Viajes

East Coast / Parte II

Del domingo 16/10 al martes 25/10
Días 173 a 182

Llegamos a Hervey Bay después de viajar durante unas cuatro horas en micro. A pesar que sólo 200 km separan a Noosa de esta ciudad, no hay muchas opciones de transporte: o venís en auto o viajás en Greyhound, la empresa de micros de Australia que realiza los viajes de media/larga distancia (otra que el Chevallier o el Costera Criolla, jaja). Y tardamos cuatro horas porque hizo paradas intermedias para levantar gente… sino ese viaje se hacía en la mitad de tiempo.

Llegamos a Hervey Bay de noche, eran las 21.30. La recepción del hostel ya estaba cerrada, pero nos estaba esperando un chico con la llave de nuestra habitación. Habíamos reservado en una pieza de cuatro camas, pero estaba vacía. Justo para nosotras solas ¡y encima con baño privado! Tuvimos mucha suerte. Pero lo malo fue que una vez que dejamos todo en la habitación, descubrimos que no había nada abierto para comer en ningún lado. Supermercado, pizzería, un kiosco: todo cerrado. Terminamos comiendo algunas pavadas que encontramos en nuestras mochilas. O sea, me fui a dormir con hambre.

A la mañana siguiente, hicimos el check out del hostel y dejamos nuestras mochilas en un cuartito. Eran las 8 cuando una combi nos vino a buscar. Teníamos contratada la excursión a Fraser Island. Antes hice una parada técnica en el supermercado, me hacía ruido la panza ya.

Fraser Island es la isla de arena más grande del mundo y es la sexta isla más grande de Australia. Antes se la conocía como la “gran isla de arena”, pero se la empezó a llamar de otra manera desde que se rumorea que una persona llamada Eliza Fraser sobrevivió a un naufragio muy cerca de allí. Hoy toda la isla es territorio protegido por la UNESCO.

Nos vino a buscar la combi y nos llevó a tomarnos un ferry, que nos cruzó a la isla. Allí nos esperaba el micro del tour. Creo que no podés ir con tu propio vehículo sin reservar antes (aunque vimos algunos jeeps), sino que tenés que tener contratada alguna excursión para poder recorrer la isla. En nuestro micro iban unas 50 personas, pero el chofer nos vio subir a nosotras dos a las risotadas y nos preguntó si alguna de las dos quería ir en el asiento del copiloto. La dejé a C., ya me tocaría a mí después.

Todo el viaje fue a los saltos. La isla no tiene caminos, no hay nada asfaltado, así que el micro circula por las huellas que dejó marcadas en la arena. Y es una duna atrás de otra, ¡y en cada curva el culo se me despega del asiento! Fue lo malo de venir sentada atrás… estuvo divertido el viaje, pero me golpeaba todo el tiempo, jaja. ¿Mi amiga adelante estaría pasándola mejor que yo?

Atravesamos la isla a lo ancho (un poco más de 20 km) y llegamos a la otra costa, donde pudimos ver el mar pero no podemos meternos porque está lleno de tiburones. Venimos en el micro apreciando esta playa infinita (se llama 75 Mile Beach, es decir, mide 75 millas -120 km-) cuando en un momento escuchamos el ruido de unos motores… y nos detenemos a ver cómo despega un pequeño avión en la playa. Acto seguido, un chico se sube al micro para ofrecernos viajar en ese avión. No es barato, pero le digo que sí sin pensarlo.

Y la arrastro a mi amiga a venir conmigo.
Ella es más del agua, pero a mí me encanta volar.

Y sobrevolamos la isla. Una experiencia increíble que habrá durado unos 20 minutos, y donde pudimos ver un lago con forma de mariposa, al cual no se puede acceder caminando, vimos delfines, vimos los restos de un barco encallado en la orilla (que luego veríamos de cerca con el resto del grupo)… no me voy a olvidar nunca de este vuelo.

Ya cuando volvimos con el grupo fuimos a Eli Creek, un enorme arroyo de agua dulce que vuelca en el mar millones de litros de agua por hora. Se forma como una pequeña ensenada y el agua es fresca, transparente… y es agua dulce que en la isla se acumula durante años y años para luego verterse en el océano.

Y lo mejor quedaba para el final: el lago McKenzie. ¡Una enorme pileta de agua dulce en el medio de la isla! Nos explicaron que fueron necesarios miles de años para que el fondo de ese lago se haga tan impermeable que se llena con agua de lluvia… que nunca se escurre. Y el agua es cálida, transparente, sin peces, increíble el color que tenía. Nos metimos y no podíamos creer la temperatura del agua.

