Australia · Viajes

Descubriendo Tasmania / Parte IV

*Cuarta y última entrega de Tasmania*

Día 7 – Lunes 17/04/17

Ultimo día, 7 am arriba. Cuando ya me empiezo a acostumbrar a levantarme a esta hora, se me termina el viaje. Son las 8 am y ya estamos en camino al Parque Nacional Freycinet.
Sin duda, fue uno de los lugares más hermosos que visitamos y de los pocos que conocía de Tasmania antes de ir. Nos dejó el bus en el estacionamiento y medio entredormidos empezamos a subir los escalones de piedra. Todo cuesta arriba, con mucho esfuerzo, para poder llegar al mirador. Subimos con abrigos y llegamos al mirador en remera. Hacía calor a pesar de ser temprano y ya había turistas haciendo el mismo paseo que nosotros. Después de tantos días ya uno creía que estaba en estado físico, pero no, jaja.

Igual reeee vale la pena el camino, si cuando llegás ahí y ves la famosa Wineglass bay, te quedás sin aire: es de un color tan turquesa que impresiona. La foto realmente no le hace justicia.

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Wineglass bay

En el mirador nos quedamos un rato recargando energías. Hubo también sesión de fotos. Mucha agua, una banana y seguimos camino. Teníamos dos opciones: ir hacia arriba y hacer cumbre en la montaña (Mt. Amos) o bajar a la playa. La segunda opción fue más tentadora.

Contra todo pronóstico, la caminata hacia la playa primero tuvo una parte ¡en subida! No lo podíamos creer. Trepando entre las piedras, esquivando ramas y troncos de árboles, pero para arriba… Cuando ya sentía que no daba más, al fin, empezamos a bajar. No hay un caminito, ni escaleras. Piedras y más piedras, y a veces bajando sentada para no caerme. Es lo lindo de hacer este tipo de actividades que justamente no haya un camino… pero a veces se hace difícil. Pisar la arena en la playa fue un hermoso premio. Después para volver al bus, tuvimos que hacer el camino inverso: primero fue en subida, después en bajada y por último el camino de mil escalones. Nos llevó como dos horas volver., llegamos destruidos.

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En la playa de Wineglass Bay

Dejamos este lugar hermoso y nos subimos a la combi para ir a visitar el faro Cape Tourville. Pudimos ver desde allí a los lobos marinos en unas pequeñas islas enfrente nuestro. La vista desde allí era increíble. La inmensidad del mar, las montañas a lo lejos, caminando solos por esa pasarela eterna, en un día espectacular sin nubes en el cielo. Se sentía una paz…

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Después de hacer una breve parada en Swansea para almorzar, fuimos a tomar la merienda a una berry farm (granja de frutillas) y luego a tomar un helado. Todo  estuvo delicioso. El helado que recomendaban era el de lavanda, ¡nunca pensé que iba a estar tan rico! Y la merienda fue un café con leche con una torta que tenía mermelada casera, pero también había otras cosas para elegir, todo de frutilla, obvio. La última parada del viaje fue en la ciudad histórica de Richmond, donde no estuvimos mucho tiempo. Lo más lindo fue ver el puente viejo de la foto, que fue construido por convictos hace más de 100 años, y las casas de antigüedades. Si ven la foto, el puente está torcido eh, es a propósito, se hizo sin mucho instrumento.

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Richmond Bridge

Llegamos a Hobart medio tristes. Nos fuimos bajando cada uno en su hotel, con caras largas. Habían sido unos días espectaculares… y nadie quería que se termine. Así que para cerrar el viaje, a pesar de que el tour ya había terminado, nos pusimos de acuerdo y nos juntamos todos a cenar en un restaurant de comida tailandesa. Fue el broche de oro para un viaje inolvidable, con la suerte de haber tenido un excelente grupo, buen tiempo y comida rica. ¿Qué más se puede pedir?

