Australia·Viajes

West Coast II – Road Trip (día 9)

Jueves 06/10/16
Día 164

El día de hoy tiene una de las cosas que más esperaba del viaje: ver a los delfines.

Supuestamente íbamos a nadar con delfines en un lugar donde ellos se acercan a la orilla, y la gente puede jugar y tocarlos. Eso fue lo que yo había escuchado. Llegamos a este lugar que se llama Monkey Mia (que no sé porque se llama “mono” si hay delfines), y empezamos a leer los carteles en el centro de información.

Primero fue un lugar donde se pastaban ovejas, luego donde llegaban los barcos con las perlas desde el norte. Me entero también que “Mia” es una palabra aborigen que significa casa o refugio. Pero lo de Monkey, no tiene mucha explicación…

Llegamos primeros, antes de las 7.30 am, pero al rato ya no estábamos solos. Llegaron otras 250 personas. Todos ahí expectantes mirando el agua desde el deck de madera a 10 metros de la orilla. No podemos pisar la arena hasta que nos digan los voluntarios. Y como los delfines vienen cuando ellos quieren, tenemos que esperar hasta que se acerquen ellos… Demasiada gente, muchos niños.

Pasó media hora cuando empezábamos a ver unas aletas en el mar.

Los voluntarios nos piden a todos que nos acerquemos a la orilla, nos metemos en el mar con el agua al tobillo. No nos dejan más que eso. Una de las voluntarias tiene un micrófono y nos explica a todos la historia de este lugar.

Todo esto es un área protegida, donde no se puede nadar en ciertos perímetros y donde los pescadores tienen un sector delimitado para bajar con sus botes. A esta playa los delfines se acercan a la orilla para jugar con sus crías, porque es un lugar al resguardo del viento… lo hacen desde siempre. Y los voluntarios que trabajan en el predio protegiendo este lugar, cuidan a los delfines que vienen hace años, los tienen identificados a todos con un nombre y saben cuál es cuál enseguida, reconociéndolos por sus rasgos particulares. Para mí son todos iguales, jaja.

Como les dan de comer en ciertos momentos del día (por la mañana, al mediodía y a la tarde), por eso llegamos nosotros tan temprano, para el primer momento de darles sus pescaditos.

Los voluntarios que tienen unos baldes se meten un poco más adentro en el agua, y nos piden a nosotros que volvamos a la orilla. Y bueno, hay ahora seis delfines y 300 personas que quieren darles de comer. Las chances de que me eligieran eran mínimas.

Primero pasa una nena con su mamá, pasa una señora mayor. Son pocos los afortunados que podrán pasar. A los delfines les dan sólo algunos pescados, poque creen que ellos tienen que aprender a buscar su propio alimento. Pero en un momento una voluntaria señala hacia mi lado y dice “la chica del short rayado”. Yo miraba alrededor mío, pensando que era otra persona la afortunada, y mis compañeras de viaje me empiezan a empujar. ¡Me había elegido a mí! Ni me acordaba qué ropa tenía puesta.

Creo que las fotos reflejan bastante bien la alegría que tenía en ese momento. Agarré el pescado, lo puse abajo del agua y el delfín en un segundo abrió la boca y me lo sacó de las manos.

Todos mis compañeros de viaje me sacaron un millón de fotos. Creo que nadie esperaba que me tocara a mí pasar al frente. Mi cara de niña feliz lo dice todo.

Dejamos este lugar y seguimos viaje. Ya nos queda poco para terminar, y los últimos dos días vienen con muchas horas de ruta.

Volvemos a la ruta. La segunda parada es Shark Bay, un área reconocida como Patrimonio de la Humanidad que incluye muchas zonas protegidas y en conservación. Estamos 800 kilómetros al norte de Perth. Paramos en un lugar llamado Hamelin Pool, al sur de la bahía, donde “las cianobacterias forman algunos de los ejemplos más diversos y abundantes de estromatolitos (*) activos del mundo”, según Wikipedia. No podemos meternos al agua, no podemos tocar las piedras. Este lugar es importante por la riqueza de su suelo, por la vida marina que presenta, porque el agua acá tiene otras propiedades distintas que hace que sea tan particular como para que haya habido una de las proliferaciones de estromalitos más importantes del mundo. Como para ser un lugar protegido por la Unesco.

(*) Los estromatolitos (o camas de piedra) son fruto de la agrupación de células en colonias formando rocas sedimentarias. Las células fosilizadas más numerosas se encontraron en rocas originadas al borde de mares cálidos. Al examinarlas al microscopio, se distinguen muchas capas superpuestas en finas láminas apiladas unas sobre otras en las que sólo la capa superficial contiene organismos vivos. Estas rocas son el resultado de la unión de seres unicelulares (las cianobacterias) que viven en mares cálidos y en aguas poco profundas. Las rocas se forman muy lentamente, capa sobre capa, al morir las células de una capa y formarse sobre ellas una nueva capa viva. 

Hace unos 3500 millones de años, cuando en los océanos ya existían millones de células vivas, aparecieron los estromatolitos y entre 2500 y 1000 millones de años, los arrecifes de estromatolitos estaban ampliamente expandidos y produciendo oxígeno.  

Actualmente, solo se forman en algunos raros lugares preservados del planeta, como por ejemplo en este lugar de la costa oeste de Australia, Hamelin Pool. No muy lejos de acá se encontraron los más antiguos estromatolitos fósiles.

Para el atardecer, llegamos al Parque Nacional Kalbarri. No tenemos tiempo de recorrer casi nada lamentablemente, así que Sharpie nos lleva directamente a un mirador sobre el mar donde podremos ver el sol ponerse en el horizonte. Estamos en un enorme lugar donde las piedras son coloradas y el mar pega con mucha fuerza, rompiendo sobre las rocas con una fuerza increíble. Las ballenas saltan a lo lejos. Hablo mucho con Chloe y su mamá, y me cuentan un poco de la vida en Brisbane, de qué trabajan. Cuando cae el sol, baja la temperatura y nos vamos todos apurados para el hostel, donde dormiremos todos juntos por última vez. Ya hace frío, estamos cerca del final del viaje y se siente que dejamos atrás las lindas temperaturas del norte de Australia. Esa noche la cena fue salchichas y carne a la parrilla, la esperada barbecue para todos, y jugamos a las cartas hasta que nos empezó a dar sueño.

 

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