Nueva Zelanda·Viajes

Nueva Zelanda y un nuevo año de Working Holiday

-17/09/17-

Acabo de llegar a Auckland. Escribo esto desde la puerta de embarque, mientras espero el vuelo a Wellington. Tengo tres horas, no puedo dormir, no hay mucho para hacer por acá.

Son las 7 am hora local, aunque mi reloj marque las 16. Tenemos 15 horas de diferencia con Argentina. La gente a mi alrededor cabecea de sueño y yo estoy demasiado despierta. Encima ahora cuando llegue al hostel no podré tirarme a dormir porque el check in es a las 14… Y para mi cuerpo serán recién las 23. Oh, qué agradable saber que pasaré por todas las etapas del jetlag que tanto estrago hicieron en mí el año pasado cuando llegué a Sydney. En unos días espero estar bien.

Septiembre de 2016, yo estaba en Australia. Un miércoles de ese mes fue la fecha de aplicación para argentinos a las visas Working Holiday de Nueva Zelanda. Para Argentina, las visas se acaban en minutos: son muy pocas y prácticamente no tienen requisitos. Sólo hay que tener tarjeta de crédito para pagarla online. Nada más. No piden examen de inglés, no piden comprobante de estudios…

Yo había intentado aplicar para esta visa en 2015 y como no me salió, terminé aplicando a la de Australia. El resto, es historia conocida. En Abril de 2016 volé a Sydney y pasé en la tierra de los canguros uno de los mejores años de mi vida. Pero esto no se iba a quedar ahí. Siendo Nueva Zelanda un país que siempre me interesó conocer, siendo que como argentina no son muchos los países que tienen esta clase de acuerdos de programas de trabajo, no podía no intentar aplicar al menos. No tenía la más pálida idea de que iba a ser de mi vida el año siguiente. Sólo hacía 4 meses que había llegado a Australia, y por mi cabeza pasaban un montón de cosas, pero ir a Nueva Zelanda no estaba en mis planes en ese momento.

Pero el momento de conseguir la visa era ése. Es un día por año. Tenía que intentarlo al menos.

Me acuerdo que la noche anterior puse la alarma para levantarme temprano e intentar conectarme a la página web de Inmigration antes de que el sitio colapse. Mi idea era conectarme al WiFi del departamento y le había pedido a mis compañeros de piso que esa mañana no se conecten por un rato, para que la señal fuera buena y toda para mí. Tenía todo planeado… y me quedé dormida. Me acuerdo de abrir los ojos y ver la hora en mi celular, saltar de la cama como un rayo y volar al living, donde Alba me estaba esperando con su computadora, sin poder creer que me había dormido. Arriba de la mesa del living estaban su compu, la mía y mi celular. Empezó la locura. Probaba entrar desde tres sitios diferentes… Era imposible. El sitio estaba colapsado. F5, F5. F5. No cargaba nada. No podía siquiera poner mi nombre. No pasaba nada.

Pasaron 20 minutos de angustia. Mirándonos las caras con Alba, sin saber qué hacer. Ya me estaba por dar por vencida cuando me doy cuenta que en mi teléfono se había empezado a cargar la página… Rápidamente empecé a completar la planilla con mis datos personales, los datos del pasaporte… y la página avanzaba, lentamente pero se iba cargando todo. Llegó la parte del pago. Puse los datos de la tarjeta de crédito y crucé los dedos.

Pago aceptado. 

Las computadoras, a todo esto, seguían en blanco. Nunca pasaron de la página de inicio.

Saltaba en una pata de emoción. Me saqué esta foto, que nunca le mostré a nadie. No podía creer que me hubiera salido. Sin saber en ese momento si iba a usar la visa o no, celebramos mi pequeño triunfo.

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El momento de la aprobación

Esa noche volaba a Broome, arrancaba mi viaje por la costa oeste de Australia… y cerca del mediodía me llega un mail. “Por ser argentina, es requerimiento la presentación de una placa de rayos X para demostrar la ausencia de tuberculosis”. Sí, Argentina está en una lista de países de riesgo para esa enfermedad. Una locura.

Leo la letra chica del mail. Tenía que mandar la placa dentro de los próximos 15 días; si no lo hacía, se caería mi aplicación y la visa sería denegada. Pero yo esa noche me iba de Sydney y volvería en 20 días… No me daban las cuentas. Llamé por teléfono al centro médico donde se realizan las placas. Parece que no hay turnos disponibles para el día. Le explico mi situación a la recepcionista, le digo que me estoy yendo a la noche y que necesito hacerme la placa hoy porque si no corro el riesgo de perder la visa.

Me dice que hay un turno disponible en 45 minutos.

Agarro el paraguas y me voy corriendo para allá. Está diluviando en Sydney.

A las dos horas, con la placa ya hecha, vuelvo al departamento a buscar mi valija y me voy para el aeropuerto. Recién la semana siguiente me llegaría el mail definitivo de Inmigration confirmando que mi placa de rayos X está bien y que mi visa ha sido formalmente aceptada.

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El momento de los rayos X

 …

Pasó el tiempo, seguí en Sydney, me fui a Brisbane. Viajé a muchos lugares. Me cambié de ciudad y pasé por otros trabajos: Me hice amigos nuevos.

Y volví a Argentina al terminar el año. Me abracé con la familia, me vi con mis amigos. Me puse a pensar, mucho. Tenía que escuchar a mi corazón. Y al final tomé la decisión.

Me quería ir a Nueva Zelanda. Me di cuenta que quería vivir otra vez esta experiencia. Que hay muchas cosas que todavía quiero hacer, que hay muchos países que quiero visitar. Que todavía no estoy convencida de quedarme en algún lugar quieta, de buscar un trabajo estable y tener nuevamente una rutina. Que estoy segura que todo lo que haga ahora en este tiempo me va a marcar para toda mi vida. Que tengo una situación ideal, soy joven, no tengo hijos, no tengo una hipoteca ni una casa por mantener. Puedo darme el lujo de viajar con 20 kilos de equipaje. Que tengo salud. Que mi familia me apoya, me banca a pesar de que no les hace gracia que me vaya tan lejos. Que mis amigos, los de verdad, siguen estando. Que para los vínculos verdaderos no entienden de distancias.

Así que acá estoy. Y acá estaré por los próximos meses.

Otra vez a buscar trabajo, departamento, conocer gente nueva. Los iré teniendo al tanto de todo. Me siento una afortunada de poder hacer esto, y todos los días pienso qué hubiera pasado si me quedaba en Buenos Aires… si no me animaba a dejar todo para irme de viaje…

Y hoy estoy segura de que subirme a ese avión fue la mejor decisión que tomé.

 

 

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2 comentarios sobre “Nueva Zelanda y un nuevo año de Working Holiday

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