas gotas para lubricar el ojo… que no era necesario, pero que por las dudas las usara tres veces por día. Fui a la farmacia, que está ahí dentro del centro médico. La doctora me recetó una marca, el chico que atiende me muestra otras más económicas que “son lo mismo”, me aclara.

Al final me llevó las que me dijo la médica. Y pido una factura. Luego de unos días, entro a la página de Assist Card y voy a la sección de reintegros. Le saco una foto con el celular a la factura que me dieron y la subo a la página. Completo un par de datos y listo.

Hoy que ya pasaron un par de semanas, entro al homebanking de mi banco, y veo el dinero acreditado en mi caja de ahorros. Yo gasté 16,40 dólares australianos, y me depositaron el equivalente en pesos argentinos. Desde que subí la factura no pasaron ni 20 días.

Cuento esto porque fue la primera vez que tuve que usar el seguro, y la verdad es que todo salió bien. Obviamente no fue nada grave, fue una pavada por suerte, pero podría haber empeorado… al menos ahora que ya lo usé, me quedo tranquila que funciona y que fue todo muy ágil.

¡Espero igual no tener que volver a usarlo!

Aclaro que al cabo de unos días, ya el ojo empezó a mejorar. La mancha no se fue todavía (y eso que ya pasó un mes) pero confío que se irá pronto. Algunos días me olvido de ponerme las gotas, jajaja, así que eso quiere decir que estoy bien.

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