Australia·Viajes

West Coast I – Unos días en Broome

Del miércoles 21/9 al martes 27/9
Días 149 a 155

El miércoles a la noche, después de haber tenido un día de locos que incluyó emociones encontradas y sorpresas (que ya contaré), me fui al aeropuerto para tomarme los aviones con destino a Broome.

Los aviones, porque el vuelo directo costaba muchísimo, así que vuelo a Perth y de ahí vuelo a Broome.

Fue un día raro, se largó a llover en Sydney después de semanas de cielo despejado. Toda la semana estuvo salpicada por esa sensación extraña de dejar el departamento, el cual fue mi hogar durante casi los últimos cuatro meses. Guardar mis cosas, armar la valija para el viaje, vaciar el placard, tratar de que todo vuelva a entrar en la mochila. Además de que llegó el nuevo inquilino a ocupar mi cama. Muy fuerte todo. Nos abrazamos con las chicas, como si nos conociéramos de toda la vida. Las voy a extrañar. Cuando miro para atrás, me doy cuenta que la vida en este departamento no hubiera sido lo mismo sin ellas.

Cuando dejé la llave arriba de la mesada y salí con mis bolsos a la calle, me invadió una sensación de alegría, de excitación. ¡Quería correr al aeropuerto! Tan así fue que llegué antes que abra el check-in, jaja. Mi valija y yo esperamos sentadas en el piso.

El vuelo habrá durado unas cuatro horas y pico. Viajé sola en una fila de tres asientos. Me acosté, me senté, me volví a acostar. Me tapé con la campera, me saqué las zapatillas. Se me dormía una pierna, se me dormía la otra. Me agarró hambre, recordé el banana bread que me dio Lous antes de salir. Parecía que no llegábamos más… ¿Ansiedad? Yo creo que bastante.

El avión aterrizó en Perth, fui a retirar mi valija de la cinta… y oh, me doy cuenta que Perth tiene dos horas menos que Sydney. Con lo cual caigo en la cuenta que no iba a tener cuatro horas de escala, ¡sino seis! Y para peor, habiendo llegado a medianoche, ya no había negocios abiertos donde comprar algo que comer. No me quedó otra que dormir. Me acomodé como pude en los asientos metálicos del aeropuerto y tapada con la campera, aún tiritando por momentos, traté de imitar al señor de barba gris que roncaba enfrente mío. Pero no fue tan fácil. Cada vez que abría los ojos, el reloj marcaba la 1.15… las 2.06… las 2.51… las 3.20…

A las 3.45 am se abrió el check-in para el próximo vuelo. Y ahí fui, con mi cara de dormida, muerta de hambre y el cuerpo que me temblaba de a ratitos. La felicidad fue subir las escaleras mecánicas para encontrar café y comida calentita en el primer piso…

Aterrizé en Broome a las 8 de la mañana.
El vuelo con Qantas fue de lo mejor que tuve hasta ahora en Australia… Es que en éste me dieron comida! Jaja. Pude dormir bastante así que me vino bien: después de haber pasado la noche con frío en el aeropuerto de Perth, dormir en el avión era lo único que necesitaba.

Me fue a buscar un chico del hostel en la camioneta, era la única que quedaba cuando él llegó. Me habrá visto y habrá pensado cualquier cosa: yo traía a cuestas una valija, la mochila con la compu y un bolso, además de tener la campera en la mano. Vestida con jean y zapatillas en un lugar donde ya a esa hora hacía unos 30 grados.

En el trayecto al hostel, me entero que es de Alemania y que trabaja hace unos cinco meses en el hostel. “¿Y cómo hacés con este calor?”, le pregunto, mientras me transpira todo. Se ríe y me dice que con el tiempo te acostumbrás.

(Ahora me pongo a pensar que en mis seis días en Broome el 90% de mis conversaciones empezaron con un “qué calor, eh” o “me estoy muriendo” o “es que no estoy acostumbrada a este clima”).

El hostel estaba bueno, tenía sillones, mesa de pool y un bar con televisor. Ponían música todo el día. Tenía una pileta muy linda también, con suficientes reposeras y hasta había hamacas paraguayas por todos lados. La cocina era enorme, con muchas bachas para lavar los platos, muchas cocinas, grandes heladeras. Todo genial. Salvo por el calor, claro. Ir a la cocina era como entrar en el infierno.

Así como ya me pasó este año en Fiji, reservé habitación en cuarto compartido y me tocó el cuarto para mi sola, jaja. ¡Qué mejor! Después de vivir en Sydney siendo cuatro en la habitación, esto vuelve a ser casi como un regalo.

Primer cosa que me doy cuenta: el hostel queda lejos del centro. No lo recordaba, lo reservé hace un mes. Está muy cerca de la playa, unos 500 metros, pero el supermercado, el banco, McDonald’s, todo eso queda a unos 20 minutos en colectivo. Caminando me dicen que es una hora. Pero claro, hace tanto calor que para comprar jamón y queso si te agarra hambre, no te arriesgas a derretirte en el camino. ¡Una hora es mucho para caminar al rayo del sol!  Pero no hay nada cerca del hostel, ni un kiosco ni un mercado. Hay algunos restaurantes en la playa, pero no me la puedo pasar comiendo afuera, todavía me quedan tres semanas de viaje y tengo que administrar mis ahorros.

Me entero que hay un bus local… Pero pasa cada media hora y sale cuatro dólares cada viaje. Más caro que Sydney. Me parece que al centro voy a ir lo mínimo e indispensable.

