Nueva Zelanda·Viajes

Nueva Zelanda: primeros días

A pedido del público, volvieron los diarios de viaje (?).
Veremos si puedo mantener esto en el tiempo…

Domingo 17/09/17:

Llegué a Wellington a las 9 de la mañana, después de un vuelo corto desde Auckland. El cielo está gris y hace un poco de frío. Después de pasar por el control de seguridad -y que no me retengan el dulce de leche que traje-, salgo a la calle con mi mochila, para buscar la parada del bus 91 que me llevará al hostel.

Encuentro a un chico esperando el mismo colectivo, quien me informa que no se puede pagar con tarjeta arriba del bus… que tengo que tener una tarjeta llamada Snapper (una especie de SUBE). Así que me vuelvo al aeropuerto, compro la tarjeta en un café y la cargo en un puestito en la calle. Vuelvo a la parada y veo que está el chofer charlando con este chico. Me pregunta hasta dónde viajo, y cómo no me acuerdo bien la dirección, le digo el nombre del hostel. Enseguida me confirma la parada correspondiente y que igual “me va a avisar“.

El viaje dura 30 minutos y salimos del aeropuerto bordeando la pista. Bordeando literalmente, veo el avión que está por despegar y le puedo contar las ventanitas. El recorrido pasa por distintos barrios, y noto muchas casas bajas, un poco viejas, construidas en madera y de colores pastel. No parecer ser la capital de Nueva Zelanda. Algunas subidas y bajadas después estamos en el centro de la ciudad. “Acá está el museo” me grita el chofer desde su asiento. El resto de la gente en el bus me mira y se ríe. “Para venir acá tenés que tomarte el 14.” El tipo me va dando indicaciones desde su asiento y yo sonrío desde el fondo del bus.

Llego al hostel y como son las 10 de la mañana, no puedo entrar a la habitación. Pero sí puedo dejar el bolso en el guarda equipaje y pasar al baño. Agarro la campera y salgo a caminar por la ciudad. El día está gris, gris y muy ventoso. Es domingo y casi no hay gente en la calle… pero puedo caminar tranquila, ver los barcos en el muelle, los restaurants en frente al agua, el museo. Me doy una vuelta por el centro y llego a Cuba St., la calle comercial. Los negocios están cerrados hoy, pero encuentro un local de Vodafone abierto y me compro una sim local. Ahora tengo número de teléfono. Primer paso para arrancar el año en este país.

Son las 4 de la tarde cuando vuelvo al hostel, paso por el supermercado, y ya instalada en la habitación, me doy una ducha… Ahora viene lo difícil, ¡estirar la ida a dormir lo más posible! No quiero tener problema con el jetlag. Prendo la compu y me pongo a buscar avisos de trabajo, me meto en algunos grupos de Facebook donde hay departamentos en alquiler… empiezo a cargar el CV en algunas páginas. Pero a las 9 de la noche caigo rendida.

Lunes 18/09/17:

Me despierto con la luz del sol que entra por la ventana. Miro el reloj, son las 6 de la mañana. ¡Vamos todavía! Casi un horario normal. Sin ninguna molestia, me levanto de la cama y veo por la ventana… sigue nublado, pero al menos no llueve. Ayer a la tarde se largó con todo y se escuchaba lo fuerte que soplaba el viento. Ya sabía que venía a una ciudad con un clima de mierda. Desayuno en el hostel y me voy a caminar otra vez.

Encaro primero para los jardines botánicos. No hay muchas plantas florecidas, todavía falta para la primavera. Pero hago algunos circuitos de caminata bajo los árboles. No me cruzo a nadie en todo el rato que estoy ahí. En la parte más alta, donde está el observatorio, veo por primera vez la ciudad de Wellington desde arriba. Y se despejó el cielo justo para la foto.

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Voy a la calle comercial y entro a una sucursal del banco Westpac, el primero que me cruzo. Si el primer paso fue tener una línea local, el segundo es abrirme la cuenta bancaria. Al contrario de lo que pasó en Australia, no la puedo abrir en ese momento: tengo una cita a las 3 de la tarde con una ejecutiva de cuentas y me piden que traiga el pasaporte y una constancia de dirección: un papel donde diga dónde estoy viviendo básicamente. Así que vuelvo al hostel por el papel, no sin antes pasar por el supermercado otra vez a comprar algunos víveres. La heladera del hostel es muy chica, así que no puedo hacer una compra grande.

En una hora tengo la cuenta abierta y tengo un rato para pasear antes de ir a ver un departamento. Así que aprovecho ese tiempo libre y me meto en el museo Te Papa, el museo más importante de Nueza Zelanda, que tiene entrada gratuita. Y me viene genial, porque se largó a llover, jaja. El departamento que voy a ver después lo encontré por Facebook: me contacté a través de un grupo que me recomendaron, y hablé con un chico que alquila su habitación en una casa en Mount Victoria, un barrio muy lindo que está cerca del centro y de un parque enorme. Había leído antes de venir que este era un buen lugar para buscar casa.

Sigo. El museo está muy bien, es enorme y tiene varios sectores… animales marinos, historia de los maoríes, inmigrantes del Pacífico y una sala dedicada a terremotos. Hasta hay un simulador de una casita que se mueve bajo los efectos de un sismo. Terrible cagazo cómo temblaba todo y eso que era un terremoto de mentira, jaja.

