Tailandia·Viajes

Tailandia / día 14

Lunes 14/11/16
Día 202

Tenemos que dejar el que fue hasta ahora el hotel más lindo de nuestras vacaciones. Pero también dejamos la vida idílica de playa y postales del paraíso: esta tarde volamos a Bangkok para despedirnos de Tailandia. Se nos terminan las vacaciones.

Después de comernos todo en el desayuno, nos vamos caminando para el muelle, ya que a las 10 sale el barco que va para Krabi. El camino no es largo, pero se hace pesado por la humedad y porque llevamos los bolsos a cuestas. Ahora recuerdo que a la ida no fue tan difícil: nos fueron a buscar con un carrito. 

Con esta imagen nos despedimos de Koh Phi Phi. Yo no puedo creer que tuve esta postal enfrente de mis ojos.

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Vemos bajar a los turistas, todos emocionados de llegar a este lugar. Pensar que esas caras eran las nuestras hace unos días atrás… En esos 20 minutos de caminata del hotel al muelle me transpiré la vida, como siempre. ¡Mi cuerpo no parece aclimatarse a estos climas tropicales! Por suerte, el barco esta vez tiene aire acondicionado.

El viaje dura un par de horas, y cuando llegamos a Krabi no tenemos mucho tiempo para pasear por la ciudad, así que decidimos que iremos directo al aeropuerto. Y ya ni bien salimos, nos empiezan a ofrecer taxis. El primero me agarra ni bien bajamos del barco, mientras Alba está en el baño. Oferta disparatada, 500 bahts. Más o menos sabemos cuánto nos tiene que costar (lo leímos en la Lonely Planet) así que contamos con ese valor como referencia. Al ratito se nos acerca otro, y a pesar que su oferta no es tan disparatada -ya bajó a 350 bahts- igual le decimos que no. Salimos a la calle y escuchamos dos ofertas más. Ansiosa, ya estoy por agarrar viaje con uno, pero Alba -más cautelosa- me dice que esperemos un poco más.

Y en eso aparece una oferta genial: 150 bahts para llevarnos al aeropuerto. De tan bueno el precio, no nos percatamos de un detalle: el viaje es en moto.

Nos miramos con Alba, nos reímos. Yo tengo un poquito de miedo (“mirá si nos pasa algo“) pero después de discutirlo un momento, me convence. Nos ponemos el casco, y cada una se sube a su moto. Los dos chicos que nos llevan no deben entender por qué nos reímos tanto.

No es que no importa.

Yo nunca anduve en moto. Bah, sí, cuando era chica me subí en una moto que tuvo mi tío y dimos una vuelta a la manzana, pero nunca más después de eso. Y cuando Alba lo supo, se sorprendió y casi que me obligó a subirme.

El viaje fue divertido, venían las dos motos muy cerca casi todo el viaje, así que podíamos hablarnos. Pero ya una vez que agarró velocidad, nos alejamos una de la otra. El chico que me llevaba a mí (al cual lo agarraba de la cintura bien fuerte) me preguntaba de dónde era, qué hablábamos en Argentina, si me gustaba el fútbol y vitoreaba “Messi, Messi”. La conversación más incómoda del mundo: su inglés no era muy bueno y entre el casco y el viento no le entendía lo que me decía. Me la pasé diciendo “Sorry?“. Y como para hacer toda esta escena aún más graciosa, en algún momento se largó a llover. El chico aceleró un poco y yo cerraba los ojos, pensando que si seguía lloviendo, la moto se iba a patinar y nos íbamos a caer. Qué fatalista.

Cuando llegamos, la lluvia ya había parado.

Almorzamos en el restaurant del aeropuerto para poder usar el WiFi y aprovechamos a descansar otro poco (no sé de qué estábamos cansadas después de estar en la playa una semana). Como al final el avión tuvo una hora de retraso, hicimos bien en parar ahí. Fueron un par de horas que se nos pasaron muy lento.

El vuelo a Bangkok fue en Thai Lion Air, una aerolínea de bajo costo de Tailandia que ninguna de las dos conocía. Para ser un vuelo de dos horas estuvo bien. Descubrimos un montón de aerolíneas nuevas en este país. Y aunque en el vuelo no nos dieron ni un vaso de agua, nuevamente llegamos a la ciudad donde comenzó todo, pero esta vez, para concluir las vacaciones.

Ya en Bangkok, como no encontramos más personas con quienes compartir el taxi del aeropuerto a la ciudad, nos lo tomamos solas. Y para evitar problemas con la tarifa como había pasado a la ida, directamente pedimos que pongan el taxímetro. Práctica que no es tan común por lo que habíamos entendido, ya que se negocia el precio de antemano. Pero bueno, ya eran los últimos días y no queríamos tener que ponernos a negociar y regatear de nuevo…

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Una cosa es lo que dice el cartel…

Well Hotel. Este era el nombre del lugar donde nos quedaríamos las últimas dos noches. ¡Un hotel cinco estrellas por el precio de un hostel en Australia! Esta sí que es una buena manera de terminar las vacaciones.

Recorremos todas las instalaciones: tiene pileta, spa, restaurant, gimnasio. Todo impecable. Nuestra habitación tiene dos camas grandes y tenemos batas de baño y frasquitos de shampoo, jabón y crema de enjuague. Pequeños lujos en estos viajes mochileros. 

A pesar de que el hotel está bastante bien ubicado y hay varios lugares donde comer, estamos tan vagas que cenamos en el hotel. No llegamos a bañamos porque la cocina del restaurant cierra en pocos minutos, así que nos pusimos nuestra ropa más linda (y  sobre todo, limpia) y disfrutamos una buena comida.

Mañana nos espera un día de shopping.
Y veremos qué más podremos hacer en este último día en Tailandia 🙂

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