Viajes

Tailandia / día 9

Miércoles 09/11/16
Día 197

Nos levantamos en el hostel de Krabi, después de haber dormido un poco mal. Llegamos muy tarde ayer, y la habitación del hotel no era que estaba mal, pero nos pareció desde que llegamos que era un poco crota: el baño viejo, las paredes de madera, encima muchos mosquitos. Salimos caminando para el lado de la playa, con la idea de buscar algún lugar donde desayunar. No encontramos nada. Todo bastante desarreglado, como medio abandonado todo por acá. No nos estamos hospedando en la mejor parte de esta ciudad, evidentemente. Con las caras largas, volvimos al hostel y desayunamos ahí.

Sabemos que Krabi sí que tiene cosas lindas para hacer, pero bueno, esta oportunidad no las vimos. ¡Nos vamos a las islas!

Nos pasa a buscar una combi a las 11 de la mañana, somos un montón en esa camioneta con un montón de bolsos, todos apretados. Paramos en la agencia (un local con dos escritorios y varias sillas de plástico) a esperar durante casi cuarenta minutos. ¿Qué pasó? Nunca supimos. Pero cayó otra combi con más gente, nos dieron un sticker a cada uno con el nombre del hotel al que vamos y nos volvemos a subir, todos con los millones de bolsos y cajas.

Estamos yendo a Ko Lanta, una de las islas que más ganas tenía de conocer en la costa oeste. Si se fijan en el mapa, del lado del golfo de Tailandia (al este) están Ko Pha Ngan (donde se hace la conocida Full Moon Party) y Ko Tao, paraíso del buceo. Pero en la época que fuimos nosotras (Noviembre) era temporada de lluvias, y nos recomendaron que fuéramos para el otro lado, donde es la temporada seca… así que elegimos ir a las islas ubicadas en el Mar de Andamán, como Ko Lanta y las archi famosas Ko Phi Phi.

Nombro cuatro islas pero hay CIENTOS. No te da el tiempo para conocerlas todas. Si vuelvo a Tailandia algún día, ya sé para qué lado voy a ir 🙂

En fin, estamos en la combi yendo para Ko Lanta. “En algún momento vamos a tener que bajar para cruzar en ferry“, pienso. Estamos yendo a una isla, que yo sepa no hay puente para cruzar con auto.

Se larga a llover. Se nubló todo hoy más temprano y se larga esa lluvia finita y constante, bien tropical. Venimos distraídas charlando cuando notamos que la combi se sube a una especie de plataforma. Y al lado nuestro, otra combi se acomoda, y así otra, y otra. Los choferes se bajan de las combis y se ponen a charlar entre ellos, mientras nosotros estamos todos encerrados en las combis, claustrofóbicos… Nos están cruzando en ferry, sí, pero con todos nosotros adentro. El mareo que nos agarró, menos mal que fueron sólo quince minutos.

La combi nos deja en el hostel. ¡Y qué sorpresa genial llegar a un lugar así!
Tenemos una habitación chica con cama grande para compartir y baño privado, pero no nos importa dónde dormir… está muy bien el hostel: tiene una pileta re linda y está sobre la playa. El restaurant tiene mesas y reposeras en la arena. Me quedaría a vivir acá.

Tuvimos nuestro primer almuerzo mirando a la playa, sin poder creerlo. Esa tarde la pasamos en la pileta. Conocimos una chica y un chico de Bélgica, que también están parando en el hostel, y nos pasamos toda la tarde hablando con ellos. Y no hicimos más que charlar, nadar, mirar el mar, comer, relajarnos. Veníamos de unos días a las corridas haciendo cosas todos los días, al fin y al cabo, también está bueno parar un poco y no hacer nada.

Esa noche en el restaurant comemos pescado a la parrilla: los chicos que trabajan ahí nos muestran toda la pesca del día, y elegimos salmón y atún. Gastamos 1000 bahts esa noche, la cena más cara de la historia de Tailandia (unos 40 dólares… tampoco es tanto cuando hacés la conversión, pero es mucho para los valores que se manejan ahí). Pedimos dos pescados que no son muy  baratos, y además dos papas al plomo y algunos tragos. Todo venía aparte con ensalada. No sé cómo hicimos para comernos todo eso.

Esa noche caminamos por la playa de punta a punta, unos 30 minutos más o menos (para bajar la comida, jaja), y la onda del lugar me hizo acordar mucho a Brasil. Por acá todos los hoteles tienen sus bares sobre la arena, y la gente está muy relajada escuchando música o tomando algo… Nosotros terminamos viendo a un chico hacer malabares con fuego mientras tomamos una cerveza. Lo que sí notamos es que está muy tranquilo todo. No sabemos realmente si es porque estamos en temporada baja o si la muerte del rey cambió tanto el ambiente del lugar. Igual es un placer.

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