Llego a la dirección indicada un poco temprano, así que sigo paseando. Hay un parque enorme justo detrás de la casa. Subo unas escaleras y veo toda la ciudad de Wellington iluminada. Una hermosa vista. Quiero seguir subiendo –según los carteles, hay un mirador a 25 minutos-, pero está oscureciendo y no conozco el camino. Un señor me ve contemplando el paisaje, pasa corriendo por al lado mío y me señala una hamaca colgada de un árbol. “Try it” me dice. Me río, pero espero que se vaya el tipo y me subo a la hamaca…

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Toco el timbre y me recibe una chica. Es uruguaya. Me muestra la habitación que alquilaría (sería un cuarto para mí sola, compartiendo el baño con un chico) y me hace un tour por la casa. Está impecable. Limpia, enorme, con una terraza espectacular y vista a la ciudad. Me presenta a los otros compañeros de piso: una argentina y un irlandés. Todos trabajan acá y son residentes. Me preguntan qué hago de mi vida y cuánto pienso quedarme en Wellington… Me están haciendo una entrevista. Me confirmarán en estos días si soy la elegida. La casa está genial, pero todavía no tengo trabajo y no sé si quiero quedarme a vivir en Wellington todo el año de la visa (ni si estaré todo el año en Nueva Zelanda). Salgo un poco preocupada, tienen que entrevistar a un par de personas más.

Martes 19/09/17:

Recambio en el hostel. Llegaron tres chicos nuevos a la habitación: un canadiense y dos alemanes. Todos recién llegados a Wellington, previo paso por Auckland. Todos coinciden que Auckland es una ciudad demasiado grande, y muy llena de gente. Me alegra habérmela salteado y venir directo para acá. Uno de los alemanes termina su visa pronto y se vuelve a su casa… Nos cuenta de toda su experiencia acá, de todas las ciudades en las que vivió. El otro alemán es un poco serio, y no le escuché la voz todavía.

Tengo dos habitaciones más para ver a la tarde. Después de la entrevista de ayer, me quedé medio preocupada así que arreglé para ver otras opciones en el mismo barrio. El día amanece gris y sigue gris casi todo el día, así que me siento una buena cantidad de horas a mandar currículums… Si para el lunes no tengo alguna respuesta, me pondré a buscar trabajo en un café o en un restaurant. Es verdad que no hace ni una semana que llegué, pero también necesito empezar a juntar algo de plata.

Cuando salgo del hostel está nublado, pero cuando llego a la casa a la primera inspección, ya está lloviendo… Clima loco de esta ciudad. Por cierto, la casa es horrible. Viven músicos, huele a cigarrillo y el cuarto mide dos por dos. Todo bien con los músicos, pero había una batería, no sé cuántas guitarras y un teclado. Lindo para dormir. Ah, y la cocina medía dos por tres y en la casa viven cinco personas.

Medio cabizbaja, estoy pegando la vuelta al hostel y un auto me toca bocina. Es la uruguaya de la casa que visité ayer. Me dice que me quede tranquila, que seguro voy a ser yo la elegida, pero que estaban esperando para confirmarme porque tenían que entrevistar a un par más… y que dudaban en parte por mí porque no tengo residencia, y no les copa mucho que entre y salga gente de la casa todo el tiempo. Quieren alguien permanente. Le agradezco sus palabras, le confirmo que sigo buscando laburo y que confío que algo va a aparecer pronto… y también le digo que si siguen dudando entre los candidatos, yo sé hacer buenas empanadas, jajaja.

Un poco más contenta después de este encuentro inesperado, voy a ver la segunda casa del día. Es peor que la primera.

Miércoles 20/09/17:

Desde la cama, abro los ojos y veo cielo celeste. No todo, una parte solamente está azul. Suficiente como para levantarme contenta, activar y salir a pasear. Me pongo ropa en capas: remera, camisa de jean, sweater y campera de lluvia arriba. Uno nunca sabe en esta ciudad.

Encaro para la playa: sí, en Wellington hay playa. Se llama Oriental Bay. No es como la playa que tenía en Sydney pero es linda igual. Ya el sol pega fuerte, se despejó bastante, ¡no puedo creer el día que está haciendo y que no haya viento! Entusiasmada con el clima, camino como dos horas bordeando el agua y llego hasta el barrio de Haitaitai. En remera, claro. Llevo en la mano todas las cosas que me fui sacando.

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Paro por un almuerzo reparador (una hamburguesa, bien de gorda) y pego la vuelta para el hostel. Para eso, tengo que subir hasta el mirador del Monte Victoria. Haitaitai es el barrio que queda del otro lado de esta montaña, entonces para volver a la ciudad, hay que cruzarla. Una caminata cuesta arriba por tramos, pero que me regala una vista hermosa de la ciudad. Puedo ver todo: el aeropuerto, la bahía, los barrios más alejados de la ciudad, el puerto, el estadio deportivo, la universidad. Una vista 360.

Ahí arriba hay algunos carteles informativos. Uno me cuenta que Wellington está ubicada sobre una falla, justo en el borde de una placa tectónica. Zona propensa a terremotos. Dice otro cartel que una de las autopistas nacionales está construida justo sobre esa falla, y que hasta la casa del Primer Ministro está ahí también. Otro cartel habla de los vientos: Wellington tiene 173 días de viento por año. 173. Quiero llorar. El día de hoy entonces es casi un milagro.

Esa noche me llega un mensaje de texto: me confirmaron del departamento. Me mudo el 1 de Octubre. Ahora sólo me falta conseguir trabajo. Un buen día que termina siendo aún mejor.

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