Tailandia·Viajes

Tailandia / día 13

Domingo 13/11/16
Día 201

Cuando en el hotel tengo desayuno incluido, por más cansada que esté, yo me levanto.

Y anoche después de haber bailado música latina en la playa hasta las 2 de la mañana cual cumpleaños de 15… a las 8 de la mañana ahí estábamos firmes con Alba desayunando. El comedor del hotel mirando al mar es increíble. ¿Cómo me voy a perder esto?

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Postal de desayuno

Pero bueno, como no somos tan jóvenes, así como terminamos de desayunar, volvimos a la habitación… donde yo me dormí muy tranquila hasta las 2 de la tarde. ¡Dos de la tarde! Como una adolescente. Cuando me desperté estaba tan atontada que corrí a zambullirme en la pileta. Hay una humedad en el ambiente que sólo se soporta estando en el agua.

Después de charlar durante un largo rato, con Alba decidimos arrancar hacia el mirador de Phi Phi. Salimos sin saber muy bien cómo llegar, pero tranquilas, íbamos siguiendo los carteles. Por una calle que se iba poniendo cada vez más empinada, veíamos pasar muchas motos con dos o tres personas arriba, otros como nosotros que estaban de paseo… y hasta unos cuantos monos. Sí, monos sueltos ahí al costado del camino y que no tenían nada de amigables. Los locales les pasaban por al lado como si nada… y nosotras que no sabíamos para donde disparar. En eso vemos que se le acercan a la chica de adelante nuestro, que llevaba un paquete de galletitas o algo así en la mano. Se lo tuvo que tirar para que la dejen en paz. Nosotras no teníamos nada para darles, así que pasamos rapidito por al lado de ellos, sin mirarlos, mientras Alba me decía que tenía miedo que nos ataquen. Yo también tenía ese temor, pero no lo dije en voz alta, ¿mirá si nos escuchan? Jajaja.

Sabíamos que era un camino largo, pero no llegábamos más. Primero era calle asfaltada y después se hizo calle de tierra, por partes mojada (había llovido un poco). Y obviamente, ¡hacía un calor tremendo! Una humedad del 99% todos los días. Nos cruzamos con algunas personas que nos decían que “ya faltaba poco“, con “diez minutos” nos alentaban… Y obviamente cuando ya estábamos que no dábamos más, llegamos.

En un precario puesto que aparece en mitad de la subida, nos cobraron entrada (?) para poder subir diez escalones más y así poder llegar al mirador. Un mirador que te da una vista increíble de esta isla. Pero que igual debería ser gratuito. Está lleno de gente que vino como nosotras a contemplar el atardecer, así que los mejores “lugares” para sentarse están ocupados. Escucho tonadas españolas, y también a otros argentinos hablar -realmente estamos por todos lados-. Hacemos una fila para poder sacarnos la foto en EL lugar indicado y en ese mirador hermoso, me compro el helado más caro de mis vacaciones (muy astuto el señor no sólo cobrando entrada, sino que también poniendo un kiosco en un lugar dónde todos llegamos deshidratados).

Este es la vista de Phi Phi desde el famoso punto panorámico. Bien vale la subida, ¿no? ❤

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Enamorada de la vista de la isla Phi Phi desde el viewpoint
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La cara de contenta -y cansada- por la subida

La bajada es mucho más amigable y la hacemos por otro camino. Son muuuuchos escalones, pero enseguida estamos en el centro. Haber sabido… hubiéramos subido por acá también. Cuando llegamos al hotel de nuevo, otra hora en la pileta es necesaria para recuperar energías. 🙂

Esa noche comemos algo cerca del hotel, en un lindo restaurant frente al mar. La carta tiene un montón de páginas, hay infinidad de pescados para elegir. Algo que vimos mucho por acá es que tienen todos los pescados ahí exhibidos, en unas especie de canoas rellenas con hielo. Y pese a que hace calor y todo, la verdad es que no hay olor. No se siente ese aroma del pescado tan característico. Todo se ve (y es) tan fresco que no se huele nada. Una puede ir, elegir qué cenar esa noche y te pesan lo que hayas elegido en una balanza para cobrarte. Luego, lo cocinan y te lo sirven con la guarnición que elijas (arroz, verduras).

Volviendo al hotel más tarde, con la panza llena, pasamos por un pequeño supermercado a comprar algo y veo que hay BonoBon, una clásica golosina Argentina. Le mando la foto a mis amigos, ¡quién hubiera dicho que los iba a encontrar en este lugar!

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Habitaciones en alquiler cerca del centro de Phi Phi

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