 

Día 8 – Martes 18/04/17

Me quedaba un día más en Tasmania. Lo había dejado al final del viaje en grupo, por si surgía algo interesante para hacer o si me animaba a ir a conocer alguno de los puntos de interés que quedan en las afueras de Hobart… Port Arthur, por ejemplo (uno de los penales más famosos de Australia y que se visita de noche) o el Tasman National Park. Pero una de mis compañeras de viaje (la fotógrafa oficial, sacó mil fotos) mencionó que hoy iba a Bruny Island, y nos convenció a mí y a otra chica de sumarnos a su paseo. Menos mal que me dejé el día libre: la excursión era de día completo.

Bruny Island es una isla. Le dicen “la isla de la isla de la isla”, siendo el orden de tamaños Australia > Tasmania > Bruny. A las 8 de la mañana nos encontramos con las chicas en el hostel donde nos pasarían a buscar. Subimos las tres a la combi y nos sentamos adelante de todo, repitiendo los asientos que habíamos tenido en todos los días anteriores de viaje juntas. El chofer -un australiano colorado- resultó ser muy buena onda y le torturamos la cabeza todo el día con chistes y comentarios. El resto del grupo no tenía la misma  onda que nosotras… o tal vez sólo estaban medio dormidos. Claramente había mucha confianza entre nosotras y por eso podíamos estar todo el día pum para arriba, cual viaje de egresados. En fin, Bruny queda media hora al sur de Hobart y para llegar hay que cruzar en ferry, con combi y todo, para luego poder moverse por la isla.

El día estaba planificado con paradas en los lugares más lindos y unas cuantas paradas a comer: miel casera, chocolates, quesos, dulces artesanales… y ostras. ¡Sí, el tour incluía degustación de ostras! Hasta ahí veníamos bárbaro, ya que mis dos compañeritas eran veganas, con lo cual yo venía comiendo todo lo que ella rechazaban (miel, queso, chocolate, jaja, una fiesta para mí). Pero ¿ostras?

Con mi mejor cara les digo que nunca había comido. No me dejaron en paz hasta que las probé. Sólo voy a decir que no fueron de mi mayor agrado, la verdad. Tragar esa cosa gelatinosa fue cuanto menos extraña, y la experiencia tampoco fue muy agradable, ¡menos cuando todo el mundo te está alentando para que comas! Igual me alegro que al menos ahora puedo decir que las probé. Hay un video muy gracioso de ese momento, y mi cara lo dice todo.

El tour siguió en una bodega donde degustamos tres tipos de vino y tuvimos un gran almuerzo. Yo pedí salmón de Tasmania, no podía irme sin probarlo. Después visitamos una casas de té donde comimos torta de frutillas. Todo esto mirando los paisajes hermosos: la playa con el mar azul, muchos árboles y muchos animalitos. También fuimos en la búsqueda de wallabies blancos, animales que sólo se encuentran en esta isla… Pero a pesar de que nos desviamos del camino para ver si veíamos uno, no tuvimos suerte. Aunque sí pudimos ver un montón de los wallabies clásicos (los que son como canguros pequeños y de color marrón). El chofer le puso onda, y tomaba caminos rurales, hasta se metía por lugares donde no tenía que andar para que viéramos uno de estos bichos tan exóticos. El día terminó en una destilería donde hacían no sé cuántos tipos de gin y nos tomamos unos gin tonic, para cerrar la excursión.

A la vuelta, mientras esperábamos el ferry para cruzar y volver a Hobart, me la pasé contando chistes y todos mis compañeros de viaje estallados de risa. Nunca pensé que tenía dotes de humorista. ¡Se ve que los gin tonic ya estaban haciendo efecto! Fue un día muy relajado donde no anduvimos tanto como veníamos acostumbradas, y que fue de mucha comida (y mucha bebida). Paisajes lindos, buen ambiente, linda compañía. Estuvo todo muy bien, fue un buen cierre a esta semana en Tasmania.

 

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