Esa tarde estuvimos de vuelta a las 17 en el hostel. Y el micro que salía para nuestro siguiente destino, el último de este viaje juntas, partía a las 21.30. Pero nosotras ya no teníamos habitación, así que tuvimos que sentarnos en el lobby del hostel durante cuatro horas, sin poder ducharnos… Comimos una pizza y cargamos nuestros celulares, hasta que llegó la hora de volver a la ruta.

Estuvimos casi 12 horas en el micro para llegar a Airlie Beach… se hicieron eternas. Ya no me resulta tan fácil dormir de noche en un micro ni en un avión. Y menos cuando el aire acondicionado está fuerte, o cuando el micro para cada dos horas a levantar gente. Llegamos a destino con unas caras de cansancio, no dábamos más.

Estuvimos tres días en Airlie Beach. Llegó la mamá de mi amiga para sumarse en la última etapa del viaje. El clima no acompañó mucho, así que sólo un día lo aprovechamos a full: y ese día hicimos una excursión para conocer el destino más famoso, más hermoso y más deseado por todas: las islas Whitsundays.

Y no exagero.
Realmente este lugar es el paraíso en la tierra.

Nos fuimos en un barco con un equipo de gente muy copada, muy divertida que animaba todo el día. Música, risas, chistes. El color del agua es impresionante, un turquesa que no había visto antes en este país y que me recuerda mucho al de los lagos de la Patagonia. Pero el agua es tan clara que veo los corales casi asomarse por encima de la superficie.

Primer parada a hacer snorkel: nos ponemos el traje largo de neoprene, porque acá hay jellyfish (y no quiero que una me toque, me pique y me deje tal irritación que me arruine el día). Esta bajada de snorkeling fue por lejos, una de las mejores experiencias que tuve en mi vida. Primero, que la variedad de peces y corales que pude ver no los vi en ningún lado. ¡Los colores! Peces de todos los colores, peces muy lindos, con unas formas más raras… Y lo segundo, que el traje y la máscara eran nuevos, así que no me entró agua en ningún momento, jaja, con lo que pude disfrutar un montón porque estaba cómodaaaa.

Hicimos snorkel en dos lugares distintos, y con la marea tan baja que había en ese momento, estábamos pasando muy muy cerca de los corales aún flotando bien pegado a la superficie… fue hermoso poderlos apreciar tan bien, a pesar de tener extremo cuidado para no tocarlos. Hay cosas que vi que no sé describir porque no sé cómo se llaman, pero me queda el recuerdo de lo lindo que estuvo.

Y por último, la playa más famosa de Australia…
Y que en el ranking de las mejores playas del mundo entero, está en el podio…

Bienvenidos a Whitehaven Beach.

(Pongo algunas fotos, pero si pueden buscar en internet háganlo: nuestro día estaba nublado así que no se aprecia tan bien la belleza de este lugar. ¡PERO ES INCREÍBLE!)

Esta playa tiene una de las arenas más blancas del mundo: está compuesta de un 98% de sílice puro lo que le da ese color blanco brillante tan característico. Y lo más loco de todo es que acá en las Whitsundays hay unas 80 islas… ¡y ninguna otra tiene esta arena! Las piedras que hay en esta zona no están compuestas por sílice, con lo que se cree que esta arena fue arrastrada por el agua durante millones de años… o apareció producto de la erupción de algún volcán… no se sabe. Pero no se puede creer que sólo en esta playa, sólo en este pedacito de esta isla haya esta arena tan blanca, que no quema para nada, que es tan fina… realmente este lugar es el paraíso.

Pudimos caminar por toda la playa sin quemarnos los pies, ver los peces nadar en el agua desde la orilla, ver stingrays nadar rozando la arena y salir rápido cuando uno se acercaba a ellas, subir al punto más alto de la isla y ver este paisaje desde arriba.

Y ahí me di cuenta que encontré un lugar donde quiero volver.
Y cuánto extraño a mi familia.
Y las ganas de que estén acá conmigo para que puedan ver esto ellos también.

Después de este lugar, se me terminaba el viaje con mi amiga. Ella y su mamá siguieron viaje y yo me volví a Sydney, feliz de haber podido compartir esto con ellas y feliz de haber estado acá.

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