Y así fue: lo primero que hice fue ponerme ropa fresca, y cuando me enteré que a las 11 la camioneta del hostel iba para el centro, me subí enseguida: hora de hacer las compras y de recorrer un poco esta ciudad…

El centro comercial es chico, se lo conoce como Chinatown, porque la ciudad tuvo mucha influencia asiática. Voy a recorrer un poco los negocios, algunas galerías, algunos cafés. Los precios no son nada accesibles, pero me compro un batido de fruta y hielo porque de sólo caminar ya empecé a transpirar como un cerdo. Hace mucho calor, la gente anda en moto o en auto, con las ventanillas cerradas por el aire acondicionado.

Paso por el museo dedicado a la historia de las perlas: hay un tour por la tarde. Veré si me dan ganas de volver. Broome creció como ciudad gracias a las perlas, a gente que vino y desarrolló el negocio, especialmente japoneses. Pero tendría que volver a leer lo que me explicaron, se me empiezan a mezclar algunas cosas en la cabeza, jaja.

Esa primera tarde me voy a la playa casi corriendo. Cargo la toalla, lonita, gorra, protector solar y encaro para Cable Beach, una de las playas más famosas de Australia.

Se llama así porque por esta playa tiraron un cable para comunicar Australia con Indonesia hace unos cuantos años (Wikipedia dirá exactamente cuántos), lo cual sirvió para mejorar las comunicaciones de Australia con el mundo. Además de eso, es famosa porque son 22 kilómetros de playa de arena blanca y aguas claras. Cuando vi el atardecer esa tarde y me di cuenta que estaba sobre el océano Indico, no lo pude creer. Y me la pasé mirando atardeceres.

También vi pasar a los camellos, que llevaban gente que había pagado 90 dólares para estar sentada ahí… para ver el mismo espectáculo que yo. ¡Menos mal que todavía es gratis mirar el cielo!

Una de mis mañanas me tomé el colectivo a las 7.50 am para ir a Gantheume Point, donde está el faro de Broome y donde supuestamente se ven huellas de dinosaurios. Llegué toda entusiasmada. El lugar es precioso, las piedras naranjas hacen un lindo contraste con el agua turquesa detrás. Pero no pude ver lo que fui a ver: las huellas sólo se ven con la marea muy baja y en condiciones especiales, así que a pesar de haber madrugado, sólo pude ver las réplicas en cemento.

A esa hora de la mañana ya hacía mucho calor, volví caminando por la playa unos 6 kilómetros hasta el hostel, y tenía que meterme al agua a cada rato para refrescarme. Un montón de aguas vivas yacían sobre la arena, arrastradas por la marea.

También estuve en la playa del centro, Town Beach, que no me gustó tanto, aunque la vista era preciosa. Mucha gente dando vueltas y la playa era muy chica, casi sin olas. Aunque para llegar hasta ahí caminé por lugares muy lindos de la ciudad.

No pude hacer muchas cosas la verdad. La gente del hostel se la pasaba ahí, porque la mayoría trabaja y está viviendo acá hace tiempo… Con lo que yo no tenía con quién salir. Y hubiera salido sola a recorrer algunas cosas, pero todo queda a media hora en auto, a 30 kilómetros, a una hora y media… Sin transporte público disponible, no me daba el bolsillo para tomarme taxis para todos lados.

Yo estaba feliz en mi habitación sola cuando una tarde entro y veo un bolso en la cama de al lado. Nueva compañera de cuarto. Me presento, y cuando le digo que soy argentina, se empieza a reír… Sus padres son de Mar del Plata y ella vivió incluso unos años allá también, hasta el 2001, y luego se vinieron a Australia de nuevo. Habla perfecto español, y perfecto inglés. Compartimos mucho rato en la pileta, una hamburguesa en un restaurant frente a la playa y una tarde en la playa. Fue una linda coincidencia que nos tocara en la misma habitación.

Cuando ella se fue, me quedaban dos días más, ALGO tenía que hacer. Ya había abortado el plan de ir hacia el norte, a la región de las Kimberley (que era lo que quería hacer realmente y no pude enganchar ninguna excursión de ninguna agencia… Una lástima).

Así que en vez de quedarme quieta, me anoté en dos cosas que no sé si las volvería a hacer pero que para mi sorpresa, ¡valieron la pena!

La primera actividad fue a 30 minutos de la ciudad, en el medio del campo: una noche a mirar las estrellas. En el cielo libre de toda contaminación visual, el guía nos mostraba en el cielo la vía láctea, algunos planetas y apuntando con su láser, nos indicaba las principales estrellas. También pudimos usar sus telescopios y pudimos ver a Marte y a Saturno, que se veía bien clarito con sus anillos.

La segunda cosa que hice fue ir a visitar una granja de cultivo de perlas, llamada Willie Creek. Este lugar quedaba a unos 35 kilómetros de la ciudad. Me pasó a buscar una camioneta por el hostel y una vez llena, fuimos a la granja. Nos explicaron cómo se producen las perlas, y abrieron una ostra para mostrarnos cómo se extraen. También dimos un paseo en lancha por el lugar, estuvo muy bueno. No tenía idea de cómo se hacían las perlas y fue una gran sorpresa enterarme lo que cuestan…

Estuve seis días en Broome, pensaba hacer más cosas de las que finalmente hice, pero no puedo quejarme: he descansado mucho y disfruté bastante.

Y ahora se viene la segunda parte de este viaje por la costa oeste: los diez días de viaje en grupo hasta Perth. ¡No veo la hora de salir!

Post escrito en el Parque Nacional Karijini.

Anuncios

2 comentarios sobre “West Coast I – Unos días en Broome

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s