Tailandia·Viajes

Tailandia / día 12

Sábado 12/11/16
Día 200

Hoy tenemos día de excursión, a conocer un poco más Koh Phi Phi y sus alrededores. A la mañana temprano, nos encontramos en la agencia con el resto del grupo, somos como 30 personas. Nos hacen probar las patas de rana (tenemos que llevar el equipo para hacer snorkel más tarde). Yo agarro las más grandes (calzo 40-41) y de una me quedan bien. En cambio, Alba se prueba demasiadas pero sin suerte: un talle menos no le entra, un talle más se le salen. Pide las patas de rana de niños, pero no hay. Pobre, estuvo media hora hasta que logró dar con su talle.

Subimos todos al speed boat (lancha rápida) y partimos.

La primer parada es la famosa Monkey beach, la playa de los monos. Cuando el barco se acerca a la orilla, vemos que ya hay un montón de gente en la playa (claro, todos los tours hacen más o menos el mismo recorrido…) y unos diez o quince monos dando vueltas de acá para allá. A pesar de que uno de los chicos del barco nos dijo que no hay que darles de comer ni tocarlos, todo el mundo se acerca a ellos y los molestan, los cargosean, sólo para sacarse una foto con ellos. No solamente la gente de nuestro grupo, sino que todo el mundo lo hace.

Nos advirtieron que los animales se pueden poner agresivos… pero ellos mismos están ahí dándoles Coca Cola. ¡Un mono hasta le sacó la botella de agua a un tipo, y fue impresionante ver cómo la abrió para tomársela! La verdad que la playa es muy chica y no podemos recorrer mucho, pero por lo que veo hay bolsas de comida tiradas por ahí, latitas… yo me acerqué un poco a estos bichos como para verlos de cerca pero no tengo ganas ni de que se me suban ni que me rasguñen. Mientras tanto algunos pibes luchan para sacarse una selfie con ellos. La verdad que no son tan lindos, pobres monitos.

Con la excursión tenemos tres puntos de snorkelling, a los que iremos durante el día. El cielo tiene unas nubes oscuras, pero todavía no llueve y hace muchísimo calor. El barco se acerca a una isla que se llama Bamboo Island. Acá nos tocará almorzar, pero primero vamos al agua. ¡Es tan transparente y calentita! Lo malo es que está un poco lleno de gente, se ve que todas las excursiones vienen acá. Hay un kiosco y baños en este lugar, lo cual le saca un poco de encanto…

Estamos sentadas en la playa almorzando la vianda que nos dieron en el barco (un arroz con pollo y verduritas, la comida básica de los últimos diez días) y en eso se larga una pequeña llovizna que después se transforma en lluvia potente. Todos los que estamos en la playa corremos a refugiarnos abajo de un techito, mirándonos las caras esperando que pare.

Y bien de clima tropical, quince minutos y la lluvia se fue. Y nosotras volvimos al agua.

Volvemos al barco y pasamos por otras tantas islas: en algunas islas vemos que hay casas de millonarios, con sus playas privadas, donde los barcos de tours no pueden ni acercarse. En otra isla, vemos las casas de los gitanos: ranchos hechos con chapa y madera en las paredes de las cuevas. Todos los contrastes juntos. El agua es tan turquesa que vemos los peces desde el barco.

Paramos a hacer snorkelling de nuevo, esta vez en un lugar donde hay unos animalitos especiales. Todos se van nadando con el guía, emocionados por verlos. Pero a mí bastó que me dijera que eran tiburones para que se me vayan las ganas de nadar, jaja. Aunque eran tiburones bebé y que todos me decían que “no pasa nada”… vi a casi todo el grupo irse alejando del barco, yendo en la búsqueda de estos bichos, mientras yo me quedé con Alba y otras personas. Ya sé, seguro no pasa nada y seguro son chiquitos y todo eso… Pero bueno, en ese momento me agarró miedo jaja.

Pasamos por la Blue Lagoon, una enorme pileta natural de agua transparente que está encerrada por las montañas… Paramos a hacer snorkel ahí cerca y había una cantidad de peces increíble. Los guías desde el barco tiraban comida donde estábamos para que los peces se nos acerquen. Nunca vi tantos peces amarillos como ese día. También vi un pez muy raro, que era largo y finito, color celeste como transparente. Mediría unos 50 centímetros. Traté de señalárselo a Alba, pero se alejaba cada vez que lo tenía cerca. También por Mosquito Island, una isla donde no podemos bajar porque está ocupada por los monos… tan así que el barco se acercó a la isla y el mono saltó del árbol al barco. Pero nos queda todavía la postal más linda del día: la famosa Maya Bay, donde Leonardo Di Caprio filmó la película “La Playa”.

Allí llegamos para el atardecer. Un lugar espectacular realmente. Un tanto concurrido, como todos los puntos más lindos de este viaje, pero qué me importa, este lugar es lo máximo. Terminamos el día viendo el atardecer desde el barco… y volviendo al hotel con una sonrisa enorme.

Después de ducharnos, decidimos salir a recorrer la isla. Empezamos a caminar por la playa, alejándonos de la “calle” principal. Caminamos y caminamos, buscando algo abierto para comer y que tuviera buenos precios. Encontramos un pequeño restaurant donde nos sentamos mirando el mar. Los precios eran un poco caros en todos lados, pero este parecía bien. El tema fue que los platos fueron reeeee chiquitos, jaja, ¡me quedé con un hambre! Me pedí un plato de tempura prawn, que son como langostinos empanados y vinieron cuatrooooo, terrible.

Salimos del restaurant (yo con hambre, obvio) y nos fuimos a buscar los bares en la playa para tomar algo. Porque venimos haciendo tantas cosas que a la noche nunca tenemos ganas de salir… además al arrancar tan temprano con las excursiones, a las 10 ya estamos cansadas. Tardamos un rato en encontrarlos, pero después de doblar en alguna callecia oscura, aparecieron. Son 4 o 5 bares nada más, que están uno al lado del otro. No podemos creer que pasan música latina: hay chicas con el cuerpo pintados con colores flúo, un chico está haciendo malabares con fuego… Nos vamos a un bar donde están haciendo una competencia de saltar la soga. Tras mucha insistencia, después de 15 años, vuelvo a saltar la soga y ¡por suerte no me caigo!

Hay bastante gente por acá y nos quedamos bailando como dos horas en la playa. A pesar de que no corre una gota de aire, la música está buenísima: ¡toda música latina, reggaeton y cumbia en este lado del mundo! Cuando miramos la hora son casi las 2 de la mañana y ya no damos más así que pegamos la vuelta. Me tengo que dar una ducha de nuevo porque lo que transpiré bailando no tiene nombre. Fue una noche cansadora, pero divertida.

 

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