Australia·Viajes

Descubriendo Tasmania / Parte II

Día 3 – Jueves 13/04/17

Y como lo bueno dura poco, a las 7.30 de la mañana dejamos el Thousand Lakes Lodge, este hermoso hotel que quedaba en el medio de la nada. El frío que hacía esa mañana y la niebla que había no me lo olvido más. No se veía nada. Tenemos una hora y pico hasta el parque nacional al que vamos, así que todos nos dormimos en la combi, que viene con la calefacción tan alta que todos los vidrios están empañados…

Llegamos al Parque Nacional Lake St. Clair y hacemos una caminata de una hora, por los senderos bien señalizados. Vamos mirando para todos lados, se escuchan muchos pájaros pero también sabemos que hay otros animalitos… Llegamos a un río y en ese puente que teníamos que cruzar nos sacamos la primera foto grupal. Con una de las chicas – Mona, mi compañera de habitación- nos demoramos sacándonos fotos, y cuando nos quisimos dar cuenta, nos habían dejado atrás. Primero no nos preocupamos -ya los íbamos a alcanzar-, pero en un momento llegamos a una encrucijada: dos caminos y no sabíamos por qué lado teníamos que ir. Mona se adelantó y fue corriendo hacia la izquierda, mientras yo la esperé en el lugar, mirando a ver si veía alguien por la derecha. Al ratito nos encontramos de vuelta: había que ir a la izquierda, Mona los había alcanzado.

Esa caminata de una hora, con sus vueltas y demoras, terminó en la orilla del lago St. Clair, un paisaje hermoso que me hizo acordar mucho a Bariloche. A las 9 de la mañana no había casi nadie en ese lugar y el sol ya empezaba a darnos calor, tan necesario para dejar de estar con todos los abrigos encima. Las pocas nubes en el horizonte se esfumaron enseguida y el cielo estaba tan azul que no lo podíamos creer. Estábamos prácticamente solos en el parque.

Después de esta primer caminata, vino otra de 40 minutos para subir a la cima de un monte (Donaghys Hill) y poder ver todo el paisaje… una increíble vista de 360 grados. Pudimos ver algunas de las montañas más altas de Tasmania. Y de allí nos fuimos a conocer las Nelson Falls, unas pequeñas caídas de agua rodeadas de muchísima vegetación tropical. Hay cosas para ver por todos lados. Es impresionante como cambia el paisaje de un momento a otro, y más teniendo todo realmente tan cerca.

A todo esto, el viaje viene muy tranquilo. Yendo prácticamente solos en la ruta, cada uno de los lugares donde vamos parando no queda a más de media hora del otro… y en el medio pasamos por pequeños pueblos como Linda o Gremstone, que hace varios años vivían de la explotación de las minas y hoy quedaron como perdidos en el tiempo. En el más grande de esos pueblos, Queenstown, es donde paramos a almorzar. Recorrer sus calles no nos lleva más de 15 minutos, y comemos algo en el café de la vieja estación de tren.

Volvemos al camino y nos dirigimos hacia Strahan, pequeño pueblo sobre el océano Indico. Es decir, desde que salimos de Hobart, ya atravesamos toda la isla de Tasmania y llegamos al otro lado. Nos bajamos todos de la combi en un lugar llamado Ocean Beach y vamos corriendo hacia la playa, a meter los pies en el agua y ver cómo rompen las olas. Cuando Leith nos dice que si empezamos a nadar en esa dirección, llegamos a Argentina, a mí se me hace un nudo en el pecho… Allá a lo lejos, derechito, derechito, está mi casa.

Antes del atardecer ya estamos en el hostel, dejamos todos los bolsos y antes de que se haga de noche, hacemos la última caminata del día para conocer las Hogarth Falls. A pesar de todo lo que caminamos hoy, el grupo con el que viajo es muy activo y quiere seguir paseando y recorriendo… Y yo me prendo en todas. Al final las cataratas no son muy grandes, pero la caminata hasta ahí es linda. Esa noche hacemos una gran cena comunitaria y comemos pasta con verduritas, mientras charlamos un poco entre todos. Hace mucho frío esa noche así que también nos tomamos unas botellas de vino. Ni les cuento lo que fue ducharse en Strahan: los baños comunitarios estaban afuera, y era todo abierto, así que el vapor no llegaba a calentar el ambiente. Dormir dentro de todo estuvo bien porque en la pequeña habitación éramos cuatro chicas, ¡pero ir al baño fue todo un tema!

Día 4 – Viernes 14/04/17

Dejamos Strahan por la mañana temprano, pasamos por el pueblo de Zeehan a comprar unas cosas en el supermercado y vamos para Corinne, un histórico pueblo minero que hoy es famoso por ser un paraíso del eco-turismo: está ubicado en un lugar increíble en medio de la rainforest, en una zona llamada “desierto de Tarkine” (que de desierto no tiene nada, se le dice desierto por lo aislado y por la cantidad de vegetación en estado natural que hay en la región desde hace miles de años).

La cosa es que estamos en Corinne y para poder cruzar al otro lado nos tienen que llevar en una balsa, adonde subimos con combi y todo. Nos invitan a hacer kayak de a dos, lo cual resulta una experiencia muy divertida. El río tiene el agua muy oscura debido a los taninos de los árboles, pero es agua limpia y pura, está lleno de peces y de plantas. No hay nadie más que nosotros en este lugar y se respira una paz… Después de llegar en kayak hasta la otra punta del río, volvimos caminando al punto donde habíamos salido: ¡casi una hora y media caminando por el bosque!

Volvemos a la ruta y hacemos la última parada del día en las Philosopher’s falls, otras caídas de agua. Como si no hubiera sido suficiente con todo lo que hicimos hoy, acá tuvimos que caminar otra hora y bajar unos 200 escalones hasta el mirador de las cataratas… ¡que después tuvimos que subir! Ya las piernas no nos daban más cuando llegamos a la combi. La caminata igual fue muy linda, una de las más me gustó en todo el viaje, porque pasamos entre medio de la rainforest y vimos árboles muy muy altos.

Esa noche dormimos en un hotel viejito en el pueblo de Waratah. El hotel tenía pinta de caerse a pedazos pero la verdad que estaba muy lindo y cuidado todo, aunque parecía realmente del 1800. Antes de comer, nos fuimos a pasear por ahí. ¡El hotel quedaba enfrente de unas cataratas! Justo había como un enorme cráter enfrente, donde estaba todo vallado y podíamos acercarnos hasta el borde y mirar para abajo… y allí estaban. Era una imagen muy linda, con todo verde alrededor. Podíamos haber ido, pero después había que subir así que nos miramos y desistimos. En cambio, nos fuimos a buscar ornitorrincos a un estanque, pero no vimos ninguno. Como era viernes santo, en el hotel nos cocinaron pescado con arroz y ensalada. Y de postre, torta de banana (que estaba tan rica que me comí dos porciones). En el bar del hotel -y también el único bar del pueblo- nos tomamos unas cervezas y escuchamos música, mientras los noruegos nos cuentan que ellos sí vieron ornitorrincos y hasta les sacaron fotos.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s